09. Prometió cargar con nuestra ansiedad

Por el Dr. Elio M Rivera

¿Qué hacemos con aquello que nuestra mente ya no puede cargar?

  Vivimos en una época extraordinariamente avanzada.

  Tenemos medicamentos.

  Tenemos psicoterapia.

  Tenemos hospitales.

  Tenemos especialistas.

  Tenemos técnicas de relajación, programas de ejercicio, aplicaciones, libros y toda clase de recursos para intentar controlar el estrés y la ansiedad.

  Y muchos de estos recursos pueden ser útiles y necesarios.

  Sin embargo, la ansiedad continúa siendo uno de los grandes problemas de nuestro tiempo.

  La Organización Mundial de la Salud estima que 359 millones de personas vivían con algún trastorno de ansiedad en 2021, convirtiéndolos en los trastornos mentales más comunes del mundo.

  Millones de seres humanos están intentando encontrar una manera de calmar una mente que no se detiene.

  Algunos buscan ayuda profesional.

  Otros recurren a medicamentos.

  Otros intentan tranquilizarse con alcohol u otras sustancias.

  Y otros simplemente continúan cargando silenciosamente preocupaciones que cada día parecen hacerse más pesadas.

  En medio de esta realidad, encontramos una declaración extraordinariamente sencilla escrita por el apóstol Pedro:

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
1 Pedro 5:7, RVR1960

  Observe cuidadosamente lo que dice.

  No dice simplemente:

  “Dejen de preocuparse”.

  Dice algo completamente diferente:

  “Echando toda vuestra ansiedad sobre él”.

La ansiedad tiene un lugar donde ser depositada

  La imagen es extraordinaria.

  Existe una carga.

  Yo la estoy llevando.

  Pero Dios me invita a colocarla sobre Él.

  La razón también aparece en el mismo versículo:

  “porque él tiene cuidado de vosotros”.

  Esto cambia completamente la perspectiva.

  El creyente no dice necesariamente:

  “Ya no tengo ningún problema”.

  Dice:

  “Ya no estoy cargándolo solo”.

  Quizá mañana todavía exista la deuda.

  Quizá todavía tenga que enfrentar una decisión.

  Quizá el diagnóstico médico no haya cambiado.

  Quizá el problema familiar todavía necesite resolverse.

  Pero existe una diferencia enorme entre enfrentar un problema pensando:

  “Todo depende de mí”.

  y enfrentarlo creyendo:

  “Dios está conmigo y puedo depositar esto en sus manos”.

¿Funciona?

  Esta es nuevamente la pregunta de nuestra investigación.

  Y mi respuesta personal es:

  yo lo he experimentado.

  He tenido preocupaciones que parecían ocupar completamente mi mente.

  He enfrentado situaciones que no sabía cómo resolver.

  He tenido momentos en los que humanamente no encontraba una respuesta.

  Y he hecho exactamente lo que Pedro escribió.

  He llevado mi ansiedad delante de Dios.

  He hablado con Él.

  Le he explicado aquello que me preocupa, aunque sé que Él ya lo conoce.

  Y finalmente he llegado al punto de decir:

  “Señor, esto es demasiado para mí. Yo no puedo controlarlo todo. Lo pongo en tus manos”.

  ¿Cómo sucede lo que viene después?

  No lo sé completamente.

  Pero sí conozco el efecto.

  La carga cambia.

  Muchas veces el problema continúa allí, pero la ansiedad que estaba produciendo deja de dominarme de la misma manera.

  Y esto no es algo que solamente yo diga haber experimentado.

Pregúnteles

  Como hemos hecho a lo largo de esta serie, no tiene que creerme simplemente porque yo lo digo.

  Pregunte a creyentes que llevan años caminando con Jesucristo:

  “¿Qué haces cuando la ansiedad te sobrepasa?”

  Pregúnteles si alguna vez llegaron delante de Dios con la mente llena de preocupación y después de orar experimentaron tranquilidad.

  Pregunte si alguna vez tuvieron un problema que no podían resolver y finalmente decidieron colocarlo en las manos de Dios.

  Y escuche.

  Probablemente encontrará muchas personas que describirán algo semejante:

  “Oré”.

  “Se lo entregué a Dios”.

  “El problema todavía estaba allí, pero yo estaba diferente”.

