06. La Tierra: un planeta extraordinariamente preparado para la vida

Por el Dr. Elio M Rivera

Después de Mercurio y Venus, llegamos a casa

  Nuestro viaje por el Sistema Solar ya nos ha llevado a dos mundos extraordinarios.

  Mercurio nos mostró un pequeño planeta casi sin atmósfera, cubierto de cráteres y sometido a enormes cambios de temperatura.

  Después visitamos Venus.

  Allí encontramos casi lo contrario: una atmósfera extremadamente densa, una presión enorme y temperaturas suficientemente altas para hacer imposible nuestra vida.

  Ahora continuamos alejándonos del Sol.

  Y llegamos al tercer planeta:

la Tierra.

 El planeta tierra

 Esta vez no estamos observando un mundo extraño desde una nave espacial.

  Estamos contemplando nuestro hogar.

  Y después de haber conocido un poco a Mercurio y Venus, algunas cosas que siempre nos parecieron normales comienzan a resultar extraordinarias.

Una pequeña esfera azul

  La Tierra tiene aproximadamente:

12,742 kilómetros de diámetro.

  No es el planeta más grande del Sistema Solar.

  Júpiter es muchísimo mayor.

  Tampoco es el más pequeño.

  Mercurio es considerablemente menor.

  La Tierra ocupa una posición intermedia entre los mundos rocosos.

  Pero cuando observamos nuestro planeta desde el espacio existe algo que inmediatamente llama la atención:

es azul.

  Eso ocurre porque alrededor del 71 % de su superficie está cubierta por agua.

  Océanos inmensos.

  Mares.

  Lagos.

  Ríos.

  Nubes.

  Hielo.

  El agua forma parte de prácticamente todos los ambientes de nuestro planeta.

Estamos aproximadamente a 150 millones de kilómetros del Sol

  La Tierra se encuentra a una distancia media del Sol de aproximadamente:

150 millones de kilómetros.

  Mercurio está mucho más cerca.

  Venus también está más cerca.

  Marte, nuestro siguiente vecino, se encuentra más lejos.

  Esta distancia tiene consecuencias muy importantes porque determina parte de la cantidad de energía solar que recibe nuestro planeta.

  Si estuviéramos considerablemente más cerca del Sol, recibiríamos más energía.

  Si estuviéramos considerablemente más lejos, recibiríamos menos.

  Pero la distancia no trabaja sola.

  Aquí aparece nuevamente una idea que veremos muchas veces:

un planeta funciona como un sistema.

Tenemos una atmósfera muy diferente a la de Venus

  Respire profundamente.

  Acaba de utilizar una de las características más importantes de nuestro planeta.

  La Tierra posee una atmósfera compuesta principalmente por nitrógeno y oxígeno.

  El nitrógeno representa aproximadamente el 78 %.

  El oxígeno constituye alrededor del 21 %.

  También existen pequeñas cantidades de otros gases.

  Esta atmósfera permite algo que para nosotros resulta tan normal que casi nunca pensamos en ello:

respirar.

  Pero hace mucho más.

  Participa en la regulación de la temperatura.

  Transporta vapor de agua.

  Permite la formación de nubes.

  Produce vientos.

  Participa en el clima.

  Y ayuda a proteger la superficie frente a determinadas formas de radiación procedentes del Sol y del espacio.

Ni casi sin atmósfera ni con una atmósfera aplastante

  Aquí podemos hacer una comparación interesante.

  Mercurio posee solamente una envoltura extremadamente tenue.

  Venus posee una atmósfera enormemente densa.

  La Tierra tiene una atmósfera muy diferente de ambas.

  En Mercurio, el calor puede escapar rápidamente durante la larga noche.

  En Venus, una atmósfera dominada por dióxido de carbono produce un efecto invernadero extremo.

  En la Tierra existe un efecto invernadero natural que ayuda a mantener temperaturas compatibles con el agua líquida y con la vida que conocemos.

