Por el Dr. Elio M Rivera
Hasta ahora hemos escuchado a Jesús realizar afirmaciones extraordinarias acerca de sí mismo. Ha hablado de existir antes que Abraham, ha declarado su unidad con el Padre, se ha identificado con el Hijo del Hombre de Daniel, ha reclamado autoridad para perdonar pecados y ha dicho que quien lo ha visto a Él ha visto al Padre.
Pero ahora nuestra investigación llega a una escena diferente.
Esta vez no será Jesús quien pronuncie inicialmente la afirmación.
Será uno de sus propios discípulos.
Un hombre que había dudado.
Un hombre que había exigido evidencia.
Tomás estará frente a Jesús y pronunciará una de las confesiones más directas acerca de su identidad que encontramos en los Evangelios:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Juan 20:28, RVR1960
Y quizá lo más extraordinario no sea solamente lo que Tomás dijo.
Es también lo que Jesús no hizo.
No lo reprendió.
No rechazó sus palabras.
No dijo:
“Tomás, no me llames Dios”.
Por el contrario, Jesús respondió:
“Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”
Juan 20:29, RVR1960
Para comprender la magnitud de esta escena debemos detenernos primero en una palabra que aparece constantemente en nuestras Biblias:
SEÑOR.
Porque detrás de esa palabra existe una historia extraordinaria.
De YHWH a Adonai y de Adonai a Kýrios
Para comprender qué podía significar llamar “Señor” a Jesús necesitamos regresar al Antiguo Testamento.
El Dios de Israel reveló a Moisés su nombre:
“YO SOY EL QUE SOY.”
Éxodo 3:14, RVR1960
Y posteriormente:
“Jehová, el Dios de vuestros padres… este es mi nombre para siempre…”
Éxodo 3:15, RVR1960
En el texto hebreo aparece el nombre divino representado por cuatro consonantes:
יהוה
Transliteradas normalmente:
YHWH
A estas cuatro letras se les conoce como el Tetragrámaton, palabra que significa literalmente “cuatro letras”.
Este era el nombre propio del Dios de Israel.
Con el transcurso del tiempo, dentro de la tradición judía se desarrolló un profundo respeto por este nombre. Para evitar pronunciarlo de manera irreverente, al leer las Escrituras en voz alta se comenzó a sustituir su pronunciación por otra palabra:
Adonai.
¿Qué significa Adonai?
La palabra hebrea אָדוֹן — adon significa básicamente señor, amo o dueño.
Puede utilizarse para referirse a una persona que posee autoridad.
Pero la forma Adonai llegó a utilizarse de manera característica como una forma reverente de dirigirse al Dios de Israel.
Por eso, cuando un lector judío encontraba en el texto:
YHWH
no necesariamente pronunciaba el nombre.
Leía:
Adonai — “Señor”.
Así, una cosa es lo que estaba escrito:
YHWH
y otra lo que tradicionalmente podía pronunciarse al leerlo:
Adonai.
Esta distinción es importantísima.
Adonai no era simplemente otro nombre escrito en lugar de YHWH en todos esos textos. Funcionaba como sustitución reverencial al pronunciar el nombre divino.
Por eso, para un judío familiarizado con las Escrituras, llamar a Dios Adonai tenía una enorme carga religiosa.
¿Y de dónde aparece Kýrios?
Ahora sucede algo fundamental para comprender el Nuevo Testamento.
Durante los siglos anteriores a Jesús, las Escrituras hebreas comenzaron a traducirse al griego. La colección de traducciones griegas del Antiguo Testamento es conocida generalmente como la Septuaginta.
¿Y qué palabra griega encontramos ampliamente utilizada para traducir títulos como Adonai y, en la tradición textual que recibió la Iglesia, para representar el nombre divino YHWH?
Κύριος — Kýrios.
Su significado básico es:
Señor.
