Por el Dr. Elio M. Rivera
Entre todos los lugares venerados por los cristianos en Tierra Santa, pocos poseen una tradición tan antigua como el sitio conocido hoy como la Basílica de la Anunciación en Nazaret.
Millones de peregrinos visitan este lugar cada año porque la tradición cristiana sostiene que aquí ocurrió uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia humana: el anuncio del nacimiento de Jesucristo.
El Evangelio de Lucas relata el episodio de esta manera:
”Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lucas 1:28).
Según el relato bíblico, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret para anunciar a María que daría a luz al Mesías prometido.
Pero surge una pregunta natural.
¿Existe alguna evidencia histórica o arqueológica que permita identificar el lugar donde ocurrió aquel acontecimiento?
La historia comienza muy temprano.
Mucho antes de que existieran las grandes iglesias que vemos hoy, los cristianos de los primeros siglos ya señalaban una cueva o gruta en Nazaret como el lugar asociado con la casa de María.
Uno de los testimonios más antiguos procede del siglo cuarto.
Cuando el cristianismo obtuvo libertad bajo el emperador Constantino, numerosos peregrinos comenzaron a visitar Tierra Santa. Entre ellos se encontraba una mujer conocida como Egeria, quien recorrió los lugares santos hacia finales del siglo cuarto.
Sus escritos indican que en Nazaret ya existía una veneración especial relacionada con la casa de María.
Aquello significa que la tradición era conocida varios siglos antes de la construcción de las iglesias modernas.
Durante el período bizantino se levantó una primera gran iglesia sobre el lugar.
Sin embargo, la historia de la región estuvo marcada por invasiones, guerras y destrucciones.
La iglesia fue dañada en varias ocasiones y posteriormente reconstruida.
Durante la época de las Cruzadas se edificó un nuevo santuario mucho más grande.
Los cruzados consideraban el sitio uno de los lugares más sagrados de toda Tierra Santa.
Pero aquella construcción tampoco sobrevivió para siempre.
En el siglo trece gran parte de las estructuras fueron destruidas durante los conflictos que afectaron la región.
Durante siglos el lugar permaneció parcialmente en ruinas.
Sin embargo, la tradición nunca desapareció.

Lugar donde la tradición cristiana dice que María recibió la visita del ángel Gabriel anunciándole que seria la madre de Emanuel (Dios con nosotros)
Los cristianos continuaron identificando la misma gruta como el lugar relacionado con la Anunciación.
La historia moderna comenzó en el siglo veinte.
Antes de construir la actual basílica, los arqueólogos realizaron extensas excavaciones bajo el santuario.
Los resultados fueron sorprendentes.
Bajo los edificios modernos aparecieron restos pertenecientes a múltiples períodos históricos.
Los investigadores encontraron vestigios de las iglesias bizantinas y cruzadas que habían ocupado el lugar anteriormente.
Pero los descubrimientos más importantes se encontraban todavía más abajo.
Las excavaciones revelaron silos, cisternas, cuevas habitacionales y estructuras domésticas pertenecientes a una pequeña aldea judía del siglo primero.
Aquellos hallazgos demostraron que el sitio había formado parte de una zona residencial durante la época en que vivieron María y José.
Entre los descubrimientos apareció una gruta excavada en la roca que había sido incorporada a una antigua vivienda.
Precisamente esa gruta se convirtió en el centro de la veneración cristiana durante siglos.
Hoy puede observarse bajo el altar principal de la basílica.
Los arqueólogos no pueden demostrar que aquella fuera exactamente la casa de María.
Ninguna inscripción identifica el lugar de manera absoluta.
Sin embargo, la evidencia sí permite afirmar varias cosas importantes.
Primero, el sitio estaba habitado durante el siglo primero.
Segundo, los primeros cristianos veneraron este lugar desde tiempos muy antiguos.
Y tercero, la tradición se mantuvo de manera continua a lo largo de los siglos.
Por esta razón muchos investigadores consideran que la identificación merece ser tomada seriamente.
No porque exista una prueba definitiva, sino porque la memoria local parece remontarse a una época muy cercana a los acontecimientos originales.
La actual Basílica de la Anunciación fue construida entre mil novecientos sesenta y mil novecientos sesenta y nueve bajo la dirección del arquitecto italiano Giovanni Muzio.

La basílica de la anunciación en Nazaret
Hoy es una de las iglesias más grandes de todo Oriente Medio.
Su enorme cúpula domina el paisaje de Nazaret y puede verse desde distintos puntos de la ciudad.
Sin embargo, lo más importante no se encuentra en la parte superior del edificio.
Se encuentra debajo.
Miles de visitantes descienden cada año para contemplar la sencilla gruta que ha sido venerada durante generaciones.
Allí la magnificencia de la arquitectura moderna da paso a una pequeña cavidad excavada en la roca.
Un lugar humilde.
Un lugar sencillo.
Un lugar muy parecido al tipo de vivienda que habría existido en la Nazaret del siglo primero.
Quizá esa sea una de las razones por las que este sitio resulta tan conmovedor.
Los Evangelios presentan el anuncio del nacimiento de Cristo ocurriendo en una pequeña aldea desconocida de Galilea, lejos de los palacios de Roma y de las grandes ciudades del mundo antiguo.
Y las excavaciones arqueológicas han demostrado que precisamente aquí existió una modesta comunidad judía durante aquel tiempo.
¿Podemos probar con absoluta certeza que esta fue la casa de María?
No.
La arqueología no puede responder esa pregunta de manera definitiva.
Pero sí ha demostrado que el lugar conservado bajo la basílica pertenece al escenario correcto, a la época correcta y a una tradición extraordinariamente antigua.
Por eso, cuando los peregrinos contemplan la gruta de la Anunciación, no están observando simplemente una iglesia moderna.
Están mirando un lugar que ha sido señalado por generaciones de cristianos como el escenario donde comenzó la historia de la Encarnación.
Y una vez más, las excavaciones realizadas bajo las piedras de Tierra Santa han permitido acercarnos un poco más al mundo real en el que vivieron María, José y Jesucristo.
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