  Esto nos permite comprender algo muy sencillo:

tener atmósfera no es suficiente.

  También importa qué atmósfera tiene un planeta.

Tenemos enormes cantidades de agua líquida

  Hasta ahora, quizá la característica más evidente de nuestro hogar sea el agua.

  La Tierra posee océanos líquidos sobre su superficie.

  Esto requiere condiciones adecuadas de temperatura y presión.

  Demasiado frío y el agua se congela.

  Demasiado calor y aumenta considerablemente su evaporación.

  Pero en nuestro planeta encontramos agua en sus tres estados:

sólido, líquido y gaseoso.

  Hielo en las montañas y regiones polares.

  Agua líquida en océanos, lagos y ríos.

  Y vapor de agua en la atmósfera.

  Además, el agua está circulando continuamente.

  Se evapora.

  Forma nubes.

  Cae como lluvia o nieve.

  Alimenta ríos.

  Regresa al océano.

  Y el ciclo vuelve a comenzar.

Nuestro planeta gira

  La Tierra completa aproximadamente una rotación cada 24 horas.

  Ese movimiento produce la sucesión que conocemos desde que nacimos:

día y noche.

  Una parte del planeta queda iluminada por el Sol.

  Después la rotación la lleva hacia la oscuridad.

  Durante el día la superficie recibe energía.

  Durante la noche comienza a perder parte de ella.

  Nuestros cuerpos responden también a este ritmo.

  Dormimos.

  Despertamos.

  Trabajamos.

  Descansamos.

  Muchos animales y plantas también organizan sus actividades alrededor del ciclo de luz y oscuridad.

El eje terrestre, la maravilla que permite las estaciones del año

La Tierra está inclinada

  Nuestro planeta tampoco gira completamente derecho.

  Su eje está inclinado aproximadamente 23.4 grados.

  Mientras la Tierra viaja alrededor del Sol, esa inclinación modifica la manera en que diferentes regiones reciben la luz solar.

  Así aparecen nuestras estaciones:

primavera, verano, otoño e invierno.

  No se producen principalmente porque durante el verano estemos mucho más cerca del Sol.

  La inclinación del eje es la razón principal.

  Una característica aparentemente pequeña termina influyendo en el clima, la agricultura, la duración de los días y numerosos ciclos naturales.

Tenemos una Luna extraordinariamente grande

  La Tierra posee una compañera:

la Luna.

  Está, en promedio, aproximadamente a 384,400 kilómetros de nosotros.

  Su gravedad participa en las mareas de nuestros océanos.

  Además, la Luna contribuye a limitar grandes variaciones de la inclinación del eje terrestre durante largos períodos.

  Otra vez encontramos una conexión.

  La Luna influye en el eje.

  El eje influye en las estaciones.

  Las estaciones modifican la cantidad de energía solar que reciben distintas regiones.

  Y esa energía participa en el clima.

  Una cosa se relaciona con otra.

La gravedad mantiene nuestro mundo unido

  La Tierra posee suficiente masa para producir una importante atracción gravitacional.

  Gracias a ella permanecemos sobre la superficie.

  Los océanos permanecen ligados al planeta.

  La atmósfera también permanece gravitacionalmente unida a la Tierra.

  La lluvia cae.

  Los ríos descienden.

  Nuestros músculos y huesos funcionan permanentemente bajo esta gravedad.

  Aquella fuerza invisible participa continuamente en nuestra vida.

Y además poseemos un campo magnético

  La Tierra tiene también un campo magnético global.

  Podemos imaginarlo, de manera sencilla, como una enorme región invisible alrededor de nuestro planeta.

  Este campo interactúa con las partículas cargadas procedentes del Sol y ayuda a desviar muchas de ellas.

  Cuando algunas partículas solares interactúan con la atmósfera cerca de las regiones polares, podemos contemplar las extraordinarias:

auroras.

