Por El Dr. Elio M Rivera
El dominio no se sostiene solamente por la fuerza
Los grandes sistemas de poder no dependen únicamente de ejércitos, leyes y sanciones.
También necesitan controlar la narrativa.
Necesitan convencer a la población de que determinada autoridad es legítima.
Necesitan presentar a sus opositores como peligrosos.
Necesitan repetir ciertos mensajes hasta que parezcan indiscutibles.
En el pasado, la propaganda se difundía mediante discursos, monumentos, monedas, carteles, periódicos, radio y televisión.
La inteligencia artificial abre una etapa diferente.
Puede producir enormes cantidades de contenido.
Textos.
Imágenes.
Voces.
Videos.
Personajes virtuales.
Mensajes adaptados a cada público.
La fabricación de realidades convincentes
Actualmente es posible producir imágenes de acontecimientos que nunca ocurrieron.
Puede imitarse la voz de una persona.
Puede crearse un video en el que aparentemente alguien pronuncia palabras que jamás dijo.
A estas producciones se les conoce comúnmente como contenidos sintéticos o deepfakes.
Las Naciones Unidas han advertido que la inteligencia artificial puede acelerar la desinformación, el discurso de odio y los contenidos polarizantes. También ha señalado que los deepfakes y la información falsa representan desafíos importantes para la confianza pública y la integridad del espacio informativo.
Una mentira adaptada a cada persona
La propaganda tradicional enviaba el mismo mensaje a todos.
La inteligencia artificial puede personalizarlo.
Puede analizar qué preocupa a una persona.
Qué lenguaje utiliza.
Qué temas le interesan.
Qué argumentos podrían persuadirla.
Qué emociones producen en ella una respuesta más intensa.
Dos personas podrían recibir mensajes diferentes destinados a conducirlas hacia la misma conclusión.
Una sería persuadida por el miedo.
Otra por la esperanza.
Otra por la conveniencia económica.
Otra por una falsa apariencia religiosa.
La inteligencia artificial también puede producir y distribuir mensajes sin descanso.
Miles de cuentas automatizadas pueden repetir una idea.
Pueden crear la impresión de que una opinión es universal.
Pueden atacar a quienes disienten.
Pueden inundar el espacio público con versiones contradictorias hasta que las personas ya no sepan qué creer.
La finalidad no siempre sería lograr que todos crean una mentira específica.
En ocasiones bastaría con destruir la confianza en la posibilidad de conocer la verdad.
La relación con el engaño profético
Apocalipsis no presenta solamente coerción económica.
También presenta engaño.
“Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia.”
(Apocalipsis 13:14, RVR1960).
Pablo describe igualmente una rebelión acompañada por señales mentirosas y engaño:
“Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos.”
(2 Tesalonicenses 2:9, RVR1960).
Estos textos hablan de una dimensión espiritual que no debe reducirse a efectos digitales.
El engaño final no será simplemente una campaña publicitaria creada por computadoras.
Existirá una operación satánica detrás de la rebelión contra Dios.
Pero la inteligencia artificial podría facilitar la propagación, personalización y repetición mundial de mensajes falsos.
La tecnología actual puede producir representaciones visuales extraordinariamente convincentes.
Eso podría utilizarse para fabricar pruebas falsas, discursos inexistentes o acontecimientos simulados.
Sin embargo, debemos ser cuidadosos.
No debemos afirmar que las señales de Apocalipsis serán simples trucos de inteligencia artificial.
El texto las relaciona con un poder espiritual real permitido dentro del juicio de Dios.
La inteligencia artificial podría añadir una capa de manipulación humana, pero no explica necesariamente la totalidad del fenómeno profético.
La autoridad de una voz que parece saberlo todo
Existe otro riesgo más silencioso.
Las personas pueden comenzar a tratar las respuestas producidas por una máquina como si fueran infalibles.
Una inteligencia artificial puede expresarse con seguridad aunque su respuesta sea incompleta o equivocada.
Puede presentar una conclusión como objetiva cuando depende de los datos, instrucciones y criterios elegidos por seres humanos.
Si una sociedad delegara demasiadas decisiones a sistemas automatizados, podría producirse una nueva forma de autoridad:
“El sistema lo determinó.”
El ciudadano quizá no sabría quién tomó realmente la decisión.
No conocería los criterios.
No podría interrogar al responsable.
Solamente recibiría el resultado.
Por esa razón, los marcos modernos de gobernanza insisten en que deben definirse claramente las responsabilidades humanas y los límites de la interacción entre personas y sistemas de inteligencia artificial.
