03. ¿Y si todavía pudiéramos visitar la tumba de Jesucristo?

Por el Dr. Elio M Rivera

Introducción

  En el capítulo anterior dejamos que los Evangelios nos dijeran cómo era el lugar donde Jesucristo fue sepultado. Ahora ha llegado el momento de hacer algo diferente: salir del texto y dirigirnos al lugar.

  Si los Evangelios pueden ser utilizados como documentos históricos, entonces sus afirmaciones también pueden ser examinadas. No tenemos que conformarnos únicamente con creer que existió un sepulcro. Podemos preguntarnos si existe en Jerusalén un lugar cuyas características geográficas, topográficas y físicas correspondan con aquello que Mateo, Marcos, Lucas y Juan describieron hace casi dos mil años.

  Existe un lugar conocido actualmente como la Tumba del Huerto. Se encuentra fuera de los muros de la Ciudad Vieja de Jerusalén y muy cerca de una formación rocosa conocida como el Monte de la Calavera. En el lugar existe una tumba excavada en la roca y evidencias relacionadas con la existencia de un antiguo huerto.

  He tenido el privilegio de visitar personalmente este lugar, caminar por él, entrar en la tumba y fotografiar muchas de sus características. Por esta razón, en este capítulo no quiero limitarme a describir lo que otros han dicho. Quiero llevar al lector conmigo y mostrarle lo que yo mismo pude observar.

  A través de las siguientes fotografías examinaremos la entrada del sepulcro, su interior, el lugar destinado para colocar un cuerpo, la altura de la entrada, el canal existente frente a la tumba, el espacio exterior, la cisterna del antiguo huerto y la extraordinaria proximidad del lugar conocido como el Monte de la Calavera.

  Después compararemos estas características con aquello que dicen los Evangelios.

  No le pido al lector que llegue a una conclusión antes de examinar la evidencia. Pero tampoco considero justo descartar este lugar simplemente porque la fuente histórica que estamos utilizando es la Biblia.

  Tenemos el relato. Tenemos el lugar. Y tenemos las fotografías.

  Ahora pongamos las tres cosas una al lado de la otra y hagamos una pregunta:

¿Coincide la Tumba del Huerto con la descripción que dejaron los Evangelios?

  Veamos la evidencia.

Fotografía 1. Entrada a la Tumba del Huerto.
Fotografía tomada durante mi visita a Jerusalén, junto al señalamiento que indica el acceso a la Tumba del Huerto. A partir de aquí iniciaremos nuestro recorrido por el lugar y examinaremos sus principales características.

Fotografía 2. Vista frontal de la Tumba del Huerto.
Aquí podemos observar la tumba directamente excavada en la roca, una de las características que los Evangelios señalan acerca del sepulcro donde fue colocado el cuerpo de Jesús.

Fotografía 3. La entrada al sepulcro.
Aquí podemos apreciar de cerca la entrada de la Tumba del Huerto, excavada directamente en la roca. Sus dimensiones permiten comprender mejor el relato de Juan, quien tuvo que inclinarse para mirar dentro del sepulcro (Juan 20:5).

Fotografía 4. Interior de la Tumba del Huerto.
Esta fotografía permite apreciar el espacio interior del sepulcro y su altura, mostrando que varias personas pueden permanecer dentro de él, tal como los Evangelios describen a varias personas entrando y observando el interior de la tumba.

Fotografía 5. El lugar destinado para el cuerpo.
Aquí puede observarse uno de los espacios excavados en la roca para colocar un cuerpo. Su forma alargada permite visualizar mejor la descripción de Juan, quien menciona «la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto» (Juan 20:12). Un detalle particularmente interesante es que la zona correspondiente a la cabeza parece haber sido ampliada posteriormente, como si el espacio original hubiera resultado insuficiente para la persona que debía ser colocada allí. A partir de la longitud resultante se ha estimado que el cuerpo para el cual fue acondicionado este espacio habría medido aproximadamente 1.80 metros de estatura.