Por tanto, podemos visualizar la relación de esta manera:
YHWH → leído reverentemente como ADONAI → representado ampliamente en griego como KÝRIOS → traducido al español como SEÑOR.
Esto será extraordinariamente importante.
Porque los primeros cristianos escribieron el Nuevo Testamento en griego.
Y una de las palabras que comenzaron a utilizar constantemente para Jesús fue precisamente:
KÝRIOS — SEÑOR.
Pero debemos hacer una precisión fundamental
Aquí sería muy fácil exagerar el argumento.
No debemos hacerlo.
Kýrios no significa automáticamente “Dios” cada vez que aparece.
La palabra podía utilizarse en el lenguaje cotidiano como una expresión de respeto equivalente, dependiendo del contexto, a:
señor, amo, dueño.
Por ejemplo, alguien podía dirigirse respetuosamente a otra persona utilizando kýrios sin estar afirmando que aquella persona era Dios.
De manera semejante, la palabra hebrea adon podía utilizarse para señores humanos.
Por tanto, no sería correcto afirmar:
“Cada vez que alguien llamó Señor a Jesús estaba necesariamente llamándolo YHWH.”
Eso iría más allá de la evidencia.
La pregunta correcta es:
¿En qué contexto llaman Kýrios a Jesús?
Y aquí comienza lo verdaderamente extraordinario.
Porque existen lugares en el Nuevo Testamento donde textos del Antiguo Testamento que hablan de YHWH son aplicados directamente a Jesús.
Entonces Kýrios deja de ser simplemente una fórmula de cortesía.
Un ejemplo extraordinario: preparar el camino de YHWH
Marcos comienza su Evangelio hablando de Juan el Bautista:
“Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas.”
Marcos 1:3, RVR1960
La palabra griega utilizada es:
Kýrios.
Pero Marcos está citando al profeta Isaías.
Regresemos al texto original:
“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.”
Isaías 40:3, RVR1960
¿Para quién debía prepararse el camino en Isaías?
Para Jehová — YHWH.
¿Para quién prepara Juan el Bautista el camino en el Evangelio?
Para Jesús.
Eso resulta extraordinariamente significativo.
Un texto que originalmente habla de preparar el camino para YHWH es utilizado por el Evangelio para describir la llegada de Jesús.
Otro ejemplo: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor”
El profeta Joel había escrito:
“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo…”
Joel 2:32, RVR1960
Pablo cita este mismo texto en Romanos:
“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Romanos 10:13, RVR1960
Pero observe el contexto inmediato:
“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor…”
Romanos 10:9, RVR1960
Aquí la relación resulta mucho más profunda que simplemente llamar respetuosamente “señor” a un maestro.
Pablo está utilizando lenguaje escritural acerca del Señor dentro de una confesión centrada en Jesucristo como Kýrios.
Entonces llegamos a Tomás
Con todo este trasfondo regresemos ahora a aquella habitación.
Jesús ha sido crucificado.
Los discípulos afirman haberlo visto vivo.
Pero Tomás no estaba presente.
Cuando le cuentan:
“Al Señor hemos visto.”
Juan 20:25, RVR1960
Tomás se niega a creer solamente por el testimonio de los demás.
Responde:
“Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.”
Juan 20:25, RVR1960
Tomás quiere evidencia.
Ocho días después los discípulos están nuevamente reunidos.
Tomás está con ellos.
Entonces Jesús aparece.
Y se dirige directamente al hombre que había dudado:
“Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”
Juan 20:27, RVR1960
Tomás está ahora frente al Jesús crucificado y vivo.
Y responde:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
Juan 20:28, RVR1960
En griego:
Ho Kýrios mou kai ho Theós mou.
Es decir:
“El Señor mío y el Dios mío.”
Aquí ya no necesitamos preguntarnos si Kýrios significa simplemente “señor” como tratamiento respetuoso.
Porque Tomás añade inmediatamente:
Theós mou — “Dios mío”.
