Por el Dr. Elio M Rivera
En algunos de los ríos más fríos del hemisferio norte comienza una historia que parece escrita alrededor de una pregunta imposible. Un pequeño salmón nace entre corrientes de agua dulce, crece durante una etapa de su vida y después abandona ese ambiente para dirigirse hacia el océano. Allí puede pasar años recorriendo enormes extensiones marinas. Sin embargo, cuando llega el momento de reproducirse, muchos salmones emprenden un viaje extraordinario de regreso hacia la región donde comenzó su vida.
La hazaña plantea una pregunta fascinante: ¿cómo puede un pez abandonar un río, internarse en el océano y después encontrar nuevamente el camino hacia su lugar de origen? La respuesta involucra memoria olfativa, sensibilidad a señales ambientales, cambios fisiológicos y una extraordinaria capacidad de orientación.
El salmón no depende de una sola pista. Su navegación parece utilizar distintas fuentes de información en diferentes etapas del viaje. En mar abierto pueden intervenir señales relacionadas con el campo magnético terrestre y otras características del ambiente. Cuando se aproxima a la costa y entra nuevamente en sistemas fluviales, el olfato adquiere una importancia extraordinaria.

El Salmón, ¿Cómo encuentra el camino después de años en el océano?
El libro de Job invita al ser humano a observar las criaturas y aprender de ellas:
“Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán.”
(Job 12:7)
El salmón constituye una magnífica oportunidad para hacerlo. A primera vista parece simplemente un pez fuerte capaz de nadar contra la corriente. Pero detrás de su migración existe una coordinación de sentidos y procesos fisiológicos que continúa despertando el interés de los científicos.
Durante sus primeras etapas, muchos salmones pasan tiempo en ríos y arroyos. Allí entran en contacto con una combinación particular de sustancias químicas disueltas en el agua. Cada sistema fluvial posee una especie de “firma química” formada por minerales, materia orgánica y otros compuestos presentes en su cuenca.
El sistema olfativo del pez puede registrar parte de esa información durante una etapa crucial de su desarrollo.
El río deja una huella química
Cuando el salmón juvenil todavía vive en agua dulce, su cerebro procesa las señales químicas presentes a su alrededor. Investigaciones han mostrado que determinadas especies desarrollan una fuerte memoria olfativa asociada con su río natal.
Años después, cuando el adulto regresa desde el océano, esa memoria puede ayudarle a reconocer las aguas correctas.
El principio resulta impresionante. Para nosotros, un río puede parecer simplemente agua que fluye entre rocas. Para el salmón contiene una combinación química que puede funcionar como una identidad.
El pez no necesita leer un nombre escrito en una señal.
El agua misma contiene información.
Una nariz extraordinariamente sensible
El sistema olfativo del salmón está preparado para detectar sustancias en concentraciones muy bajas.
El agua entra en contacto con estructuras sensoriales situadas en las cavidades olfativas, donde receptores especializados responden a moléculas específicas.
Las señales viajan después hacia el cerebro.
Cuando el pez se aproxima a regiones conocidas, determinadas combinaciones químicas pueden ayudarlo a seleccionar entre diferentes corrientes y afluentes.
Este mecanismo resulta especialmente importante durante la última etapa del viaje, cuando pequeñas diferencias pueden determinar qué río debe seguir.
Pero primero tiene que encontrar el continente correcto
El olfato por sí solo no explica toda la migración.
En mar abierto, un salmón puede encontrarse demasiado lejos como para detectar directamente las sustancias de su río natal.
Necesita otras referencias.
Los científicos han encontrado evidencias de que los salmones pueden utilizar información relacionada con el campo magnético terrestre durante sus desplazamientos oceánicos.
Nuestro planeta posee un campo magnético con características que cambian según la ubicación. Intensidad e inclinación pueden proporcionar una especie de mapa físico.
El salmón parece ser capaz de detectar parte de esa información.
Un mapa que nosotros no podemos sentir
Los seres humanos necesitamos una brújula para detectar fácilmente la dirección magnética.
El salmón posee mecanismos sensoriales que le permiten responder a señales que para nosotros pasan inadvertidas.