Tres capacidades que podrían converger
Los tres temas examinados no deben verse como sistemas completamente separados.
Podrían integrarse.
Primera capacidad: identificar
El reconocimiento biométrico podría determinar quién es la persona.
El sistema financiero podría decidir si puede comprar, vender, viajar, recibir dinero o utilizar determinados servicios.
Los sistemas informativos podrían presentarle mensajes personalizados para convencerla de aceptar la autoridad dominante.
Cuando la identidad, la economía y la información se integran, aparece una capacidad de control que ningún imperio antiguo poseyó.
Un mismo sistema podría saber quién es una persona, qué hace, qué compra, qué piensa, con quién se relaciona y qué mensajes podrían influir sobre ella.
Eso no demuestra que tal sistema mundial ya exista.
Tampoco demuestra que será construido exactamente mediante la inteligencia artificial actual.
Demuestra que las capacidades técnicas necesarias para una administración extraordinariamente centralizada están apareciendo ante nuestros ojos.
La inteligencia artificial no es necesariamente maligna
Sería un error presentar toda inteligencia artificial como una obra del anticristo.
Puede utilizarse para:
Analizar estudios médicos.
Detectar enfermedades.
Traducir idiomas.
Mejorar la accesibilidad.
Prevenir fraudes.
Optimizar transportes.
Ayudar en investigaciones.
Crear herramientas educativas.
La misma capacidad que reconoce un rostro para perseguir podría utilizarse para localizar a un niño desaparecido.
La misma capacidad que analiza operaciones podría impedir el robo de los ahorros de una familia.
La misma herramienta que genera propaganda falsa puede ayudar a una persona a expresarse o aprender.
La tecnología no determina por sí sola el propósito moral.
El problema aparece cuando el poder tecnológico se concentra en manos de una autoridad sin límites morales, legales o espirituales.
Lo que podemos afirmar y lo que no podemos afirmar
La inteligencia artificial puede analizar enormes cantidades de información.
Puede participar en sistemas biométricos.
Puede intervenir en decisiones financieras.
Puede generar textos, voces, imágenes y videos convincentes.
Puede personalizar mensajes y automatizar decisiones.
Puede ampliar enormemente el alcance de una institución o de un gobierno.
Que la inteligencia artificial sea la marca de la bestia.
Que una empresa tecnológica específica sea el cumplimiento de Apocalipsis.
Que cada sistema biométrico tenga una finalidad profética.
Que toda digitalización económica conduzca inevitablemente al anticristo.
Que conocemos la tecnología exacta que será utilizada en los últimos tiempos.
La Biblia no menciona la inteligencia artificial.
Por tanto, no debemos convertirla en una profecía que Dios no dio.
Pero tampoco debemos ignorar la transformación histórica que representa.
Por primera vez existen sistemas capaces de identificar personas entre multitudes, analizar millones de operaciones, automatizar restricciones y producir mensajes persuasivos adaptados a individuos y sociedades enteras.
La inteligencia artificial podría facilitar tres elementos importantes de un sistema mundial:
La vigilancia de la población.
La administración del acceso económico.
La propagación del engaño.
No sería necesariamente el poder detrás del sistema.
Ese poder, según Apocalipsis, será político, religioso y espiritual.
Pero podría convertirse en una herramienta extraordinariamente eficaz en manos de quienes busquen imponerlo.
Hace cien años, una autoridad podía emitir una orden, pero no podía aplicarla instantáneamente a millones de operaciones.
No podía identificar automáticamente a cada persona entre una multitud.
No podía producir mensajes distintos para persuadir individualmente a millones.
Hoy esas capacidades comienzan a existir.
Esto no significa que la profecía ya se cumplió.
Significa que el escenario tecnológico resulta mucho más compatible con una forma global de control que en cualquier generación anterior.
El creyente no debe reaccionar con pánico.
Tampoco debe aceptar ingenuamente todo avance tecnológico.
Debe examinarlo con discernimiento.
Debe defender la verdad.
Debe conservar su libertad espiritual.
Y, sobre todo, debe recordar que ninguna inteligencia creada puede superar la sabiduría y la soberanía de Dios.
“No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová.”
(Proverbios 21:30, RVR1960).
- Proverbios 21:30.
- Daniel 7:23-25.
- Mateo 24:4-5.
- Mateo 24:24.
- 2 Tesalonicenses 2:8-12.
- Apocalipsis 13:11-18.
- Apocalipsis 14:9-12.
- Apocalipsis 19:20.
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