  Pablo describió precisamente este proceso:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”
Filipenses 4:6, RVR1960

  ¿Y qué dijo que ocurriría después?

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:7, RVR1960

  Primero aparece la preocupación.

  Después la oración.

  Y posteriormente aparece algo que Pablo llama:

  “la paz de Dios”.

El mundo también está buscando cómo controlar la ansiedad

  Debemos ser responsables en este punto.

  Un trastorno de ansiedad es una condición real y tratable. La psicoterapia, especialmente enfoques como la terapia cognitivo-conductual, y determinados medicamentos pueden ser tratamientos eficaces.

  Por eso, acudir a Dios no significa que una persona con un trastorno de ansiedad deba abandonar la atención médica, psicológica o sus medicamentos.

  Pero también existe otra realidad.

  Algunas personas intentan escapar de la ansiedad mediante el alcohol u otras sustancias. Lejos de resolver el problema, el consumo nocivo de alcohol puede estar asociado con la ansiedad y empeorarla.

  También existen medicamentos ansiolíticos que pueden ser útiles cuando están correctamente indicados. Algunos, como las benzodiazepinas, pueden disminuir rápidamente determinados síntomas, pero también pueden producir tolerancia y dependencia, razón por la cual requieren supervisión médica y generalmente se reservan para usos específicos o periodos breves.

  La pregunta de este artículo, por tanto, no es si debemos enfrentar la medicina contra la fe.

  No necesitamos hacerlo.

  La pregunta es otra:

  ¿Existe además una ayuda que procede de Dios?

Pero existe una manera todavía más personal de investigarlo

  Esta promesa puede ponerse a prueba de una manera extraordinariamente sencilla.

  Quizá existe algo que en este momento no lo deja dormir.

  Quizá su mente lleva horas imaginando todo lo que podría salir mal.

  Quizá está intentando controlar una situación que sencillamente está fuera de sus manos.

  Entonces haga exactamente lo que Pedro escribió:

  échelo sobre Él.

  Puede decir:

  “Jesucristo, esto me está sobrepasando. No puedo seguir cargándolo yo solo. Tú conoces mi problema, conoces mis temores y sabes lo que puede suceder. Pongo esta situación en tus manos. Ayúdame a hacer aquello que me corresponde y a dejar en tus manos aquello que yo no puedo controlar”.

  Y después observe qué sucede.

  No estoy diciendo que el problema desaparecerá inmediatamente.

  No estoy diciendo que una oración sustituya el tratamiento de un trastorno de ansiedad.

  Estoy diciendo algo mucho más sencillo:

  pruebe lo que dice la Escritura.

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

Una promesa que continúa funcionando

  Pensemos nuevamente en nuestra investigación.

  Pedro escribió estas palabras hace casi dos mil años.

  Sin embargo, hoy encontramos personas que continúan haciendo exactamente lo que él dijo.

  Toman aquello que las está consumiendo.

  Lo llevan delante de Dios.

  Oran.

  Lo entregan.

  Y muchas afirman experimentar después una tranquilidad que antes no tenían.

  Yo mismo puedo decir:

  lo he hecho y funciona.

¿Puede hacerlo hoy?

  Aquí volvemos al centro de nuestra investigación.

  Si Dios invita a una persona a echar sobre Él su ansiedad porque “él tiene cuidado” de ella, entonces no estamos hablando de una técnica mental impersonal.

  Estamos hablando de una relación.

  Alguien está preocupado.

  Alguien escucha.

  Alguien recibe la carga.

  Alguien cuida.

  Y si Jesucristo puede recibir hoy las cargas de personas que viven en diferentes lugares del mundo, conocer aquello que las preocupa y darles paz en medio de circunstancias que quizá todavía no han cambiado, volvemos a encontrarnos frente a algo que trasciende las capacidades de cualquier ser humano.

  ¿Cómo lo hace?

  No lo sé.

  Pero nuevamente puedo decir algo:

  he visto sus efectos en otras personas y los he experimentado en mi propia vida.

Si casi dos mil años después podemos echar nuestra ansiedad sobre Dios y experimentar su cuidado y su paz, ¿estamos solamente practicando una enseñanza antigua… o estamos depositando realmente nuestras cargas sobre alguien que sigue vivo, nos escucha y todavía tiene cuidado de nosotros?

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.