2. Durante miles de años el conocimiento humano avanzó muy lentamente

Por el Dr. Elio M Rivera

        Una de las características más sorprendentes de la historia de la humanidad es que, durante la mayor parte de su existencia, el progreso tecnológico fue extraordinariamente lento. Aunque surgieron grandes civilizaciones, se construyeron impresionantes ciudades y florecieron importantes imperios, la vida cotidiana de las personas cambió muy poco durante miles de años.

        Si observamos los últimos cinco mil años de historia, descubriremos que la mayor parte de los avances tecnológicos ocurrieron apenas en los últimos doscientos años. Antes de ese período, las innovaciones existían, pero aparecían lentamente y podían pasar siglos antes de que modificaran significativamente la vida de las personas.

        Este hecho resulta especialmente interesante cuando recordamos las palabras del ángel a Daniel:

“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.”

(Daniel 12:4, RVR1960).

        Si esta expresión hace referencia, al menos en parte, al crecimiento del conocimiento humano, entonces la historia nos muestra un fenómeno realmente extraordinario: durante milenios el progreso fue lento y gradual; sin embargo, en una época relativamente reciente el conocimiento comenzó a crecer de manera explosiva.

Un agricultor del siglo V a.C. y uno del siglo XV d.C.

        Pensemos por un momento en un agricultor que vivía alrededor del año 500 a.C., en tiempos del profeta Daniel.

        ¿Cómo cultivaba la tierra?

Con herramientas sencillas.

Con arados de madera o de hierro.

Con animales de tiro.

Dependiendo completamente de las lluvias.

Sembrando y cosechando manualmente.

        Ahora imaginemos a otro agricultor que vivió aproximadamente dos mil años después, hacia el año 1500 d.C.

¿Qué diferencias encontraríamos?

Sorprendentemente, muy pocas.

Continuaba utilizando animales para arar.

Sembraba manualmente.

Dependía de las estaciones.

Transportaba sus cosechas en carretas.

Las herramientas habían mejorado ligeramente, pero el método de trabajo seguía siendo esencialmente el mismo.

        En otras palabras, un agricultor del siglo V antes de Cristo habría entendido perfectamente la manera en que trabajaba un agricultor del Renacimiento.

El transporte cambió muy poco

        Lo mismo ocurrió con el transporte.

Durante miles de años los seres humanos viajaron prácticamente de la misma forma.

Caballos.

Asnos.

Camellos.

Carretas.

Barcos impulsados por remos o velas.

        Alejandro Magno conquistó gran parte del mundo montado a caballo.

Julio César hizo lo mismo siglos después.

Cristóbal Colón cruzó el océano utilizando barcos de vela muy similares, en sus principios de navegación, a los empleados por los antiguos fenicios.

        Durante más de cuatro mil años la velocidad máxima de viaje de un ser humano fue prácticamente la de un caballo.

La medicina avanzó lentamente

        La medicina también progresó con enorme lentitud.

Los médicos antiguos utilizaban:

  • plantas medicinales;
  • vendajes;
  • reducción de fracturas;
  • cirugía muy limitada;
  • remedios naturales.

        Hipócrates, considerado el padre de la medicina occidental, vivió en el siglo V a.C.

Muchos de sus principios continuaron siendo la base de la práctica médica durante casi dos mil años.

        Hasta mediados del siglo XIX los médicos todavía desconocían la existencia de las bacterias.

No existían:

  • antibióticos;
  • anestesia moderna;
  • radiografías;
  • vacunas eficaces para muchas enfermedades;
  • análisis de laboratorio;
  • resonancias magnéticas.

Una simple infección podía causar la muerte.

Una pequeña herida podía convertirse en una tragedia.

La construcción permaneció casi igual

        También la arquitectura evolucionó lentamente.

Los antiguos egipcios.

Los babilonios.

Los griegos.

Los romanos.

Todos construían utilizando piedra, ladrillo, madera y mortero.

        Las técnicas fueron perfeccionándose, pero los principios fundamentales permanecieron prácticamente iguales durante siglos.

Todavía en la Edad Media se levantaban castillos utilizando métodos que habrían resultado familiares para muchos constructores del mundo antiguo.

La comunicación era desesperadamente lenta

        Quizá uno de los campos donde más evidente resulta esta lentitud sea la comunicación.