Fotografía 6. Una entrada que obliga a inclinarse.
Esta fotografía permite apreciar claramente la altura de la entrada del sepulcro. Para entrar o salir es necesario inclinarse, un detalle que concuerda notablemente con Juan cuando dice que «bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí» (Juan 20:5).

Fotografía 7. Es necesario inclinarse para mirar dentro.
En esta fotografía muestro personalmente que, para mirar al interior de la tumba desde la entrada, es necesario inclinarse, exactamente como lo describe Juan: «Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí» (Juan 20:5).

Fotografía 8. El gran canal frente a la tumba.
Aquí puede observarse el amplio canal excavado frente a la entrada del sepulcro, lo suficientemente grande como para haber alojado una piedra de gran tamaño. Este detalle resulta especialmente interesante al compararlo con los Evangelios, que señalan que la entrada de la tumba fue cerrada con una gran piedra.

Fotografía 9. La magnitud de la piedra que pudo cerrar el sepulcro.
En esta fotografía puede apreciarse el gran espacio semicircular junto a la entrada, relacionado con el recorrido que habría podido seguir una enorme piedra de cierre. Para tener una referencia de escala, yo mido 1.92 metros, y aun así mi figura se ve pequeña frente a la dimensión de esta estructura. Esto ayuda a visualizar mejor la expresión de Marcos: «la piedra… era muy grande» (Marcos 16:4).

Fotografía 10. Ejemplo de una piedra utilizada para cerrar una tumba.
Esta piedra no pertenece originalmente a la Tumba del Huerto; se muestra únicamente como referencia para que el lector pueda visualizar el tipo de gran piedra que podía utilizarse para cerrar la entrada de una sepultura en aquella época. Así resulta más fácil comprender la preocupación de las mujeres: «¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?» (Marcos 16:3).

Fotografía 11. La gran cisterna del huerto.
Esta fotografía muestra el interior de la enorme cisterna utilizada para almacenar agua, una evidencia importante de que el lugar funcionó como huerto y necesitaba una reserva considerable para el riego. Esto resulta especialmente significativo al recordar que Juan afirma que junto al lugar de la crucifixión había un huerto (Juan 19:41).

Fotografía 12. Entrada a la cisterna del huerto.
Aquí puede observarse la abertura de acceso a la gran cisterna utilizada para almacenar agua. Esta estructura ayuda a comprender que el lugar necesitaba una importante reserva de agua, algo totalmente coherente con la existencia de un huerto, tal como lo describe Juan 19:41.

Fotografía 13. El Gólgota, a muy corta distancia de la Tumba del Huerto.
Desde la zona de la Tumba del Huerto puede observarse, a escasos metros, la formación rocosa conocida como el Monte de la Calavera. En la pared de piedra se distinguen claramente formas que recuerdan las cuencas de los ojos y la nariz de una calavera, razón por la cual este lugar ha sido relacionado con el Gólgota. Esta cercanía resulta especialmente significativa porque Juan afirma que en el lugar donde Jesús había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro (Juan 19:41).

Fotografía 14. La ventana y el espacio frente al sepulcro.
En la parte superior derecha de la entrada puede observarse una pequeña ventana que permite el paso de la luz al interior de la tumba, haciendo posible distinguir lo que hay dentro aun con iluminación natural. Además, frente al sepulcro existe un espacio suficientemente amplio para que varias personas permanecieran allí, compatible con la presencia de una guardia vigilando la entrada, tal como relata Mateo 27:65-66.

Conclusión: juzguemos la evidencia

  Después de recorrer el lugar y comparar sus características con los relatos de los Evangelios, llega el momento de hacer lo mismo que hemos venido haciendo a lo largo de esta investigación: poner la evidencia sobre la mesa y juzgarla.

  Los Evangelios nos dijeron qué debíamos buscar. No inventamos las características después de encontrar la tumba. La descripción estaba escrita desde hace casi dos mil años.