Esto no significa que lleve dentro una brújula semejante a un instrumento mecánico. Significa que su sistema sensorial puede utilizar propiedades del campo magnético como una fuente adicional de orientación.
Durante la travesía oceánica, esta capacidad puede ayudarlo a mantener rutas generales y aproximarse nuevamente a regiones costeras asociadas con su origen.
Cuando llega suficientemente cerca, otras señales adquieren mayor importancia.
Navegación por etapas
Una manera útil de comprender el viaje del salmón es imaginar un sistema de navegación que cambia conforme se aproxima al destino.
En mar abierto necesita referencias a gran escala.
Cerca de la costa puede utilizar características ambientales regionales.
Dentro de los ríos, el olfato proporciona señales mucho más específicas.
Cada sistema actúa donde resulta más útil.
Una señal química local no serviría en mitad del océano. Un mapa magnético general no bastaría para distinguir entre dos pequeños afluentes separados por poca distancia.
La precisión aparece cuando diferentes sentidos trabajan en distintas escalas.
Antes de salir al mar, el cuerpo también debe cambiar
La migración no consiste únicamente en saber hacia dónde nadar.
El salmón enfrenta otro desafío enorme: pasar de agua dulce a agua salada.
Las condiciones químicas de ambos ambientes son muy diferentes.
En agua dulce, el pez tiende a ganar agua y perder sales. En el océano ocurre lo contrario: el ambiente salino favorece la pérdida de agua corporal y la entrada de sales.
Para sobrevivir, el organismo debe modificar la manera en que regula agua e iones.
Este proceso exige cambios en branquias, riñones, intestino y sistemas hormonales.
Las branquias hacen mucho más que respirar
Normalmente pensamos en las branquias únicamente como órganos respiratorios.
Sin embargo, también desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de sales.
Células especializadas de las branquias pueden modificar su actividad según el ambiente donde se encuentre el pez.
Durante la transición hacia el agua de mar, aumentan mecanismos que permiten eliminar determinadas sales que entran en exceso.
Cuando el salmón regresa al agua dulce, esos sistemas vuelven a modificarse.
La misma estructura necesita funcionar de manera distinta según el lugar donde vive.
Un cuerpo capaz de vivir en dos mundos
Este cambio fisiológico recibe el nombre de smoltificación en determinadas etapas juveniles del salmón.
Hormonas, enzimas y proteínas transportadoras modifican su actividad para preparar al pez antes de entrar al océano.
No basta con nadar desde un río hasta el mar.
El organismo completo necesita estar preparado para un ambiente químicamente distinto.
Años después ocurre otro reajuste cuando el adulto comienza su regreso hacia el agua dulce.
La migración es, por tanto, geográfica y fisiológica al mismo tiempo.

El salmón, su viaje de regreso puede ser agotador
Cuando el salmón adulto entra nuevamente en un río, comienza una etapa físicamente exigente.
Debe nadar contra la corriente, superar rápidos y recorrer grandes distancias.
En algunos sistemas fluviales puede incluso saltar obstáculos y ascender por zonas donde el flujo del agua es intenso.
La energía necesaria es enorme.
Durante esta etapa, diferentes especies pueden reducir o incluso suspender casi por completo la alimentación.
El viaje depende entonces principalmente de las reservas energéticas acumuladas anteriormente.
Músculos, corazón y respiración trabajan al límite
Nadar río arriba exige un esfuerzo sostenido.
Los músculos necesitan producir energía constantemente.
Las branquias deben extraer oxígeno del agua.
El corazón distribuye ese oxígeno hacia los tejidos activos.
Las reservas de grasa y otras fuentes energéticas comienzan a utilizarse.
La migración no depende solamente de orientación.
También requiere resistencia fisiológica.
Un pez que conoce el camino pero carece de energía suficiente no podría completar el viaje.
La corriente que intenta detenerlo también le da información
Dentro del río, el movimiento del agua puede proporcionar otra referencia importante.
Los salmones muestran respuestas relacionadas con la dirección de la corriente y utilizan el flujo para orientarse río arriba.
La percepción del movimiento del agua permite mantener una trayectoria adecuada.
Una vez más aparece una combinación de señales.
Olfato, corriente, memoria y orientación trabajan conjuntamente durante las últimas etapas del viaje.