Durante miles de años las noticias viajaban únicamente a la velocidad de un ser humano o de un animal.

Si un rey enviaba un mensaje a otra nación, debía esperar semanas o incluso meses para recibir una respuesta.

Las cartas recorrían enormes distancias transportadas por mensajeros.

Las noticias de una guerra podían tardar meses en llegar a lugares lejanos.

        No existían teléfonos.

No existía radio.

No existía televisión.

No existía Internet.

El mundo permanecía prácticamente aislado.

La energía dependía de la naturaleza

        Durante casi toda la historia humana la energía provenía únicamente de fuentes naturales.

La fuerza humana.

Los animales.

El viento.

El agua.

La leña.

El carbón vegetal.

        Las noches eran iluminadas por lámparas de aceite o velas.

Las fábricas, tal como las conocemos hoy, simplemente no existían.

Las ciudades dormían cuando caía el sol.

La productividad estaba limitada por la cantidad de luz natural disponible.

Un visitante del año 500 a.C.

        Imaginemos por un momento que un hombre que vivió en tiempos de Daniel pudiera viajar en el tiempo hasta el año 1500 d.C.

Seguramente se sorprendería por algunos detalles.

Encontraría nuevas ciudades.

Nuevos reinos.

Nuevas vestimentas.

Nuevos idiomas.

Nuevas armas.

Pero comprendería casi todo lo que observaría.

Vería caballos.

Carretas.

Barcos de vela.

Campos cultivados manualmente.

Herreros.

Canteros.

Mercados.

Pergaminos.

Mensajeros.

Lámparas de aceite.

El mundo seguiría siendo, en esencia, muy parecido al que dejó atrás.

Entonces ocurrió algo extraordinario

        Sin embargo, a partir de finales del siglo XVIII comenzó una transformación sin precedentes.

En apenas unas cuantas generaciones aparecieron inventos que cambiaron radicalmente la historia de la humanidad.

La máquina de vapor.

El ferrocarril.

La electricidad.

El motor de combustión.

El automóvil.

El avión.

La radio.

La televisión.

La computadora.

Internet.

Los teléfonos inteligentes.

Los satélites.

La inteligencia artificial.

        Lo que no había ocurrido durante miles de años comenzó a suceder en cuestión de décadas.

El conocimiento dejó de avanzar lentamente y empezó a crecer de manera exponencial.

Cada descubrimiento dio origen a nuevos descubrimientos.

Cada invento aceleró el siguiente.

Cada generación conoció más que la anterior.

Hoy ese crecimiento continúa acelerándose a una velocidad que habría resultado inconcebible para cualquier civilización antigua.

        Muchos estudiosos consideran que este fenómeno constituye uno de los cambios más extraordinarios de toda la historia humana. Nunca antes el conocimiento había avanzado con tanta rapidez ni había transformado tan profundamente la vida cotidiana de prácticamente toda la humanidad.

        ¿Será esta aceleración del conocimiento la que Daniel contempló proféticamente cuando escribió que, “en el tiempo del fin… la ciencia se aumentará”? Esa es la pregunta que comenzaremos a explorar en los siguientes capítulos, donde analizaremos cómo, especialmente desde mediados del siglo XX, el crecimiento científico y tecnológico ha alcanzado un ritmo sin precedentes.


Referencias bíblicas

  • Daniel 12:4.
  • Génesis 4:20-22.
  • Eclesiastés 1:9-10.

Referencias históricas

  • Landes, David S. The Unbound Prometheus: Technological Change and Industrial Development in Western Europe.
  • Mokyr, Joel. The Lever of Riches: Technological Creativity and Economic Progress.
  • Diamond, Jared. Guns, Germs, and Steel.
  • Ferguson, Niall. Civilization: The West and the Rest.
  • McNeill, William H. The Pursuit of Power: Technology, Armed Force, and Society Since A.D. 1000.
  • Harari, Yuval Noah. Sapiens: De animales a dioses (para el panorama histórico del desarrollo humano; sus conclusiones filosóficas no representan necesariamente una perspectiva cristiana).

Libro recomendado

Escuche música con propósito:

NUEVO EN CRISTOPEDIA

     Descubre las nuevas series, libros y recursos que hemos añadido al Museo y a la Biblioteca de Cristopedia.

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.