12. ¿Puede la conciencia equivocarse? ¿Qué ocurre cuando una sociedad pierde su conciencia moral?

Por el Dr. Elio M. Rivera

  A lo largo de esta serie hemos afirmado que la conciencia constituye una de las evidencias más importantes de la existencia de Dios. Sin embargo, surge una pregunta que muchas personas formulan:

Si la conciencia proviene de Dios, ¿por qué algunas personas creen sinceramente que están haciendo lo correcto cuando en realidad están haciendo el mal?

  La respuesta de la Biblia es clara.

  La conciencia existe, pero no es infalible.

  La conciencia es semejante a una brújula. Una brújula bien calibrada señala correctamente el norte. Sin embargo, si se coloca junto a un poderoso imán o sufre un daño, puede indicar una dirección equivocada. El problema no está en la existencia de la brújula, sino en que ha sido alterada.

  Algo parecido ocurre con la conciencia humana.

  Dios la creó para dar testimonio del bien y del mal, pero el pecado afecta profundamente la capacidad del ser humano para discernir correctamente. Por eso la conciencia necesita ser formada, educada e iluminada por la verdad de Dios.

  Ya hemos visto que las Escrituras hablan de una conciencia buena, de una conciencia débil, de una conciencia contaminada e incluso de una conciencia cauterizada. Esto significa que la conciencia puede perder sensibilidad cuando una persona rechaza repetidamente aquello que sabe que es correcto.

  Cada vez que justificamos el pecado, ignoramos la verdad o llamamos bueno a lo malo, la voz de la conciencia se debilita un poco más.

  Pero este fenómeno no ocurre únicamente en individuos. También puede suceder en pueblos enteros.

Cuando una sociedad comienza a llamar bueno a lo malo

  La historia ofrece numerosos ejemplos de sociedades que terminaron aceptando prácticas que hoy consideramos profundamente injustas.

  En distintos momentos de la historia, algunos pueblos aprobaron la esclavitud, los sacrificios humanos, la persecución religiosa, la discriminación racial o el exterminio de poblaciones enteras. En aquellos lugares, muchas personas crecieron considerando normales esas prácticas.

  Sin embargo, con el paso del tiempo la humanidad llegó a reconocer que aquellas acciones eran moralmente incorrectas.

  ¿Qué ocurrió?

  ¿Cambió el bien y el mal?

  La Biblia responde que no.

  Lo que cambió fue la percepción moral de aquellas sociedades.

  La ley de Dios permaneció siendo la misma, pero la conciencia colectiva había sido deformada por años de costumbre, intereses, ideologías y pecado.

  Esto demuestra una verdad muy importante.

  El hecho de que muchas personas aprueben una conducta no la convierte automáticamente en correcta.

  La mayoría puede equivocarse.

  La historia lo ha demostrado repetidas veces.

La advertencia de las Escrituras

  La Biblia advierte claramente que el ser humano puede llegar a invertir completamente los valores morales.

  El profeta Isaías escribió:

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”
(Isaías 5:20).

  Estas palabras describen uno de los mayores peligros para cualquier sociedad.

  Cuando el bien deja de llamarse bien y el mal comienza a celebrarse, no cambia la realidad moral; cambia el corazón del hombre.

  La conciencia no desaparece, pero deja de cumplir correctamente su función.

Romanos 1: el deterioro de la conciencia

  El apóstol Pablo describe este proceso con extraordinaria claridad en el primer capítulo de Romanos.

  Explica que los seres humanos conocieron a Dios por medio de la creación, pero decidieron rechazar ese conocimiento.

  En lugar de honrar al Creador, comenzaron a sustituir la verdad por la mentira.

  Como consecuencia, su manera de pensar se fue oscureciendo progresivamente.

“Profesando ser sabios, se hicieron necios.”
(Romanos 1:22).

  Este deterioro no ocurrió de un día para otro.

  Fue el resultado de rechazar repetidamente la verdad.

  Cuando una persona o una sociedad insiste durante mucho tiempo en justificar el pecado, la conciencia pierde sensibilidad y termina considerando aceptable aquello que Dios declara incorrecto.

La verdad no cambia con las mayorías

  Vivimos en una época en la que con frecuencia se afirma que la moral depende únicamente de las preferencias personales o de las decisiones de la mayoría.

  Sin embargo, la historia demuestra que las mayorías también pueden equivocarse.

  Hubo generaciones que aprobaron la esclavitud.

  Otras justificaron la persecución religiosa.

  Algunas celebraron guerras injustas o sistemas profundamente opresivos.

  El hecho de que millones de personas estuvieran de acuerdo nunca convirtió esas acciones en moralmente correctas.

  La verdad no depende del número de quienes la aceptan.

  Del mismo modo, la ley moral de Dios no cambia porque cambien las opiniones humanas.

La necesidad de una referencia superior

  Precisamente por esa razón, la conciencia necesita una referencia que esté por encima de las culturas, de las ideologías y de las modas.

  Esa referencia es la Palabra de Dios.

  Las Escrituras no sustituyen la conciencia; la iluminan.

  La corrigen cuando se desvía.

  La fortalecen cuando se debilita.

  La despiertan cuando comienza a endurecerse.

  Y la orientan hacia la verdad revelada por el Creador.

  Por ello, la posibilidad de que la conciencia se equivoque no constituye una objeción contra la existencia de Dios. Al contrario, confirma la enseñanza bíblica de que el ser humano fue creado con una ley moral, pero que el pecado ha afectado profundamente todas las áreas de su vida.

  La conciencia sigue siendo una extraordinaria evidencia del Creador, pero necesita ser guiada por la verdad de Aquel que la puso en nuestro corazón.

  Cuando una persona permite que Dios transforme su manera de pensar, la conciencia recupera progresivamente la sensibilidad para distinguir con claridad entre el bien y el mal. Pero cuando una sociedad rechaza continuamente esa verdad, corre el peligro de perder su rumbo moral y de llamar bueno a aquello que destruye la dignidad del ser humano.

  Por eso, la respuesta no consiste en eliminar la conciencia ni en redefinir la moral según las preferencias de cada generación. La verdadera solución consiste en volver al Dios que escribió su ley en nuestro corazón y que, por medio de su Palabra, continúa guiando al ser humano por el camino de la verdad, la justicia y la vida.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.