Por el Dr. Elio M. Rivera
Hasta ahora hemos visto que la conciencia nos permite distinguir entre el bien y el mal, experimentar culpa cuando hacemos lo incorrecto y reconocer la existencia de una ley moral escrita en nuestro corazón.
Sin embargo, todavía queda una pregunta profundamente interesante.
Si la moral fuera únicamente una invención humana, ¿por qué admiramos ciertas virtudes en prácticamente todas las culturas?
¿Por qué el amor nos parece admirable?
¿Por qué respetamos la honestidad?
¿Por qué aplaudimos el sacrificio de quien entrega su vida para salvar a otros?
¿Por qué buscamos que nuestras vidas tengan un propósito y un significado?
Estas preguntas revelan una realidad extraordinaria acerca del corazón humano.
Admiramos el amor porque reconocemos su valor
Pocas virtudes reciben tanta admiración como el amor.
Nos conmueve una madre que arriesga su vida para salvar a su hijo. Admiramos al bombero que entra en un edificio en llamas para rescatar a un desconocido. Respetamos al médico que permanece junto a sus pacientes durante una epidemia y al misionero que deja las comodidades de su hogar para servir a personas necesitadas.
¿Por qué estas acciones despiertan admiración?
Desde una perspectiva puramente materialista, podrían parecer poco razonables. Quien arriesga su vida por otra persona pone en peligro su propia supervivencia.
Sin embargo, lejos de considerarlo un error, la humanidad suele reconocer ese sacrificio como una de las expresiones más elevadas de la nobleza humana.
La Biblia explica esta realidad porque Dios mismo es amor, y el ser humano fue creado a su imagen. Cuando contemplamos actos de amor genuino, reconocemos un reflejo del carácter del Creador.
La honestidad inspira confianza
Algo semejante ocurre con la honestidad.
Todos deseamos que nuestro médico nos diga la verdad. Esperamos que un juez sea imparcial, que un comerciante no nos engañe y que un amigo cumpla su palabra.
Incluso quienes actúan deshonestamente suelen esperar honestidad de los demás.
Un ladrón no desea ser robado.
Un mentiroso espera que otros le digan la verdad.
Un estafador quiere que el banco proteja su dinero.
Esta aparente contradicción revela que todos reconocemos, en lo más profundo del corazón, el valor de la honestidad.
El sacrificio posee una grandeza universal
Las culturas cambian, pero la admiración por el sacrificio permanece.
A lo largo de la historia se han levantado monumentos para recordar a hombres y mujeres que entregaron su vida defendiendo a otros, protegiendo a su familia o sirviendo a su nación.
No toda acción realizada durante una guerra es moralmente correcta. La historia también registra terribles atrocidades que la humanidad condena con razón. Sin embargo, cuando una sociedad honra a un soldado, a un rescatista o a un defensor de los inocentes, no está celebrando la violencia en sí misma. Está reconociendo valores como el valor, la entrega, la protección del débil y el amor al prójimo.
Incluso en los conflictos más difíciles, las personas continúan haciendo juicios morales. Distinguen entre quien protege deliberadamente a los inocentes y quien comete actos de crueldad contra ellos. Esa diferencia demuestra que seguimos apelando a un estándar moral.
Todos buscamos que la vida tenga sentido
Existe otra característica que distingue al ser humano.
No solo queremos vivir.
Queremos saber para qué vivimos.
Desde tiempos antiguos, hombres y mujeres de todas las culturas han buscado responder preguntas como:
¿Por qué existo?
¿Cuál es el propósito de mi vida?
¿Qué tiene verdadero valor?
¿Qué ocurre después de la muerte?
Estas preguntas trascienden la supervivencia biológica. Ningún animal organiza su existencia alrededor del propósito de la vida ni reflexiona acerca del significado de su propia existencia.
El ser humano sí lo hace porque fue creado para conocer a Dios y vivir en comunión con Él.
El remordimiento revela que sabemos cuando hemos fallado
Otra experiencia universal es el remordimiento.
Después de actuar incorrectamente, muchas personas sienten la necesidad de pedir perdón, reparar el daño o reconciliarse con quien ofendieron.
Aun quienes intentan justificar sus acciones suelen hacerlo precisamente porque saben que necesitan justificarlas.
El remordimiento constituye uno de los testimonios más claros de la conciencia moral.
No es simplemente tristeza por las consecuencias de nuestros actos. Es el reconocimiento de que hemos quebrantado aquello que sabemos que era correcto.
Una huella del Creador
Todas estas realidades apuntan en una misma dirección.
Admiramos el amor.
Valoramos la honestidad.
Reconocemos la nobleza del sacrificio.
Buscamos propósito para nuestra existencia.
Sentimos remordimiento cuando hacemos el mal.
Estas experiencias aparecen una y otra vez en la historia de la humanidad. Ninguna de ellas puede medirse con un microscopio ni pesarse en una balanza, pero todas forman parte de la experiencia humana más profunda.
La Biblia ofrece una explicación coherente.
El Dios que creó el universo también creó al ser humano a su imagen. Por ello, dejó en nuestro corazón no solamente la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, sino también el anhelo de la verdad, la justicia, el amor y el propósito.
Estas virtudes no son simples preferencias culturales ni accidentes de la evolución. Reflejan, aunque de manera imperfecta, el carácter del Creador.
Cada vez que admiramos el amor sacrificial, celebramos la honestidad, buscamos el sentido de la vida o sentimos remordimiento por el pecado, nuestra conciencia vuelve a señalar silenciosamente hacia Dios.
Es como una brújula interior que, aun cuando el ser humano intenta ignorarla, continúa apuntando hacia el Autor de toda verdad, de toda justicia y de todo amor.
Escuche música con propósito:
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
Descubra el museo la vida y obra de Jesucristo:
