01. Introducción: ¿Podría la inteligencia artificial facilitar el sistema mundial descrito en Apocalipsis?

Por el Dr. Elio M Rivera

        La Biblia no menciona la inteligencia artificial.

        No anuncia la aparición de computadoras inteligentes.

        No habla de algoritmos, reconocimiento facial, robots, teléfonos móviles ni sistemas automatizados de vigilancia.

        Por tanto, no debemos afirmar que la inteligencia artificial sea un cumplimiento directo de la profecía bíblica.

        Sin embargo, Apocalipsis sí describe un sistema futuro con una extraordinaria capacidad para ejercer autoridad, identificar la lealtad de las personas, controlar la actividad económica y engañar a grandes sectores de la humanidad.

        La pregunta legítima no es:

¿Es la inteligencia artificial la bestia o la marca?

        La respuesta a esa pregunta es no. La inteligencia artificial es una herramienta creada por seres humanos.

        La pregunta correcta es:

¿Podría la inteligencia artificial facilitar el funcionamiento de un sistema mundial como el descrito en Apocalipsis?

        La respuesta es que técnicamente podría contribuir de manera considerable.

        No porque posea poder espiritual propio, sino porque puede analizar enormes cantidades de información, reconocer patrones, identificar personas, automatizar decisiones y producir mensajes persuasivos a una escala que ninguna generación anterior conoció.

02. Una tecnología capaz de identificar y vigilar a millones

El antiguo límite de la vigilancia humana

        Todo gobierno de la antigüedad deseaba conocer lo que sucedía dentro de sus territorios.

        Los reyes utilizaban soldados, recaudadores, mensajeros, espías y funcionarios.

        Sin embargo, la vigilancia tenía límites muy claros.

        Un funcionario solamente podía observar un lugar a la vez.

        Un espía podía seguir a pocas personas.

        Los informes tardaban días o semanas en llegar.

        La información debía ser leída, clasificada y comparada por seres humanos.

        Ningún imperio antiguo tenía capacidad para observar simultáneamente a millones de individuos, analizar sus movimientos y relacionar sus actividades en tiempo real.

        La inteligencia artificial ha comenzado a eliminar muchos de esos límites.

El reconocimiento biométrico

        Los sistemas modernos pueden identificar o verificar a una persona mediante características físicas.

El rostro.

Las huellas digitales.

El iris.

La voz.

La manera de caminar.

Otros patrones corporales.

        La identificación biométrica remota puede comparar imágenes captadas a distancia con grandes bases de datos, incluso sin la participación activa de la persona observada. Precisamente por su poder y sus riesgos, la legislación europea clasifica diversos usos de identificación biométrica como aplicaciones de alto riesgo y limita severamente algunos empleos en espacios públicos.

        La preocupación no es imaginaria.

        Los gobiernos y organismos reguladores ya reconocen que estas tecnologías pueden afectar la privacidad, la libertad y los derechos fundamentales. La Unión Europea ha establecido prohibiciones y restricciones para determinadas prácticas de inteligencia artificial, incluidas ciertas formas de categorización biométrica y creación indiscriminada de bases de reconocimiento facial.

Del rostro a la identidad completa

        La identificación visual es solamente una parte del sistema.

        Una plataforma suficientemente integrada podría relacionar el rostro de una persona con:

Su nombre.

Su identidad digital.

Su teléfono.

Sus movimientos.

Sus cuentas.

Sus compras.

Sus documentos.

Sus comunicaciones.

Sus relaciones.

Sus lugares frecuentes.

        La inteligencia artificial puede encontrar conexiones dentro de cantidades de información que resultarían imposibles de revisar manualmente.

        No necesita que un funcionario lea cada registro.

        Puede clasificar, comparar y emitir alertas automáticamente.

La vigilancia ya no requiere observar personalmente

        En el pasado, vigilar significaba colocar a una persona detrás de otra.

        Actualmente, un sistema puede vigilar mediante datos.

        Puede reconocer que alguien entró en un lugar.

        Puede detectar que realizó una compra.

        Puede advertir que cambió su comportamiento.

        Puede relacionarlo con otras personas sin que exista un observador humano siguiendo cada paso.

        Esto no significa que actualmente exista una autoridad observando cada acción de todos los habitantes del planeta.

        Significa que la capacidad técnica para construir sistemas de vigilancia masiva ya no pertenece a la ciencia ficción.

¿Qué relación podría tener con Apocalipsis?

        Apocalipsis presenta un sistema que distingue entre quienes aceptan su autoridad y quienes la rechazan.

“Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca.”

(Apocalipsis 13:16, RVR1960).

        El texto no explica qué tecnología se utilizará para reconocer a quienes poseen o no poseen la marca.

        Tampoco afirma que la identificación será realizada por inteligencia artificial.

        Pero para aplicar una restricción económica de gran alcance sería necesario identificar a las personas con rapidez y precisión.

        La inteligencia artificial podría facilitar precisamente esa función:

Reconocer identidades.

Comparar registros.

Detectar incumplimientos.

Localizar individuos.

Relacionar su identidad con su autorización económica.

        La profecía no depende de esta tecnología.

        Dios puede permitir su cumplimiento de la manera que determine.

        Pero nuestra generación posee por primera vez herramientas capaces de analizar y vigilar poblaciones enteras con una velocidad extraordinaria.

El verdadero peligro no está en la inteligencia de la máquina

        La inteligencia artificial no tiene moral propia.

        No ama la libertad.

        No odia la tiranía.

        No respeta espontáneamente la dignidad humana.

        Ejecuta los objetivos, normas y datos establecidos por quienes la diseñan y controlan.

        Por eso, el principal peligro no consiste en imaginar que una computadora se convertirá automáticamente en un ser maligno.

        El peligro consiste en que seres humanos con poder utilicen sistemas automatizados para ampliar enormemente su capacidad de vigilancia y control.

        El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos reconoce que los sistemas de inteligencia artificial pueden producir riesgos para individuos, organizaciones y sociedades, y destaca la necesidad de gobernanza, transparencia, medición y administración responsable.

        La herramienta puede servir para encontrar a una persona desaparecida.

        También puede utilizarse para localizar a quien disiente.

        Puede ayudar a impedir un delito.

        También puede convertirse en un instrumento de persecución.

        Todo dependerá de quién controle el sistema, qué reglas establezca y contra quién decida aplicarlo.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.