El salmón, un pez capaz de regresar a su lugar natal
Regresar no significa solamente volver al mismo río
En muchas poblaciones existe una notable fidelidad al lugar natal.
Numerosos adultos regresan no solamente a la misma región, sino a sistemas fluviales muy específicos y, en algunos casos, a tributarios cercanos a donde comenzaron su vida.
No todos regresan exactamente al punto de nacimiento, pero la precisión general resulta extraordinaria.
Esta fidelidad explica por qué poblaciones distintas pueden estar asociadas con cuencas particulares.
El río de origen forma parte de la historia del pez.
El último esfuerzo: reproducirse
Cuando finalmente alcanza las zonas de reproducción, el salmón ha completado un viaje extraordinario.
Las hembras buscan lugares apropiados del lecho del río donde el agua fluya y exista grava adecuada.
Con movimientos de la cola pueden formar depresiones conocidas como nidos o redds.
Allí depositan los huevos, mientras los machos liberan esperma para fecundarlos.
Posteriormente la hembra puede mover nuevamente grava para ayudar a cubrirlos.
La nueva generación comienza su existencia precisamente en el ambiente hacia el cual los adultos realizaron toda la migración.
Un ciclo marcado por el sacrificio
En muchas especies de salmón del Pacífico, los adultos mueren después de reproducirse.
El organismo ha invertido enormes cantidades de energía en la migración y reproducción.
Sus cuerpos permanecen entonces dentro del ecosistema del río y pueden convertirse en alimento para otros animales y fuente de nutrientes para el ambiente.
Osos, aves, pequeños mamíferos, insectos y microorganismos pueden aprovechar esos recursos.
La vida de un pez termina contribuyendo de distintas maneras al sistema donde comenzará la siguiente generación.
El río también recibe algo del océano
Existe un aspecto ecológico fascinante en esta historia.
Los salmones crecen en el océano y acumulan nutrientes obtenidos allí.
Cuando regresan a los ríos, transportan parte de esos nutrientes hacia ecosistemas de agua dulce y bosques cercanos.
Los restos de salmones consumidos por depredadores pueden quedar distribuidos incluso fuera del cauce.
Así, un animal que viaja entre dos ambientes también conecta nutricionalmente ambos mundos.
El océano llega de alguna manera al bosque a través del salmón.
El viaje comienza mucho antes de regresar
Para comprender realmente la migración debemos regresar al principio.
El pequeño pez que crece en el río necesita registrar información del ambiente antes de marcharse.
Su organismo cambia para tolerar agua salada.
Después pasa años en el océano.
Cuando llega el momento de regresar, utiliza señales de gran escala para aproximarse a la costa y posteriormente la memoria olfativa ayuda a encontrar aguas específicas.
La navegación final depende de información adquirida mucho tiempo antes.
El camino de regreso comenzó a prepararse cuando el pez todavía no había partido.
Cuando la memoria está asociada con un olor
Los seres humanos relacionamos recuerdos con imágenes, lugares, sonidos e incluso aromas.
En el salmón, la memoria química posee un papel especialmente importante.
El olor de un sistema fluvial no significa una sola molécula. Es una combinación de señales presentes en el agua.
El cerebro necesita reconocer un patrón.
Esta capacidad demuestra que la memoria no pertenece únicamente a animales con grandes cerebros.
Puede aparecer como parte de sistemas especializados para resolver problemas concretos de supervivencia y reproducción.
Una ruta sin caminos visibles
Cuando contemplamos un mapa podemos seguir carreteras, fronteras y nombres.
El salmón no dispone de nada semejante.
El océano no contiene letreros.
Los ríos se dividen en numerosos afluentes.
Las corrientes cambian y las condiciones ambientales varían.
Sin embargo, el pez posee sentidos capaces de extraer información de señales que nosotros difícilmente utilizaríamos.
Para nuestros ojos, el agua puede parecer uniforme.
Para el salmón contiene dirección, química y memoria.
Una pequeña criatura resolviendo un enorme problema de navegación
El libro de Job declara:
“¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia?”
(Job 38:36)
El salmón proporciona una magnífica oportunidad para reflexionar sobre esa pregunta.