  La Biblia afirma que Jesucristo fue crucificado fuera de la ciudad (Hebreos 13:12; Juan 19:20). La Tumba del Huerto se encuentra fuera de los muros de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

  Juan nos dijo que en el lugar donde Jesús fue crucificado había un huerto, y que dentro de ese huerto había un sepulcro (Juan 19:41). En este lugar encontramos una tumba situada en un área que presenta evidencias de haber sido utilizada como huerto, entre ellas una enorme cisterna destinada al almacenamiento de agua.

  Los Evangelios dijeron que el sepulcro había sido excavado en la roca (Mateo 27:60; Marcos 15:46; Lucas 23:53). La tumba que tenemos delante está excavada directamente en la roca.

  Nos dijeron que la entrada fue cerrada con una gran piedra, y Marcos enfatiza que aquella piedra «era muy grande» (Marcos 16:4). Frente a esta tumba existe un gran canal asociado con un sistema de cierre mediante piedra, y el tamaño del área nos permite comprender perfectamente la magnitud que podía alcanzar una piedra semejante.

  Juan escribió que, para mirar dentro del sepulcro, tuvo que inclinarse (Juan 20:5). Yo mismo pude comprobar y fotografiar que para mirar desde la entrada hacia el interior de esta tumba es necesario inclinarse.

  Los Evangelios describen personas entrando en el sepulcro (Marcos 16:5; Juan 20:6). Como muestran nuestras fotografías, existe suficiente espacio en su interior para que varias personas permanezcan allí.

  Juan incluso menciona a dos ángeles sentados, «el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto» (Juan 20:12). Dentro de esta tumba puede observarse claramente el espacio destinado a colocar un cuerpo, con lugar a ambos extremos.

  Además, frente al sepulcro existe suficiente espacio para la presencia de varias personas, algo perfectamente compatible con el relato de Mateo acerca de la guardia colocada para custodiar la tumba (Mateo 27:62-66).

  Entonces, ¿qué hacemos con toda esta evidencia?

  Tenemos una tumba excavada en la roca. Tenemos un lugar asociado con un antiguo huerto. Tenemos una gran cisterna para almacenar agua. Tenemos una entrada baja que obliga a inclinarse para mirar. Tenemos espacio suficiente en el interior. Tenemos un lugar destinado para colocar un cuerpo. Tenemos evidencias relacionadas con un sistema de cierre mediante una gran piedra. Tenemos espacio frente al sepulcro para una guardia. Tenemos, a muy corta distancia, la formación rocosa tradicionalmente conocida como el Monte de la Calavera. Y todo este conjunto se encuentra fuera de los muros de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

  ¿Significa esto que podemos colocar una placa arqueológica que diga: «Se ha demostrado científicamente que esta fue, sin ninguna posibilidad de duda, la tumba de Jesucristo»?

  No necesitamos afirmar más de lo que la evidencia permite.

  Pero tampoco debemos afirmar menos.

  Las coincidencias entre este lugar y la descripción de los Evangelios son numerosas y extraordinariamente interesantes.

  Por eso, después de haber estado personalmente en este lugar, caminar por él, entrar en la tumba, observar sus características y compararlas con los relatos bíblicos, considero que existen razones serias para tomar la Tumba del Huerto como candidata al lugar de la sepultura de Jesucristo.

  Y aquí volvemos al principio de nuestra investigación.

  Si utilizamos documentos antiguos para localizar ciudades, barcos, palacios y tumbas de personajes históricos, ¿por qué habríamos de negarnos a utilizar los Evangelios para investigar los lugares relacionados con Jesucristo?

  Yo no le pido al lector que acepte mi conclusión simplemente porque yo la afirmo.

  Le he mostrado el texto. Le he mostrado el lugar. Le he mostrado las fotografías.

  Ahora observe nuevamente la evidencia.

  Compárela con los Evangelios.

  Y juzgue usted mismo.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.