Por el Dr. Elio M Rivera
El Creador entre los animales que había creado
A lo largo de esta serie hemos visto a Jesucristo manifestar una autoridad extraordinaria sobre diferentes aspectos de la creación.
El viento y el mar obedecieron su palabra.
Caminó sobre las aguas.
Transformó agua en vino.
Multiplicó panes y peces.
Restauró cuerpos humanos gravemente dañados.
Pero existe otra parte de la creación sobre la que también encontramos manifestaciones sorprendentes de su autoridad:
los animales.
Los Evangelios presentan peces apareciendo exactamente donde Jesús determina, redes llenándose después de noches enteras sin pesca, un pez específico llegando al anzuelo de Pedro llevando una moneda, un pollino nunca montado sirviendo para su entrada en Jerusalén y, al comienzo mismo de su ministerio, una escena extraordinariamente breve que Marcos consideró importante registrar:
Jesús estaba en el desierto con las fieras.
Todo esto nos lleva nuevamente a nuestra pregunta:

¿Qué esperaríamos del Creador frente a los animales que Él mismo creó?
Esperaríamos que los conociera.
Esperaríamos que supiera dónde se encuentran.
Esperaríamos que pudiera dirigirlos.
Esperaríamos que toda criatura permaneciera bajo su autoridad.
Jesús en el desierto “con las fieras”
Marcos comienza el ministerio de Jesús relatando su permanencia en el desierto.
Dice:
“Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.”
Marcos 1:13
Es una frase muy breve.
Pero extraordinariamente sugestiva.
Jesús estaba en el desierto.
Durante cuarenta días.
Y Marcos considera importante mencionar que:
“estaba con las fieras.”
La palabra utilizada se refiere a animales salvajes.
No eran animales domésticos.
No era un rebaño acostumbrado a la presencia humana.
Marcos coloca a Jesús en medio de un ambiente silvestre, acompañado por las criaturas del desierto.
Debemos leer cuidadosamente el versículo: Marcos no dice que las fieras “le servían”; quienes le servían eran los ángeles.
Pero sí hace algo extraordinario:
coloca al Hijo de Dios en el desierto, en presencia de los animales salvajes, y no describe conflicto alguno entre ellos.
Jesús:
“estaba con las fieras.”
La escena adquiere una belleza especial cuando recordamos cómo comenzó la historia de la humanidad.
En Génesis, Dios creó los animales y los colocó bajo el dominio del hombre:
“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias…”
Génesis 1:26
Después de la entrada del pecado, la relación entre el ser humano y la creación quedó profundamente afectada.
El mundo salvaje se convirtió también en un lugar de peligro.
Pero ahora Marcos nos presenta a Jesús en el desierto:
“con las fieras.”
No huyendo de ellas.
No siendo atacado por ellas.
Simplemente:
con ellas.
El Creador estaba caminando en medio de su creación.
Los peces aparecían exactamente donde Jesús ordenaba
Esta autoridad se vuelve todavía más evidente cuando llegamos al mar de Galilea.
Lucas relata que Pedro y sus compañeros habían pasado toda la noche pescando.
Eran pescadores experimentados.
Conocían el lago.
Conocían las redes.
Conocían los horarios.
Pero aquella noche:
no habían pescado absolutamente nada.
Pedro mismo dijo:
“Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado.”
Lucas 5:5
Entonces Jesús ordenó:
“Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.”
Lucas 5:4
Pedro obedeció.
Y sucedió algo extraordinario:
“Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.”
Lucas 5:6
La cantidad era tan grande que necesitaron ayuda:
“Y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.”
Lucas 5:7
Detengámonos aquí.
Durante horas los pescadores habían utilizado sus conocimientos.
Nada.
Jesús habló.
Y las redes se llenaron.
No con unos cuantos peces.
Con tantos que:
dos barcas comenzaron a hundirse bajo su peso.
Los peces del lago terminaron exactamente donde Jesús había indicado que lanzaran las redes.
Y esto plantea una pregunta inevitable:
¿Quién puede dirigir criaturas que se encuentran ocultas bajo las aguas de un enorme lago?
Un pescador puede intentar encontrarlas.
Jesús sabía dónde estaban.