  Luces verdes, rojas y violetas moviéndose sobre el cielo nocturno.

  Un hermoso espectáculo producido por la interacción entre nuestro planeta y su estrella.

Los continentes también importan

  La Tierra no es un océano completo.

  Aproximadamente el 29 % de su superficie corresponde a tierra firme.

  Allí encontramos:

  montañas,

  bosques,

  desiertos,

  praderas,

  ríos,

  lagos,

  suelos fértiles,

  y una enorme diversidad de ambientes.

  Los continentes modifican los vientos.

  Las montañas influyen en la lluvia.

  Los ríos transportan agua.

  Los suelos permiten el crecimiento de plantas.

  Y las plantas sostienen innumerables formas de vida.

Nuestro planeta está lleno de vida

  Aquí encontramos la característica que resulta más importante para nosotros.

  Mire alrededor.

  Árboles.

  Aves.

  Insectos.

  Peces.

  Animales.

  Personas.

  En los océanos existe vida.

  En los bosques existe vida.

  En los desiertos existe vida.

  En las montañas existe vida.

  Incluso encontramos organismos viviendo en ambientes que para nosotros resultarían extremos.

  La Tierra posee una extraordinaria diversidad de seres vivos ocupando prácticamente todos los ambientes donde las condiciones lo permiten.

Pero no existe una sola razón

  Sería demasiado sencillo decir:

“La Tierra tiene vida porque tiene agua.”

  El agua es indispensable.

  Pero necesita determinadas temperaturas.

  Las temperaturas dependen, entre otras cosas, de la energía solar y de la atmósfera.

  La atmósfera está relacionada con la gravedad del planeta.

  La rotación participa en la distribución del calor.

  La inclinación produce estaciones.

  La Luna influye sobre las mareas y sobre la estabilidad del eje.

  El campo magnético interactúa con el viento solar.

  Los océanos almacenan y transportan calor.

  Los continentes participan en el clima y en el ciclo del agua.

  De pronto comprendemos algo:

la Tierra no depende de una sola característica favorable.

  Depende de muchas condiciones funcionando simultáneamente.

Mercurio, Venus y Tierra

  Ahora coloquemos mentalmente juntos los tres primeros planetas.

Mercurio

  Pequeño.

  Casi sin atmósfera.

  Temperaturas extremadamente variables.

  Una superficie llena de cráteres.

Venus

  Casi del tamaño de la Tierra.

  Atmósfera extremadamente densa.

  Presión enorme.

  Temperaturas de alrededor de 464 °C.

La Tierra y sus oceanos líquidos

  Océanos líquidos.

  Atmósfera rica en nitrógeno y oxígeno.

  Temperaturas compatibles con los organismos que conocemos.

  Un ciclo continuo del agua.

  Continentes.

  Luna.

  Campo magnético.

  Y una enorme diversidad de vida.

  Tres mundos rocosos.

  Relativamente próximos entre sí.

  Y sin embargo…

completamente diferentes.

Nuestro hogar merece una serie completa

  Podríamos pasar muchos artículos hablando solamente de la Tierra.

  De hecho, hemos dedicado una serie completa a estudiar sus montañas, océanos, atmósfera, agua, gravedad, rotación, inclinación, Luna y otras características.

  Por eso aquí no repetiremos todo aquel recorrido.

  Nuestro propósito es simplemente mirar a la Tierra desde fuera, como uno de los planetas del Sistema Solar.

  Y compararla con sus vecinos.

  Cuando hacemos eso, nuestro hogar comienza a parecer todavía más extraordinario.

“Para que fuese habitada”

  El profeta Isaías escribió unas palabras especialmente apropiadas cuando contemplamos nuestro planeta:

“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó.”
Isaías 45:18

  Isaías no estaba describiendo la composición de nuestra atmósfera.

  No estaba calculando 150 millones de kilómetros hasta el Sol.

  No hablaba de campos magnéticos ni de inclinación axial.

