16. El árbol de la vida: ¿para qué estaba allí?

Dr. Elio M. Rivera

  Entre todos los árboles mencionados en Génesis existe uno completamente diferente.

  No se nos presenta simplemente por su fruto, su belleza o su utilidad.

  Su nombre ya nos dice que estamos delante de algo extraordinario:

«Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto» (Génesis 2:9, RVR1960).

  El árbol de la vida estaba allí antes de que apareciera la muerte en la historia humana.

  Eso inmediatamente plantea una pregunta:

El árbol de la vida, ¿Para qué lo había puesto Dios allí?

  Génesis no nos obliga a adivinar completamente.

  Después de la desobediencia, Dios declara:

«Ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre» (Génesis 3:22, RVR1960).

  Ésta es probablemente la explicación más directa que tenemos acerca de su función.

  De alguna manera establecida por Dios, comer del árbol de la vida estaba relacionado con vivir para siempre.

  No significa que el árbol tuviera poder independientemente de Dios.

  La fuente de la vida continuaba siendo Dios.

  Él había creado el árbol.

  Él había establecido su función.

  Él era quien sostenía la existencia del hombre.

  Pero había decidido relacionar aquel árbol con la continuidad de la vida humana.

  Y aquí aparece algo que me parece profundamente hermoso.

  Dios había colocado la vida al alcance de sus hijos.

  No escondida.

  No presentada como algo que Él deseaba negarles.

  El árbol estaba allí desde el principio.

  En otras palabras, cuando contemplamos el escenario original, encontramos a un Dios que había preparado para el hombre vida, no muerte.

  Por eso resulta tan significativo lo que ocurre después.

  Cuando el hombre pierde su condición original, también pierde el acceso al árbol:

«Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida» (Génesis 3:24, RVR1960).

  Observe cuidadosamente la expresión:

«el camino del árbol de la vida».

  El árbol continuaba existiendo.

  Pero el hombre ya no podía llegar hasta él.

  Algo que había estado disponible quedó fuera de su alcance.

  Y aquí comienza una de las conexiones más hermosas entre Génesis y Apocalipsis.

  La Biblia comienza con el hombre teniendo acceso al árbol de la vida.

  Después encontramos al hombre separado de él.

  Pero la historia no termina así.

  Jesucristo dice en Apocalipsis:

«Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida» (Apocalipsis 2:7, RVR1960).

  Observe quién habla:

Jesucristo.

  Y observe lo que promete:

«daré a comer».

  Aquello cuyo acceso había quedado cerrado en Génesis aparece nuevamente como una promesa del Redentor.

  Eso me parece extraordinario.

  Porque Cristo no solamente viene a perdonar.

  Viene a recuperar.

  Viene a restaurar aquello que el hombre perdió.

  Y cuando llegamos al último capítulo de la Biblia, allí está nuevamente:

«En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto» (Apocalipsis 22:2, RVR1960).

  El árbol que encontramos en las primeras páginas de la Biblia vuelve a aparecer en las últimas.

  Génesis:

árbol de la vida.

  Apocalipsis:

árbol de la vida.

  Génesis muestra el acceso perdido.

  Apocalipsis muestra el acceso restaurado.

  Y entre ambos encontramos a Jesucristo.

  Ésta es una de las conexiones Génesis-Apocalipsis más claras de toda nuestra investigación.

  Lo que comenzó con vida termina con vida.

  Y lo que el hombre perdió aparece nuevamente por medio del Redentor.

¿Qué aprendimos de Dios?

  El árbol de la vida nos permite descubrir algo muy sencillo acerca del corazón de Dios:

Dios quería que sus hijos vivieran.

  La muerte no aparece como el regalo que preparó para Adán.

  El árbol que colocó delante de él se llamaba:

«el árbol de la vida».

  Y miles de años después, cuando Jesucristo habla a los redimidos, vuelve a ofrecer aquello que se había perdido:

«daré a comer del árbol de la vida».

  Eso me ayuda a comprender mejor la dirección completa de la historia bíblica.

  Comienza con Dios dando vida.

  Termina con Dios restaurando plenamente la vida.

  Y en medio de ambas escenas está Jesucristo, quien dijo:

«Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10, RVR1960).

  Quizá por eso el árbol de la vida estaba allí desde el principio.

  Era mucho más que otro árbol.

  Era una manifestación visible de algo que estamos descubriendo acerca de nuestro Padre:

su propósito para sus hijos siempre estuvo del lado de la vida.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.