5. Nazaret: La pequeña aldea que muchos dudaron que existiera

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Entre todos los lugares mencionados en los Evangelios, pocos están tan estrechamente ligados a la vida de Jesucristo como Nazaret. Fue allí donde pasó la mayor parte de su vida terrenal. Allí creció, trabajó y vivió antes de iniciar su ministerio público.

  Los Evangelios identifican repetidamente a Jesús con esta pequeña población de Galilea.

 Vista de la moderna ciudad de Nazaret

“Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret” (Mateo 2:23).

  Durante siglos, millones de cristianos leyeron acerca de Nazaret sin cuestionar su existencia. Sin embargo, a finales del siglo diecinueve y principios del veinte surgió una controversia inesperada.

  Algunos críticos comenzaron a afirmar que Nazaret quizá no existía en tiempos de Jesús.

  El argumento parecía sencillo.

  Ningún historiador antiguo importante mencionaba claramente la ciudad durante el siglo primero. Ni Flavio Josefo ni otros escritores de la época hablaban de ella a pesar de describir numerosas poblaciones de Galilea.

  Además, Nazaret parecía demasiado pequeña para aparecer en las fuentes históricas conocidas.

  Para algunos escépticos, aquello constituía un problema.

  ¿Y si los Evangelios habían atribuido a Jesús una ciudad que realmente no existía?

  La pregunta permaneció abierta durante décadas.

  Sin embargo, mientras el debate continuaba en universidades y publicaciones académicas, los arqueólogos comenzaron a investigar el terreno.

  La búsqueda tomó fuerza a finales del siglo diecinueve cuando diversas excavaciones empezaron a realizarse alrededor de la actual Nazaret.

  Los descubrimientos iniciales fueron modestos, pero importantes.

  Aparecieron antiguas cisternas, silos excavados en la roca y varias tumbas judías pertenecientes al período romano.

  Aquellos hallazgos indicaban que existía actividad humana en la zona durante la época de Jesús.

  Sin embargo, la evidencia más significativa todavía estaba por llegar.

  Durante el siglo veinte las excavaciones realizadas cerca de la actual Basílica de la Anunciación comenzaron a revelar restos de viviendas antiguas.

  Los arqueólogos descubrieron cuevas utilizadas como parte de hogares, depósitos de almacenamiento, estructuras agrícolas y evidencias de una pequeña comunidad judía establecida allí durante el siglo primero.

  Cada nuevo descubrimiento fortalecía la misma conclusión.

  Nazaret sí existía durante el tiempo de Jesús.

  Pero uno de los hallazgos más importantes ocurrió en el año dos mil nueve.

  La arqueóloga israelí Yardenna Alexandre, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, anunció el descubrimiento de una vivienda del siglo primero dentro de Nazaret.

  La casa contenía muros originales, un patio y elementos característicos de una familia judía de la época.

  Según los investigadores, se trataba de una de las primeras viviendas del tiempo de Jesús encontradas y excavadas científicamente en la ciudad.

  El hallazgo atrajo atención internacional.

  Por primera vez era posible contemplar físicamente una casa perteneciente al mismo período en que Jesús vivió en Nazaret.

  Las excavaciones continuaron revelando más información.

  Los arqueólogos descubrieron que Nazaret no era una ciudad importante como Séforis o Tiberíades.

  Por el contrario, parecía haber sido una pequeña aldea agrícola habitada por unas pocas centenas de personas.

  Sus habitantes cultivaban viñedos, olivos y otros productos agrícolas típicos de Galilea.

  La evidencia arqueológica también mostró que la población estaba compuesta principalmente por familias judías observantes.

  La ausencia de restos asociados al paganismo y la presencia de prácticas funerarias judías apoyaban esta conclusión.

  Todo encajaba sorprendentemente bien con el retrato presentado por los Evangelios.

  Pero quizá el descubrimiento más importante no fue una casa, una tumba o una cisterna.

  Fue la confirmación de la propia existencia de la ciudad.

  Durante años algunos habían afirmado que Nazaret era una invención posterior.

  Sin embargo, las excavaciones demostraron que la población existía precisamente durante el período en que los Evangelios sitúan la infancia y juventud de Jesús.

  Hoy los visitantes pueden recorrer la moderna ciudad de Nazaret y contemplar diversos lugares relacionados con aquellos descubrimientos.

  Bajo la Basílica de la Anunciación pueden observarse restos arqueológicos de antiguas viviendas y estructuras excavadas en la roca.

  Muy cerca se encuentra la Iglesia de San José, construida sobre complejos subterráneos pertenecientes a antiguos hogares.

  Además, varios hallazgos arqueológicos se conservan en museos y centros de investigación de la región.

  Quizá la lección más interesante de Nazaret sea que su aparente insignificancia terminó convirtiéndose en una evidencia a favor de los Evangelios.

  Si los autores hubieran querido inventar una historia, probablemente habrían escogido una ciudad importante y reconocida.

  Sin embargo, situaron la infancia de Jesús en una pequeña aldea prácticamente desconocida.

  Precisamente por eso resultó tan difícil encontrarla en los registros históricos.

  Pero las excavaciones terminaron revelando que aquella modesta población realmente existió.

  Las casas estuvieron allí.

  Las calles estuvieron allí.

  Las familias estuvieron allí.

  Y en algún momento del siglo primero, un joven llamado Jesús caminó por aquellas mismas colinas de Galilea.

  La arqueología no ha encontrado la casa de Jesús ni el taller de José.

  Pero sí ha demostrado algo fundamental.

  Nazaret no pertenece al mundo de las leyendas.

  Fue una comunidad real, habitada por personas reales, en un lugar real de la historia.

  Y una vez más, las piedras ocultas bajo la tierra terminaron confirmando el escenario donde se desarrolló una parte esencial de la vida del Salvador.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.