  Su propósito era otro.

  Pero para el creyente resulta hermoso leer:

“para que fuese habitada la creó”.

  Hoy podemos estudiar científicamente numerosas características que participan precisamente en hacer habitable nuestro planeta.

La ciencia nos permite conocer nuestra casa

  Tenemos satélites que observan la Tierra.

  Medimos las temperaturas.

  Estudiamos los océanos.

  Observamos las nubes.

  Seguimos huracanes.

  Medimos el campo magnético.

  Estudiamos la atmósfera.

  Conocemos la composición de las rocas.

  Podemos mirar nuestro planeta desde el espacio.

  Y existe algo especialmente emocionante en aquellas fotografías.

  Allí está toda nuestra historia humana.

  Cada ciudad.

  Cada hogar.

  Cada montaña que hemos escalado.

  Cada océano que hemos cruzado.

  Cada persona que conocemos.

  Todo sobre una pequeña esfera azul flotando en la inmensidad.

David solamente podía mirar hacia arriba

  El salmista escribió:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?”

Salmo 8:3-4

  David contemplaba el cielo desde la Tierra.

  Nosotros hemos tenido la oportunidad de hacer algo que él jamás pudo hacer:

mirar la Tierra desde el cielo.

  Y aquella imagen ha permitido a generaciones enteras contemplar nuestro hogar de una manera nueva.

  Una esfera azul.

  Cubierta por una atmósfera finísima.

  Rodeada por la oscuridad del espacio.

  Llena de vida.

Pero nuestro viaje todavía no termina

  Hasta ahora hemos visitado:

Mercurio.

Venus.

La Tierra.

  Ahora continuaremos alejándonos del Sol.

  Dejaremos atrás nuestro hogar.

  Cruzaremos el espacio entre las órbitas.

  Y llegaremos a otro pequeño mundo rocoso.

  Un planeta cubierto de polvo rojizo.

  Con enormes volcanes.

  Gigantescos cañones.

  Casquetes polares.

  Y robots construidos en la Tierra recorriendo su superficie.

  Nuestro siguiente destino será:

Marte: el fascinante planeta rojo

  Pero antes de marcharnos, mire nuevamente nuestro planeta.

  Océanos.

  Continentes.

  Nubes.

  Atmósfera.

  Agua.

  Vida.

  Y recuerde las palabras del salmista:

“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría;
La tierra está llena de tus beneficios.”

Salmo 104:24

  Después de conocer a nuestros primeros vecinos planetarios, quizá podamos comprender un poco mejor algo que normalmente damos por sentado:

vivimos en un hogar verdaderamente extraordinario.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Génesis 1:1-31.
  • Salmo 8:3-4.
  • Salmo 19:1-6.
  • Salmo 24:1.
  • Salmo 104:24.
  • Isaías 40:26.
  • Isaías 45:18.

Bibliografía científica

  • de Pater, I. & Lissauer, J. J. Planetary Sciences. Cambridge University Press.
  • Lutgens, F. K., Tarbuck, E. J. & Tasa, D. Foundations of Earth Science. Pearson.
  • Kump, L. R., Kasting, J. F. & Crane, R. G. The Earth System. Pearson.
  • Bennett, J. et al. The Cosmic Perspective. Pearson.

Organizaciones científicas

  • NASA Science — Earth Facts. Información sobre tamaño, distancia al Sol, rotación, atmósfera y características generales de nuestro planeta.
  • NASA Earth Observatory. Observación de océanos, continentes, atmósfera, clima y otros sistemas terrestres mediante satélites.
  • NASA Solar System Exploration — Earth. Datos comparativos de la Tierra dentro del Sistema Solar.
  • NOAA — National Oceanic and Atmospheric Administration. Información científica sobre océanos, atmósfera, clima y ciclo del agua.
  • USGS — United States Geological Survey. Información sobre geología, agua, relieve y procesos de la superficie terrestre.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.