La ciencia puede estudiar receptores olfativos, realizar experimentos con campos magnéticos, seguir peces mediante transmisores y analizar los cambios fisiológicos que permiten pasar de agua dulce a agua salada.
Cada investigación revela una parte del mecanismo.
Pero cuando reunimos todas esas partes aparece algo mucho más impresionante: un organismo capaz de cambiar de ambiente, recorrer enormes distancias, orientarse mediante señales diferentes y regresar a la región donde comenzó su vida.
El camino de regreso
El salmista escribió:
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
La Biblia no pretende explicar el magnetismo terrestre, la memoria olfativa del salmón ni los mecanismos hormonales que regulan el equilibrio de sales. Estas preguntas corresponden a la fisiología, la zoología, la neurobiología y la física.
Las Escrituras nos invitan, sin embargo, a observar la creación y reconocer la sabiduría presente en ella.
El salmón constituye un magnífico ejemplo. Nace en agua dulce, memoriza señales químicas de su entorno, modifica su fisiología para entrar en el océano y pasa allí una parte importante de su vida. Años después comienza un viaje en dirección contraria.
En mar abierto puede utilizar información relacionada con el campo magnético. Cerca de la costa aparecen nuevas referencias. Finalmente, cuando encuentra las aguas correctas, su extraordinario sistema olfativo comienza a reconocer la firma química de los ríos.
Afluente tras afluente, continúa avanzando.
Nada contra la corriente.
Utiliza sus reservas.
Y finalmente llega a una región asociada con el lugar donde todo comenzó.
Desde la perspectiva bíblica, conocer estos mecanismos aumenta nuestra admiración. El salmón nos recuerda que el mundo natural está lleno de señales invisibles para nosotros, pero perfectamente útiles para otras criaturas. En un océano sin caminos y un río sin letreros, este extraordinario pez encuentra el camino de regreso mediante una combinación de memoria, sentidos y fisiología que nos permite contemplar otra hermosa manifestación de la sabiduría del Creador.
Referencias
Escrituras consultadas
- Génesis 1:20-23.
- Job 12:7-10.
- Job 38:36.
- Salmo 104:24-25.
- Salmo 111:2.
- Proverbios 3:19.
Bibliografía científica
- Quinn, T. P. The Behavior and Ecology of Pacific Salmon and Trout. University of Washington Press.
- Hasler, A. D. & Scholz, A. T. Olfactory Imprinting and Homing in Salmon. Springer.
- Groot, C. & Margolis, L. (eds.). Pacific Salmon Life Histories. UBC Press.
- Dittman, A. & Quinn, T. P. Investigaciones sobre memoria olfativa y regreso al río natal.
- Campbell, N. A. et al. Campbell Biology. Pearson.
Investigación científica especializada
- Hasler, A. D. y colaboradores. Estudios clásicos sobre impresión olfativa y regreso de salmones a sistemas fluviales específicos.
- Dittman, A. H. & Quinn, T. P. Investigaciones sobre memoria química y navegación durante la migración reproductiva.
- Putman, N. F. y colaboradores. Estudios experimentales sobre sensibilidad magnética y orientación oceánica en salmones.
- Lohmann, K. J. y colaboradores. Investigaciones sobre utilización de información geomagnética en navegación animal.
- Estudios fisiológicos sobre smoltificación, regulación hormonal y cambios en transporte de sales durante la transición entre agua dulce y agua marina.
Organizaciones y recursos científicos
- NOAA Fisheries. Información científica sobre migración, reproducción y fisiología del salmón.
- U.S. Geological Survey (USGS). Investigación sobre rutas migratorias y ecología de poblaciones de salmón.
- University of Washington. Estudios de largo plazo sobre comportamiento, orientación y ecología de salmones del Pacífico.
- Fisheries and Oceans Canada. Información sobre biología y conservación de especies de salmón.
- Pacific Salmon Foundation. Recursos sobre hábitat, migración y conservación de poblaciones de salmón.
¿Quieres profundizar en este tema?
Si este artículo despertó tu interés y deseas estudiar el tema con mayor profundidad, puedes encontrar un libro relacionado en nuestra Tienda Cristopedia.

Explora el museo la vida y obra de Jesucristo:
