Por el Dr. Elio M Rivera
Hay palabras de Jesús que, después de dos mil años de cristianismo, hemos escuchado tantas veces que pueden dejar de sorprendernos. Pero imaginemos por un momento que estamos escuchándolas por primera vez, en el siglo I, dentro de una sociedad profundamente judía.
Delante de nosotros se encuentra un hombre de aproximadamente treinta años.
Podemos verlo. Podemos escucharlo. Sabemos que procede de Nazaret. Conocemos a su madre. Algunas personas incluso conocen a sus hermanos.
Y de pronto aquel hombre comienza a hablar de Abraham, quien había vivido muchos siglos antes.
Sus interlocutores le preguntan:
“Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”
Juan 8:57, RVR1960
Era una pregunta perfectamente lógica.
Pero la respuesta de Jesús fue cualquier cosa menos ordinaria:
“De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”
Juan 8:58, RVR1960
Observe cuidadosamente lo que Jesús no dijo.
No dijo simplemente: “Antes que Abraham existiera, yo existía.”
La construcción es sorprendente:
“Antes que Abraham fuese, YO SOY.”
Abraham llegó a existir.
Jesús simplemente dice:
YO SOY.
Unas palabras que un judío difícilmente podía escuchar con indiferencia
Para comprender el impacto debemos regresar al libro de Éxodo.
Cuando Moisés pregunta a Dios qué nombre deberá dar a los israelitas cuando pregunten quién lo ha enviado, Dios responde:
“YO SOY EL QUE SOY.”
“Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.”
Éxodo 3:14, RVR1960
El texto hebreo utiliza Ehyeh (אהיה), mientras que Juan escribe en griego egō eimi (ἐγώ εἰμι), “yo soy”. Por eso debemos ser precisos: Jesús no está pronunciando literalmente las cuatro letras del nombre YHWH.
Pero la conexión conceptual resulta extraordinariamente importante, especialmente cuando Juan presenta repetidamente a Jesús utilizando la expresión “Yo soy”.
Y el propio relato nos permite comprobar que sus palabras no fueron recibidas como una observación inocente.
El siguiente versículo dice:
“Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo.”
Juan 8:59, RVR1960
¿Por qué piedras?
Porque quienes estaban frente a Jesús comprendieron que acababan de escuchar una afirmación extraordinaria acerca de su identidad.
Aquello no era una conversación teológica tranquila.
Querían apedrearlo.
Jesús estaba afirmando algo todavía más grande: existía antes de Abraham
Incluso antes de discutir la expresión “YO SOY”, existe una afirmación imposible de pasar por alto.
Jesús estaba afirmando preexistencia.
Abraham había vivido muchos siglos antes del nacimiento de Jesús en Belén. Sin embargo, Jesús habla de sí mismo como alguien cuya existencia precede a Abraham.
Esto aparece nuevamente en la oración de Jesús poco antes de su muerte:
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.”
Juan 17:5, RVR1960
Aquí la afirmación se vuelve todavía más sorprendente.
Jesús ya no habla solamente de existir antes que Abraham.
Habla de una gloria compartida con el Padre antes de que existiera el mundo.
Y unos versículos después declara:
“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.”
Juan 17:24, RVR1960
La afirmación ya no puede limitarse a: “Jesús cree que existía antes que Abraham”.
Su horizonte se extiende antes de la creación del mundo.
Y no fue la única vez que dijo “YO SOY”
Aquí comienza una de las características más fascinantes del Evangelio de Juan.
Jesús utiliza repetidamente la expresión “Yo soy”.
Algunas veces añade una descripción:
“Yo soy el pan de vida.”
Juan 6:35
“Yo soy la luz del mundo.”
Juan 8:12
“Yo soy la puerta.”
Juan 10:9
“Yo soy el buen pastor.”
Juan 10:11
“Yo soy la resurrección y la vida.”
Juan 11:25
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.”
Juan 14:6
“Yo soy la vid verdadera.”
Juan 15:1
Cada una merece estudiarse individualmente.
Pero existen otros momentos todavía más intrigantes en los que aparece egō eimi de manera absoluta o particularmente enfática.
Jesús dice:
“Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.”
Juan 8:24, RVR1960
Más adelante:
“Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy…”
Juan 8:28, RVR1960
Y finalmente:
“Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy.”
Juan 13:19, RVR1960
La repetición difícilmente pasa inadvertida.
Hay un “YO SOY” todavía más impresionante
La noche en que Jesús fue arrestado ocurrió algo particularmente extraño.
Judas llega acompañado de soldados y otras personas para detenerlo.
Jesús pregunta:
“¿A quién buscáis?”
Ellos responden:
“A Jesús nazareno.”
Entonces Jesús contesta:
“Yo soy.”
Juan 18:4-5, RVR1960
Y Juan añade inmediatamente:
“Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.”
Juan 18:6, RVR1960
La escena resulta impresionante.
Llegaron para arrestar a Jesús.
Él pronuncia:
“YO SOY.”
Y quienes vienen a detenerlo retroceden y caen al suelo.
No debemos construir toda la doctrina de la divinidad de Cristo únicamente sobre este episodio; “yo soy” también puede funcionar en griego como una identificación normal: “soy yo”. Pero dentro de la estructura del Evangelio de Juan, después de todos los usos anteriores de egō eimi, resulta difícil no percibir la enorme carga literaria y teológica de la escena.
El Antiguo Testamento hace que estas palabras resulten todavía más interesantes
En Isaías encontramos declaraciones de Dios que presentan sorprendentes paralelos:
“Para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.”
Isaías 43:10, RVR1960
Y nuevamente:
“Aun antes que hubiera día, yo era…”
Isaías 43:13, RVR1960
Dios se presenta como aquel cuya existencia no depende de ninguna criatura.
Esto nos ayuda a comprender por qué las palabras de Jesús resultaban tan extraordinarias dentro del monoteísmo judío.
Pero hay algo todavía mayor: el Nuevo Testamento lo coloca antes de todas las cosas
Posteriormente los primeros cristianos describieron a Jesús de una manera que encaja sorprendentemente con estas declaraciones.
Juan comienza su Evangelio:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
Juan 1:1, RVR1960
Y posteriormente declara:
“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”
Juan 1:3, RVR1960
Pablo expresará una idea semejante acerca de Cristo:
“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.”
Colosenses 1:17, RVR1960
Aquí aparece precisamente la idea que queremos investigar: Cristo no solamente es presentado como anterior a Abraham, sino anterior a todas las cosas creadas; y además, todas las cosas subsisten en Él.
Hebreos lleva la afirmación todavía más lejos al hablar del Hijo como aquel por quien Dios hizo el universo y quien:
“…sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…”
Hebreos 1:3, RVR1960
Sin embargo, debemos distinguir cuidadosamente las evidencias. Juan 8:58 registra lo que Jesús dice de sí mismo; Colosenses y Hebreos muestran cómo posteriormente sus primeros seguidores entendieron su identidad. Esta distinción hará nuestra investigación mucho más sólida.
Intente escucharlo como si fuera la primera vez
Quizá este sea el ejercicio más importante.
Olvidemos por unos segundos que conocemos el final de la historia.
Estamos en Jerusalén.
Frente a nosotros hay un hombre de Nazaret de aproximadamente treinta años.
Y aquel hombre nos dice:
Antes de Abraham… YO SOY.
Después afirma haber poseído gloria junto al Padre antes que el mundo existiera.
Declara:
Yo soy la luz.
Yo soy la vida.
Yo soy la resurrección.
Yo soy el camino.
Yo soy el buen pastor.
Si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis.
Ahora podemos comprender mejor las reacciones.
Algunos pensaron que estaba fuera de sí.
Otros lo acusaron de blasfemia.
Otros quisieron matarlo.
¡Era para no dormir aquella noche!
Porque solamente quedaban posibilidades extraordinarias.
O aquel hombre estaba realizando afirmaciones inconcebibles acerca de sí mismo…
o verdaderamente era quien decía ser.
Y nosotros apenas hemos comenzado a examinar el caso.
Referencias bíblicas
- Éxodo 3:13-15.
- Isaías 43:10-13.
- Juan 1:1-3.
- Juan 6:35.
- Juan 8:12, 24, 28, 56-59.
- Juan 10:9, 11.
- Juan 11:25.
- Juan 13:19.
- Juan 14:6.
- Juan 15:1.
- Juan 17:5, 24.
- Juan 18:4-6.
- Colosenses 1:15-17.
- Hebreos 1:1-3.
Para profundizar
- D. A. Carson, The Gospel According to John. Eerdmans.
- Craig S. Keener, The Gospel of John: A Commentary. Baker Academic.
- Richard Bauckham, Jesus and the God of Israel. Eerdmans.
- Andreas J. Köstenberger, John. Baker Academic.
- Larry W. Hurtado, Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity. Eerdmans.
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