Después de la resurrección volvió a hacerlo
Lo ocurrido en Lucas no quedó como un acontecimiento aislado.
Después de la resurrección, Pedro y otros discípulos volvieron a pescar.
Juan dice:
“Aquella noche no pescaron nada.”
Juan 21:3
La escena parece repetirse.
Toda una noche.
Redes.
Pescadores experimentados.
Y:
nada.
Al amanecer Jesús apareció en la playa y les dijo:
“Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis.”
Juan 21:6
Observe la seguridad de sus palabras:
“y hallaréis.”
No dijo:
“Quizá tengan mejor suerte.”
Dijo:
“hallaréis.”
Los discípulos obedecieron.
Y Juan dice:
“Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.”
Juan 21:6
Cuando finalmente llevaron la red a tierra:
“llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres.”
Juan 21:11
Ciento cincuenta y tres.
Y Juan especifica:
grandes peces.
Toda la noche no habían encontrado ninguno.
Jesús indicó un lugar.
Y allí estaban.
El pez que llegó llevando exactamente lo que Jesús había dicho
Pero existe otro acontecimiento todavía más preciso.
Cuando surgió la cuestión del impuesto del Templo, Jesús dijo a Pedro:
“Ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.”
Mateo 17:27
Pensemos en todo lo que tenía que coincidir.
Pedro debía ir al mar.
Lanzar un anzuelo.
Un pez debía morderlo.
Pero no cualquier pez.
El primer pez.
Y ese pez debía tener:
una moneda en la boca.
Además, la moneda debía poseer el valor necesario.
¿Quién podía saber qué pez tenía aquella moneda?
¿Quién sabía dónde estaba?
¿Quién podía garantizar que precisamente ese pez sería el primero en llegar al anzuelo?
Jesús.
Para Pedro, debajo de la superficie había un mundo invisible lleno de peces.
Para el Creador:
cada criatura era conocida.
El Dios del Antiguo Testamento también mandaba sobre los animales
Aquí encontramos una conexión extraordinaria con el Antiguo Testamento.
La Biblia presenta repetidamente a Dios ejerciendo autoridad sobre los animales.
Quizá uno de los ejemplos más claros sea Jonás.
Cuando Jonás fue arrojado al mar:
“Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás.”
Jonás 1:17
Observe cuidadosamente:
“Jehová tenía preparado.”
No apareció simplemente cualquier pez por casualidad.
Dios tenía preparado uno.
El animal estuvo en el lugar preciso.
En el momento preciso.
Para cumplir un propósito preciso.
Pero después ocurre algo todavía más interesante.
Cuando llegó el momento de sacar a Jonás:
“Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.”
Jonás 2:10
La expresión es extraordinaria:
“mandó Jehová al pez.”
Dios dio una orden.
El pez respondió.
Ahora vayamos a los Evangelios.
Jesús dice a los pescadores dónde arrojar las redes.
Los peces aparecen.
Jesús dice a Pedro que lance un anzuelo.
El pez correcto aparece.
Otra vez encontramos el mismo principio:
la creación animal está bajo autoridad divina.
Desde los peces hasta un pollino nunca montado
No solamente ocurrió con criaturas acuáticas.
Cuando Jesús estaba a punto de entrar en Jerusalén, envió a dos discípulos:
“Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.”
Mateo 21:2
Marcos añade:
“Hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado.”
Marcos 11:2
Este detalle resulta interesante.
Era un animal:
“en el cual ningún hombre ha montado.”
Un animal sin experiencia de ser montado puede resistirse, asustarse o reaccionar de manera impredecible.
Pero aquel pollino llevó a Jesucristo durante su entrada en Jerusalén.
Y con ello se cumplió la antigua profecía:
“He aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”
Zacarías 9:9
La creación animal participaba incluso en el cumplimiento de la profecía mesiánica.
Toda criatura pertenece a Dios
El Antiguo Testamento declara:
“Porque mía es toda bestia del bosque,
Y los millares de animales en los collados.”
Salmo 50:10
Y continúa:
“Conozco a todas las aves de los montes,
Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.”
Salmo 50:11
Observe esas dos afirmaciones:
“Conozco…”
Y:
“me pertenece.”
