08. Prometió sanar a los quebrantados de corazón y dar libertad a los oprimidos

Por le Dr. Elio M Rivera

Hay heridas que ningún médico puede suturar

  Existen heridas que pueden verse.

  Una fractura puede aparecer en una radiografía.

  Una infección puede detectarse mediante estudios.

  Una herida puede limpiarse, suturarse y tratarse.

  Pero existen otras heridas que nadie puede ver.

  La muerte de alguien amado.

  El abandono.

  El rechazo.

  La traición.

  Una infancia dolorosa.

  Una familia destruida.

  Palabras pronunciadas hace décadas que todavía duelen cuando se recuerdan.

  Experiencias que terminaron hace muchos años, pero que parecen continuar viviendo dentro de la persona.

  Y precisamente para seres humanos así Jesucristo anunció algo extraordinario.

  Al comenzar públicamente su ministerio, entró en la sinagoga de Nazaret y leyó una profecía de Isaías:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos.”
Lucas 4:18, RVR1960

  Después hizo una declaración sorprendente:

“Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”
Lucas 4:21, RVR1960

  Jesús estaba diciendo que aquello que acababan de escuchar se estaba cumpliendo en Él.

¿Puede Jesucristo sanar un corazón quebrantado?

  Durante mis años como pastor he conocido muchas personas heridas por dentro.

  Personas que continuaban funcionando.

  Trabajaban.

  Criaban a sus hijos.

  Sonreían.

  Conversaban.

  Iban a la iglesia.

  Pero cuando uno comenzaba a conocer su historia descubría heridas profundas que habían permanecido allí durante años.

  He conocido personas marcadas por el abandono.

  Personas heridas por el rechazo.

  Personas que no podían perdonar lo que alguien les había hecho.

  Personas que vivían atrapadas en acontecimientos ocurridos muchos años atrás.

  Personas oprimidas por recuerdos, culpa, resentimiento o dolor.

  Y también he visto algo extraordinario:

  he visto personas sanar por dentro.

  No significa que olvidaron lo ocurrido.

  No significa que aquello que les hicieron dejó de ser malo.

  No significa que el pasado desapareció.

  Significa que el pasado dejó de gobernar su presente.

Yo también sé lo que significa necesitar sanidad interior

  Como ha sucedido con otras promesas de esta serie, tampoco puedo hablar de esta solamente como observador.

  En mi propia vida he conocido el sufrimiento.

  He atravesado pérdidas.

  He experimentado momentos capaces de quebrantar profundamente el corazón de una persona.

  Y también he experimentado algo que para mí ha sido extraordinario:

  Jesucristo ha sanado heridas que yo no sabía cómo sanar.

  No puedo señalar el momento exacto en que cada herida dejó de doler.

  Muchas veces fue un proceso.

  Pero puedo mirar hacia atrás y reconocer que existen cosas que alguna vez me lastimaron profundamente y que hoy ya no tienen sobre mí el poder que tuvieron antes.

  ¿Cómo lo hizo?

  No puedo explicarlo completamente.

  Pero conozco el resultado.

  Y nuevamente encuentro en mi propia experiencia aquello que las Escrituras atribuyen a Dios:

“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.”
Salmos 147:3, RVR1960

He visto lo mismo en muchas otras personas

  Durante años he visto personas llegar cargando historias terribles.

  Y después las he visto cambiar.

  He visto personas perdonar aquello que durante años juraron que nunca podrían perdonar.

  He visto personas liberarse de resentimientos que estaban destruyendo su vida.

  He visto personas dejar de definirse por aquello que les hicieron.

  He visto personas recuperar esperanza.

  He visto rostros cambiar.

  He visto familias comenzar a reconstruirse.

  Y muchas de ellas atribuyen esa transformación a una persona:

  Jesucristo.

  Eso merece nuestra atención.

Pregúnteles

  Nuevamente, no tiene que creerme solamente porque yo lo digo.

  Investigue.

  Pregunte a creyentes:

  “¿Había alguna herida en tu vida que Jesucristo sanó?”

  Pregunte:

  “¿Existe algo que antes te dominaba y que hoy ya no tiene el mismo poder sobre ti?”

