3. La caída de Jerusalén

Por el Dr. Elio M Rivera

Las advertencias de los profetas finalmente se cumplieron.

Después de años de rebelión contra el dominio babilónico, el rey Nabucodonosor II decidió poner fin definitivamente a la resistencia de Judá. Su ejército rodeó Jerusalén y comenzó un largo sitio que cambiaría para siempre la historia del pueblo de Israel.

La ciudad, protegida por sus murallas y confiada en su aparente seguridad, quedó completamente aislada.

Nadie podía entrar.

Nadie podía salir.

Con el paso de los meses, los alimentos comenzaron a escasear. El hambre se volvió cada vez más intensa, hasta convertirse en uno de los mayores sufrimientos para la población. El libro de Lamentaciones describe con profundo dolor las consecuencias de aquel sitio, mostrando el sufrimiento de una ciudad que alguna vez había sido próspera y llena de vida.

La toma de Jerusalén por el ejército de Nabucodonosor

Finalmente, en el año 586 a.C. (según la cronología más ampliamente aceptada), los babilonios lograron abrir una brecha en las murallas de Jerusalén.

La ciudad había caído.

El rey Sedequías juzgado por Nabucodonosor

Al ver que todo estaba perdido, el rey Sedequías intentó escapar de noche junto con algunos de sus soldados. Sin embargo, fue alcanzado por el ejército babilónico en las llanuras de Jericó y llevado ante Nabucodonosor.

El desenlace fue trágico.

Los hijos de Sedequías fueron ejecutados delante de él, y después le sacaron los ojos. Así, el último rey de Judá fue llevado cautivo a Babilonia, donde permaneció hasta su muerte (2 Reyes 25:1–7).

Mientras tanto, los soldados babilonios entraron en Jerusalén.

El magnífico Templo que Salomón había construido casi cuatro siglos antes fue saqueado e incendiado. Los utensilios de oro y de bronce fueron llevados a Babilonia, los edificios principales quedaron destruidos y las murallas de la ciudad fueron derribadas.

La capital del reino de Judá quedó reducida a ruinas.

Con la destrucción del Templo desapareció también el centro de la vida religiosa de la nación. Aquel edificio, considerado durante generaciones como el orgullo de Israel, quedó convertido en un montón de escombros.

Miles de habitantes fueron deportados a Babilonia.

Solo permanecieron algunos de los más pobres para trabajar la tierra. La élite política, militar, religiosa y artesanal fue llevada al exilio, cumpliéndose así lo que Jeremías había anunciado durante tantos años.

La destrucción de Jerusalén y que fue predicha por el profeta Jeremías

Desde el punto de vista humano, todo parecía haber terminado.

El reino de Judá había desaparecido.

La dinastía de David había perdido el trono.

El Templo estaba destruido.

Jerusalén estaba desolada.

Y el pueblo vivía cautivo en una tierra extranjera.

Sin embargo, incluso en medio de aquella tragedia, Dios no había abandonado sus promesas.

Muchos años antes había anunciado no solo la destrucción de Jerusalén, sino también que el cautiverio tendría un límite. Después de setenta años, el pueblo regresaría a su tierra.

La caída de Jerusalén no era el final de la historia.

Era el comienzo de una nueva etapa en el cumplimiento del plan de Dios.

En el siguiente apartado veremos cómo, exactamente como había sido anunciado por el profeta Jeremías, el cautiverio llegó a su fin y los exiliados pudieron regresar para reconstruir la ciudad y el Templo.

Referencias

Fuentes bíblicas

  • 2 Reyes 24–25.
  • 2 Crónicas 36:17–21.
  • Jeremías 39:1–10.
  • Jeremías 52:1–30.
  • Lamentaciones 1–5.

Fuentes históricas

  • Crónicas Babilónicas (Crónica de Nabucodonosor).
  • Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, Libro X.

Bibliografía moderna

  • Edwin R. Thiele, The Mysterious Numbers of the Hebrew Kings.
  • Amihai Mazar, Archaeology of the Land of the Bible.
  • Kenneth A. Kitchen, On the Reliability of the Old Testament.
  • John Bright, A History of Israel.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.