La confesión es directa.
Personal.
Y está dirigida a Jesús.
“Dios mío”: palabras con un enorme trasfondo bíblico
La expresión “mi Dios” tampoco era trivial para un judío.
Aparece repetidamente en las Escrituras como una manera de dirigirse al Dios de Israel.
David había declarado:
“Jehová, roca mía y castillo mío… Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré…”
Salmo 18:2, RVR1960
El Salmo 35 dice:
“Dios mío y Señor mío.”
Salmo 35:23, RVR1960
Y ahora Tomás está frente a Jesús diciendo:
“Señor mío, y Dios mío.”
Esta es una de las confesiones cristológicas más explícitas de todo el Evangelio de Juan.
Lo verdaderamente sorprendente: Jesús lo acepta
Ahora llegamos a un detalle fundamental.
En las Escrituras existen ejemplos donde seres humanos o seres celestiales rechazan inmediatamente honores que pertenecen a Dios.
Cuando Cornelio se postró delante de Pedro, el apóstol reaccionó:
“Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.”
Hechos 10:26, RVR1960
Cuando Juan intentó postrarse delante del ángel en Apocalipsis, este respondió:
“Mira, no lo hagas… Adora a Dios.”
Apocalipsis 22:9, RVR1960
Existe una línea que las criaturas no deben cruzar.
Por eso resulta tan importante observar la reacción de Jesús ante Tomás.
Tomás declara:
“¡Señor mío, y Dios mío!”
¿Y Jesús responde:
“No, Tomás. Solamente soy un profeta”?
No.
¿Dice:
“No me llames Dios”?
No.
¿Corrige la confesión?
No.
Jesús responde:
“Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”
Juan 20:29, RVR1960
Jesús interpreta las palabras de Tomás como una expresión de fe.
No como blasfemia.
No como un error que necesita corrección.
Como fe.
Y Juan coloca esta confesión casi al final de su Evangelio
Esto resulta todavía más impresionante cuando observamos cómo está construido el Evangelio.
Juan comienza diciendo:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
Juan 1:1, RVR1960
Y hacia el final encontramos a Tomás frente a Jesús declarando:
“Señor mío, y Dios mío.”
Es como si el Evangelio comenzara y terminara su gran presentación de Jesús con la misma afirmación.
Al principio:
“El Verbo era Dios.”
Al final:
“Dios mío.”
Y apenas unos versículos después Juan explica por qué escribió su Evangelio:
“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”
Juan 20:31, RVR1960
La confesión de Tomás no aparece accidentalmente allí.
Forma parte del clímax de todo el relato.
“Jesús es Señor”: una confesión que adquirió dimensiones enormes
Después de la resurrección encontramos repetidamente una confesión central entre los primeros cristianos:
Jesús es Señor.
Pablo escribe:
“…nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.”
1 Corintios 12:3, RVR1960
Y en Romanos:
“…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor…”
Romanos 10:9, RVR1960
Pero quizá el ejemplo más impresionante aparece en Filipenses.
Pablo dice que llegará el momento en que:
“…en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra…”
Filipenses 2:10, RVR1960
Y:
“…toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
Filipenses 2:11, RVR1960
¿Por qué esto resulta tan importante?
Porque Pablo está utilizando lenguaje procedente de Isaías 45.
Allí YHWH declara:
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.”
Isaías 45:22, RVR1960
Después:
“Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua.”
Isaías 45:23, RVR1960
En Isaías:
toda rodilla se dobla ante YHWH.
En Filipenses:
toda rodilla se dobla en el nombre de Jesús y toda lengua confiesa que Jesucristo es Kýrios.
Aquí difícilmente podemos reducir Kýrios a un simple:
“señor, maestro”.
Los primeros cristianos están incluyendo a Jesús dentro del lenguaje mediante el cual las Escrituras hablaban del Dios de Israel.
Ahora regresemos nuevamente al siglo I
Intentemos sentir el peso de todo esto.
Somos judíos.
Desde nuestra infancia hemos escuchado:
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.”
Deuteronomio 6:4, RVR1960
Cuando encontramos YHWH en las Escrituras, existe una tradición reverente de decir:
Adonai.
Cuando esas Escrituras son leídas en griego encontramos ampliamente:
Kýrios.
Y ahora aparece Jesús.
Sus seguidores comienzan a llamarlo:
Kýrios.
Textos que hablaban de YHWH comienzan a ser aplicados a Jesús.
Se prepara para Jesús el camino que Isaías decía preparar para YHWH.
La salvación vinculada en Joel a invocar el nombre de YHWH aparece en Pablo dentro de la proclamación de Jesús como Señor.
La rodilla que Isaías decía que se doblaría ante YHWH aparece doblándose ante Jesús.
Y finalmente uno de los hombres que caminó con Él se encuentra frente al Resucitado y declara:
“¡SEÑOR MÍO, Y DIOS MÍO!”
Jesús no lo corrige.
Jesús acepta la confesión.
Y responde:
“Creíste.”
Ya no estamos frente a una sola declaración
Este punto es fundamental para nuestra investigación.
Si solamente tuviéramos Juan 20:28, ya tendríamos un texto extraordinario.
Pero no lo tenemos aislado.
Tenemos un patrón que continúa creciendo.
Jesús ha dicho:
“Antes que Abraham fuese, YO SOY.”
Ha declarado:
“Yo y el Padre uno somos.”
Se ha identificado con el Hijo del Hombre de Daniel.
Ha reclamado autoridad para perdonar pecados.
Ha declarado:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.”
Ha dicho:
“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
Y ahora un discípulo se encuentra frente a Él y declara:
“Señor mío, y Dios mío.”
Y Jesús acepta su confesión.
Entonces nuestra pregunta se vuelve cada vez más difícil de evitar:
¿Quién era realmente Jesús de Nazaret?
Porque estamos llegando a un punto donde la explicación:
“Jesús solamente fue un buen maestro religioso”
comienza a resultar insuficiente para explicar los propios textos.
Pero todavía nos falta una evidencia particularmente impactante.
En las Escrituras, hombres fieles y ángeles se niegan a recibir la adoración que corresponde a Dios.
Sin embargo, los Evangelios presentan repetidamente personas postrándose y adorando a Jesús.
La siguiente pregunta será inevitable:
¿Qué hizo Jesús cuando las personas lo adoraron?
Referencias
Biblia Reina-Valera 1960: Éxodo 3:13-15; Deuteronomio 6:4; Salmo 18:2; Salmo 35:23; Isaías 40:3; Isaías 45:22-23; Joel 2:32; Marcos 1:1-3; Juan 1:1-18; Juan 20:24-31; Hechos 10:25-26; Romanos 10:9-13; 1 Corintios 12:3; Filipenses 2:5-11; Apocalipsis 19:10; Apocalipsis 22:8-9.
Bauckham, Richard. Jesus and the God of Israel: God Crucified and Other Studies on the New Testament’s Christology of Divine Identity. Eerdmans, 2008.
Hurtado, Larry W. Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity. Eerdmans, 2003.
Carson, D. A. The Gospel According to John. The Pillar New Testament Commentary. Eerdmans, 1991.
Keener, Craig S. The Gospel of John: A Commentary. Baker Academic, 2003.
Köstenberger, Andreas J. John. Baker Exegetical Commentary on the New Testament. Baker Academic, 2004.
Tov, Emanuel. Textual Criticism of the Hebrew Bible. Fortress Press. Para el estudio de la transmisión del texto hebreo y el Tetragrámaton.
Jobes, Karen H. y Moisés Silva. Invitation to the Septuagint. Baker Academic. Para el estudio de la Septuaginta y la transmisión griega de las Escrituras hebreas.
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