  Pregunte a personas que llevan años caminando con Cristo cómo enfrentaron el abandono, la pérdida, el rechazo, la traición o las heridas de su pasado.

  Después escuche sus historias.

  Probablemente encontrará una expresión que se repite:

  “Cristo me sanó por dentro”.

Esto no significa negar la ayuda humana

  También debemos ser responsables en este punto.

  Buscar a Jesucristo no significa que una persona no pueda necesitar ayuda de otras personas.

  Existen heridas emocionales profundas para las que puede ser apropiado buscar acompañamiento pastoral y también atención profesional.

  No existe contradicción en recibir ayuda mientras se busca a Dios.

  Pero existe algo que muchos creyentes aseguran haber encontrado en Jesucristo que va más allá de simplemente comprender intelectualmente lo ocurrido:

  una transformación interior.

  El recuerdo permanece.

  Pero la herida comienza a cerrar.

  La historia no cambia.

  Pero la persona sí.

Pero existe una manera todavía más personal de investigarlo

  Quizá esta sea una de las promesas que algunas personas necesitan investigar no solamente con la mente, sino con su propia historia.

  Quizá quien está leyendo estas palabras lleva años cargando algo.

  Una persona que lo abandonó.

  Alguien que lo lastimó.

  Una pérdida que todavía no puede aceptar.

  Una injusticia.

  Una traición.

  Una herida que nadie más conoce.

  Puede presentarla directamente delante de Jesucristo.

  No necesita intermediarios.

  No necesita fingir que ya está bien.

  Puede decir:

  “Jesucristo, estoy herido. Tú conoces lo que ocurrió y sabes lo que todavía siento. Si verdaderamente viniste a sanar a los quebrantados de corazón y a poner en libertad a los oprimidos, comienza esa obra en mí. Sana lo que yo no he podido sanar y libérame de aquello que todavía me tiene atado”.

  Y después comience a caminar con Él.

  Quizá la sanidad sea inmediata.

  Quizá sea un proceso.

  Pero observe lo que sucede.

Una promesa hecha hace casi dos mil años

  Jesucristo anunció:

“Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón… a poner en libertad a los oprimidos.”

  Han pasado casi dos mil años.

  Y todavía encontramos personas afirmando:

  “Cristo sanó mi corazón”.

  “Cristo me hizo libre”.

  No una sola persona.

  No solamente en un país.

  No solamente en una generación.

  Personas con historias completamente diferentes continúan atribuyendo a Jesucristo una obra interior que cambió sus vidas.

¿Puede cumplirla hoy?

  Aquí está nuevamente nuestra prueba.

  Un maestro puede darnos buenos consejos para enfrentar el pasado.

  Un amigo puede escucharnos.

  Un profesional puede ayudarnos a comprender nuestras heridas y desarrollar herramientas para enfrentarlas.

  Todo eso puede ser valioso.

  Pero Jesucristo hizo una afirmación mucho mayor.

  Dijo que había venido:

  “a sanar a los quebrantados de corazón”

  y

  “a poner en libertad a los oprimidos”.

  Si continúa haciéndolo hoy, entonces nuevamente no estamos hablando solamente de la influencia histórica de sus enseñanzas.

  Estamos hablando de una acción presente.

  De alguien capaz de llegar hasta lugares del corazón humano que nadie más puede ver.

  De alguien que conoce heridas ocultas.

  De alguien que puede actuar en el interior de una persona.

  Y nuevamente encontramos que la Escritura atribuye precisamente esa capacidad a Dios:

“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.”
Salmos 147:3, RVR1960

  ¿Cómo lo hace?

  No puedo explicarlo completamente.

  Pero nuevamente puedo decir algo:

  lo he visto en otros y lo he experimentado en mi propia vida.

Si Jesucristo anunció hace casi dos mil años que había venido a sanar a los quebrantados de corazón y a poner en libertad a los oprimidos, y todavía hoy encontramos personas que afirman haber experimentado exactamente esa sanidad y esa libertad, ¿estamos solamente ante las palabras de un hombre del pasado… o ante alguien que sigue vivo y continúa haciendo aquello que la Escritura dice que Dios puede hacer?

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.