Dios conoce a los animales.
Los animales pertenecen a Dios.
El Salmo 104 describe también la dependencia de toda criatura:
“Todos ellos esperan en ti,
Para que les des su comida a su tiempo.”
Salmo 104:27
Y el Salmo 147 dice:
“Él da a la bestia su mantenimiento,
Y a los hijos de los cuervos que claman.”
Salmo 147:9
El Dios de la Biblia no es solamente Creador de los animales.
Es también:
su sustentador y Señor.
¿Qué esperaríamos del Creador de los animales?
Ahora coloquemos todas las escenas una junto a la otra.
En el desierto:
Jesús estaba con las fieras.
En Galilea:
Los pescadores trabajan toda la noche.
Nada.
Jesús habla.
Dos barcas se llenan de peces.
Después de la resurrección:
Otra noche sin pesca.
Jesús dice:
“Echad la red a la derecha.”
Y aparecen:
ciento cincuenta y tres grandes peces.
Pedro necesita una moneda.
Jesús le indica que pesque.
El primer pez lleva exactamente la moneda anunciada.
Jesús necesita entrar en Jerusalén.
Un pollino nunca montado está preparado y lo lleva.
Y siglos antes encontramos:
“Mandó Jehová al pez.”
Y el pez obedeció.
¿Es esto lo que esperaríamos encontrar en el Creador?
Sí.
Génesis declara:
“E hizo Dios animales de la tierra según su género.”
Génesis 1:25
Juan declara acerca de Jesucristo:
“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”
Juan 1:3
Y Pablo añade:
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles.”
Colosenses 1:16
Los peces fueron creados por Él.
Las aves fueron creadas por Él.
Los animales terrestres fueron creados por Él.
Las criaturas salvajes del desierto fueron creadas por Él.
Por eso hay algo profundamente hermoso en aquella pequeña frase de Marcos:
“Y estaba con las fieras.”
El que había creado a los animales:
estaba entre ellos.
El que conocía a cada criatura:
caminaba en medio de su creación.
Y posteriormente, cuando necesitó peces, allí estuvieron.
Cuando señaló dónde lanzar una red, allí estuvieron.
Cuando indicó qué pez llegaría al anzuelo, aquel pez llegó.
Cuando necesitó un pollino, estuvo preparado.
Porque nuevamente encontramos en Jesucristo aquello que esperaríamos encontrar en Dios:
el Creador ejerciendo autoridad sobre su creación.
Referencias bíblicas
- Marcos 1:12-13 — Durante los cuarenta días en el desierto, Jesús “estaba con las fieras; y los ángeles le servían”.
- Génesis 1:20-28 — Dios crea los animales marinos, las aves y los animales terrestres, y establece el orden de su creación.
- Lucas 5:1-11 — Después de una noche sin pescar, Jesús ordena echar nuevamente las redes. Capturan tantos peces que dos barcas comienzan a hundirse.
- Juan 21:1-14 — Después de otra noche sin pesca, Jesús indica dónde arrojar la red y los discípulos capturan ciento cincuenta y tres grandes peces.
- Mateo 17:24-27 — Jesús anuncia que el primer pez capturado por Pedro tendrá en su boca la moneda necesaria para el impuesto.
- Mateo 21:1-11; Marcos 11:1-10 — Jesús indica dónde encontrar el pollino que utilizará para entrar en Jerusalén.
- Zacarías 9:9 — Profecía acerca del Rey que entra en Jerusalén “cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”.
- Jonás 1:17 — “Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás.”
- Jonás 2:10 — “Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.”
- Salmo 50:10-11 — Dios declara que las bestias, las aves y todo lo que se mueve en los campos le pertenecen.
- Salmo 104:24-28 — Los animales dependen de Dios para recibir su alimento.
- Salmo 147:9 — Dios proporciona alimento a las bestias y a los cuervos.
- Mateo 10:29 — Jesús enseña que ni siquiera un pequeño pájaro cae a tierra sin el conocimiento del Padre.
- Juan 1:3 — “Todas las cosas por él fueron hechas.”
- Colosenses 1:16-17 — “En él fueron creadas todas las cosas” y “todas las cosas en él subsisten.”
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