07. Prometió darnos descanso

Por el Dr. Elio M Rivera

Una promesa para quienes ya no pueden con sus cargas

  Hay momentos en la vida en los que el cansancio no está en el cuerpo.

  Una persona puede dormir toda la noche y despertar cansada.

  Puede tomar vacaciones y regresar igual.

  Puede sentarse, dejar de trabajar y, sin embargo, descubrir que por dentro continúa agotada.

  Porque existen cargas que no se llevan sobre los hombros.

  Preocupaciones.

  Culpa.

  Problemas familiares.

  Miedo.

  Dolor.

  Decisiones que no sabemos cómo tomar.

  Situaciones que llevamos durante meses o años.

  Y precisamente a personas así Jesucristo hizo una de sus invitaciones más extraordinarias:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28, RVR1960

  Observe nuevamente quién hace la promesa.

  Jesús no dijo simplemente:

  “Descansen”.

  Tampoco dijo:

  “Olviden sus problemas”.

  Dijo:

  “Venid a mí… y yo os haré descansar”.

  Él mismo se presentó como la fuente de ese descanso.

¿Puede Jesucristo realmente darle descanso al alma?

  Durante mis años como pastor he visto muchas personas llegar completamente cargadas.

  Personas agotadas emocionalmente.

  Personas que llevaban años tratando de resolver problemas que parecían no terminar.

  Personas consumidas por la preocupación.

  Personas cargando culpa por decisiones del pasado.

  Personas que exteriormente parecían estar bien, pero interiormente estaban exhaustas.

  Y he visto muchas de esas mismas personas acercarse a Jesucristo y comenzar a experimentar algo diferente.

  Descanso.

  No necesariamente porque el problema desapareció.

  No necesariamente porque las circunstancias cambiaron inmediatamente.

  Sino porque dejaron de sentir que tenían que cargar solas con todo aquello.

  Y esa diferencia puede ser enorme.

Yo también lo he experimentado

  Nuevamente, no necesito hablar solamente como pastor.

  También puedo hablar desde mi propia experiencia.

  He atravesado momentos en mi vida en los que las cargas parecían demasiado grandes.

  He tenido preocupaciones.

  He enfrentado situaciones que no sabía cómo resolver.

  He experimentado momentos en los que mi mente continuaba trabajando, buscando respuestas, tratando de encontrar una salida.

  Y muchas veces he hecho algo muy sencillo:

  he llevado esas cargas delante de Jesucristo.

  No puedo explicar completamente cómo sucede.

  El problema puede continuar allí.

  La situación quizá todavía necesita resolverse.

  Pero algo cambia por dentro.

  La carga deja de sentirse igual.

  He experimentado esa sensación de poder decir:

  “Señor, ya no puedo con esto. Te lo entrego”.

  Y después encontrar descanso.

  Por eso cuando leo las palabras:

“Yo os haré descansar”

  no estoy leyendo solamente una frase hermosa escrita hace casi dos mil años.

  Estoy leyendo algo que considero haber experimentado personalmente.

Pregúnteles

  Pero nuevamente, mi experiencia no tiene que ser suficiente para usted.

  Pregunte.

  Busque personas que verdaderamente caminen con Jesucristo.

  Pregúnteles qué hacen cuando sienten que las cargas de la vida son demasiado grandes.

  Pregúnteles si alguna vez han llegado delante de Dios completamente agotadas y han salido diferentes después de orar.

  Pregúnteles si han experimentado descanso aun cuando su problema todavía no se había solucionado.

  Y escuche.

  Probablemente encontrará personas que le dirán:

  “Le entregué mi problema a Dios”.

  “Dejé de cargarlo yo solo”.

  “Oré y pude descansar”.

  Pedro describió algo muy parecido:

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
1 Pedro 5:7, RVR1960

  Observe la expresión:

  “sobre él”.

  La carga que estaba sobre nosotros puede ser depositada sobre Él.

Pero existe una manera todavía más personal de investigarlo

  Esta quizá sea una de las promesas más sencillas de poner a prueba personalmente.

  Porque Jesús mismo dijo:

  “Venid a mí”.

  No dijo que necesitaba intermediarios.

  No dijo que primero tenía que resolver sus problemas.

  No dijo que debía arreglar su vida antes de acercarse.

  Dijo:

  “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados”.

  Precisamente los cansados.

  Precisamente los cargados.

  Precisamente quienes ya no pueden más.

  Puede estar solo en su habitación.

  Puede encontrarse dentro de un automóvil.

  Puede estar sentado en una banca.

  Puede hacerlo en este mismo momento.

  Simplemente dígale:

  “Jesucristo, estoy cansado. Estoy cargando cosas que ya no puedo llevar solo. Tú dijiste que viniera a ti y que me harías descansar. Aquí estoy. Te entrego mis cargas. Dame el descanso que prometiste”.

  Y después observe qué sucede.

  No le estoy diciendo que todos sus problemas desaparecerán.

  Jesús no prometió eso en este pasaje.

  Prometió algo diferente:

  “Yo os haré descansar”.

Una promesa hecha hace casi dos mil años

  Pensemos nuevamente en nuestra investigación.

  Estas palabras fueron pronunciadas por Jesucristo hace casi dos mil años:

“Venid a mí… y yo os haré descansar.”

  Sin embargo, personas continúan acudiendo a Él hoy.

  Personas que Jesús nunca conoció físicamente durante su ministerio en Galilea.

  Personas nacidas siglos después.

  Personas viviendo a miles de kilómetros de Jerusalén.

  Y continúan afirmando:

  “Encontré descanso en Cristo”.

  Esto merece, por lo menos, nuestra atención.

¿Puede cumplirla hoy?

  Aquí está nuevamente nuestra prueba.

  Un maestro puede enseñar técnicas para descansar.

  Un filósofo puede dejar consejos para enfrentar las preocupaciones.

  Un libro puede ayudarnos a pensar de manera diferente.

  Pero Jesucristo no dijo solamente:

  “Les enseñaré cómo descansar”.

  Dijo:

  “Venid a mí… y yo os haré descansar”.

  La promesa depende de Él.

  Por eso, si una persona puede acudir hoy directamente a Jesucristo y experimentar el descanso que Él prometió, volvemos a encontrarnos con la misma dificultad que ha aparecido en toda esta investigación.

  Cristo tendría que seguir vivo para recibir a quienes continúan viniendo a Él.

  Y si millones de personas, en diferentes generaciones y lugares, pueden acudir a Él con sus cargas, entonces su capacidad para recibirlas no parece estar limitada por el tiempo ni por el espacio.

  La Escritura atribuye precisamente a Dios la capacidad de dar descanso:

“Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.”
Éxodo 33:14, RVR1960

  No sé explicar exactamente cómo Jesucristo toma una carga que parece insoportable y hace que una persona pueda continuar caminando.

  Pero sí puedo decir algo.

  Lo he visto en otros.

  Y lo he experimentado personalmente.

Si Jesucristo prometió hace casi dos mil años: “Venid a mí… y yo os haré descansar”, y todavía hoy personas cargadas acuden a Él y encuentran ese descanso, ¿estamos solamente ante las palabras consoladoras de un maestro del pasado… o ante alguien que sigue vivo y continúa haciendo exactamente lo que prometió?

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.