01. La ciencia se aumentará: Una profecía escrita hace más de dos mil quinientos años

Por el Dr. Elio M Rivera

¿Quién fue Daniel?

        A lo largo de la historia han existido hombres cuyas palabras trascendieron su generación y dejaron una profunda huella en la humanidad. Sin embargo, pocos personajes bíblicos poseen un legado profético tan extraordinario como Daniel. Sus escritos no solo narran algunos de los acontecimientos más importantes del cautiverio de Judá en Babilonia, sino que contienen revelaciones acerca del futuro de las naciones y del desarrollo de la historia que continúan despertando el interés de creyentes, historiadores e investigadores hasta nuestros días.

        Daniel vivió aproximadamente entre los años 620 y 530 a.C.. Pertenecía, muy probablemente, a una familia noble o de la realeza de Judá, pues cuando el rey Nabucodonosor conquistó Jerusalén llevó cautivos a Babilonia a varios jóvenes de linaje distinguido para prepararlos al servicio del imperio (Daniel 1:3-6). Entre aquellos jóvenes se encontraban Daniel y sus tres inseparables compañeros: Ananías, Misael y Azarías, mejor conocidos por sus nombres babilónicos: Sadrac, Mesac y Abed-nego.

        A diferencia de muchos otros cautivos, Daniel no permitió que las circunstancias destruyeran su fe. Siendo todavía un adolescente, tomó una decisión que marcaría el resto de su vida: permanecer fiel al Dios de Israel aun cuando vivía en medio de una cultura completamente diferente. El primer capítulo de su libro registra una de las declaraciones más admirables de todo el Antiguo Testamento:

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía…”
(Daniel 1:8, RVR1960).

        Aquella determinación fue el comienzo de una vida caracterizada por la integridad, la sabiduría y una profunda comunión con Dios. Con el paso de los años, Daniel llegó a ocupar algunos de los cargos más importantes del Imperio Babilónico y posteriormente del Imperio Medo-Persa. Sirvió como consejero de varios reyes, entre ellos Nabucodonosor, Belsasar, Darío y Ciro, sobreviviendo a cambios de gobierno que normalmente habrían significado la caída de cualquier funcionario de alto rango. Su permanencia durante tantos años en posiciones de autoridad habla no solo de su extraordinaria capacidad administrativa, sino también de la confianza que inspiraba incluso entre gobernantes paganos.

        Pero Daniel no fue conocido únicamente como un estadista excepcional. La Biblia lo presenta también como un hombre de oración. En una ocasión, aun cuando un decreto real prohibía dirigir peticiones a cualquier dios que no fuera el rey, Daniel continuó orando tres veces al día, como acostumbraba hacerlo desde su juventud. Esa fidelidad le costó ser arrojado al famoso foso de los leones, del cual Dios lo libró milagrosamente (Daniel 6).

        Su vida demuestra que es posible mantenerse firme en la fe aun cuando se vive en una sociedad que piensa de manera completamente diferente. Daniel nunca dejó de servir con excelencia al gobierno donde Dios lo había colocado, pero tampoco sacrificó sus convicciones para obtener aceptación o poder.

        Además de su testimonio personal, Daniel fue uno de los profetas más notables de las Escrituras. Sus visiones abarcan desde la sucesión de grandes imperios mundiales hasta acontecimientos relacionados con el establecimiento del reino eterno de Dios. Ningún otro profeta del Antiguo Testamento presenta con tanta precisión el desarrollo de la historia universal desde Babilonia hasta el establecimiento definitivo del Reino de Dios.

        No es casualidad que muchos estudiosos hayan llamado al libro de Daniel “el Apocalipsis del Antiguo Testamento”. De hecho, existe una estrecha relación entre el libro de Daniel y el Apocalipsis de Juan. Muchas de las imágenes, símbolos y acontecimientos descritos por Juan encuentran su fundamento en las visiones que Dios reveló a Daniel más de seiscientos años antes del nacimiento de Jesucristo.

        Lo que hace especialmente relevante a Daniel para nuestro estudio es que varias de sus profecías se relacionan directamente con “el tiempo del fin”. Mientras otras revelaciones bíblicas describen acontecimientos cercanos al profeta, Daniel recibió visiones que, según el propio texto, permanecerían selladas hasta una época futura.

        Entre todas esas revelaciones existe una que resulta particularmente fascinante para nuestra generación. Al concluir una de sus últimas visiones, un ángel le dio una instrucción sorprendente:

“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.”
(Daniel 12:4, RVR1960).

        Estas palabras fueron escritas hace aproximadamente dos mil quinientos años, cuando la humanidad vivía en un mundo donde los avances tecnológicos eran extremadamente lentos. Durante siglos, las personas viajaban a caballo o en caravanas, escribían sobre pergaminos, se iluminaban con lámparas de aceite y dependían de mensajeros para transmitir las noticias. La vida cotidiana cambiaba muy poco de una generación a otra.

        Sin embargo, el ángel anunció que llegaría un tiempo en el que el conocimiento experimentaría un crecimiento extraordinario. Esa afirmación ha despertado el interés de innumerables estudiosos de la profecía bíblica. ¿Qué quiso decir exactamente? ¿Se refería al conocimiento de las Escrituras, al conocimiento humano en general o a ambos? Analizaremos estas posibilidades en los siguientes capítulos. Pero, independientemente de la interpretación que cada lector adopte, resulta difícil ignorar que nuestra generación ha presenciado una verdadera explosión del conocimiento científico y tecnológico, como ninguna otra en la historia de la humanidad.

        Como alguien que nació en 1963, debo confesar que esta realidad me impresiona profundamente. He sido testigo de una transformación tecnológica que mis abuelos jamás habrían imaginado. En el transcurso de una sola vida hemos pasado del teléfono fijo al teléfono inteligente; de las cartas enviadas por correo a los mensajes instantáneos; de las máquinas de escribir a las computadoras; de consultar enormes enciclopedias impresas a obtener millones de respuestas en segundos mediante Internet; y, más recientemente, al surgimiento de la inteligencia artificial, capaz de realizar tareas que hace apenas unos años parecían exclusivas del ser humano.

        Con frecuencia tengo la sensación de que cada semana aparece una nueva tecnología, una nueva aplicación o una nueva herramienta que promete cambiar nuestra manera de trabajar, aprender o comunicarnos. En ocasiones, confieso sentirme agotado por la velocidad de estos cambios. Apenas comenzamos a dominar una innovación cuando ya ha surgido otra que exige volver a aprender. Si uno desea mantenerse actualizado, debe estudiar continuamente; de lo contrario, corre el riesgo de quedarse rezagado en un mundo que avanza a una velocidad nunca antes vista.

        ¿Podría haber imaginado Daniel un mundo así? Esa es precisamente la pregunta que comenzaremos a responder a lo largo de este libro.

Referencias bíblicas

  • Daniel 1:3-21.
  • Daniel 6:1-28.
  • Daniel 7–12.
  • Ezequiel 14:14, 20.
  • Ezequiel 28:3.
  • Mateo 24:15.
  • Daniel 12:4.

Referencias históricas y bibliográficas

  • Collins, John J. Daniel: A Commentary on the Book of Daniel. Fortress Press.
  • Goldingay, John E. Daniel. Word Biblical Commentary.
  • Miller, Stephen R. Daniel. New American Commentary.
  • Archer, Gleason L. Daniel. Expositor’s Bible Commentary.
  • Baldwin, Joyce G. Daniel: An Introduction and Commentary. Tyndale Old Testament Commentaries.
  • Walton, John H. Ancient Near Eastern Thought and the Old Testament. Baker Academic.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.