7. La Sinagoga de Nazaret: El lugar donde Jesús leyó al profeta Isaías

La Sinagoga de Nazaret: El lugar donde Jesús leyó al profeta Isaías

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Entre todos los lugares que visité en Nazaret, pocos despertaron tanto mi interés como la tradicional Sinagoga de Nazaret. A diferencia de la imponente Basílica de la Anunciación, este lugar es sencillo y discreto. Sin embargo, está asociado con uno de los momentos más trascendentales de la vida pública de Jesucristo.

  Fue aquí donde Jesús leyó públicamente las palabras del profeta Isaías y declaró que las promesas mesiánicas estaban comenzando a cumplirse delante de los ojos de sus contemporáneos.

  Para quienes consideramos los Evangelios como documentos históricos confiables, la existencia de una sinagoga en Nazaret durante el siglo primero no representa un misterio ni una hipótesis.

  La razón es sencilla.

  La Biblia afirma claramente que existía.

  Así luce actualmente la sinagoga de Nazaret

El Evangelio de Lucas registra:

  ”Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer” (Lucas 4:16).

  El texto es específico.

  Jesús regresó a Nazaret.

  Entró en la sinagoga.

  Participó en el servicio.

  Y leyó públicamente las Escrituras.

  Lucas continúa relatando que le fue entregado el libro del profeta Isaías.

  Entonces Jesús leyó:

  ”El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres” (Lucas 4:18).

  Después pronunció unas palabras que cambiaron el ambiente de la reunión.

  ”Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:21).

  Aquellos vecinos que lo habían visto crecer estaban escuchando una afirmación extraordinaria.

  Jesús estaba declarando que Él era el cumplimiento de aquella profecía mesiánica.

  La reacción inicial fue de admiración, pero pronto surgieron las dudas y finalmente el rechazo.

  Los habitantes de Nazaret conocían a Jesús como el hijo de José. Habían convivido con Él durante años. Les resultaba difícil aceptar que aquel hombre que había vivido entre ellos afirmara ser el Mesías prometido.

  Sin embargo, más allá de la narración bíblica, existe otro testimonio antiguo que resulta especialmente interesante.

  A finales del siglo cuarto, una peregrina cristiana llamada Egeria viajó desde Occidente hasta Tierra Santa. Durante su recorrido visitó numerosos lugares relacionados con la vida de Cristo y dejó un detallado diario de viaje que ha llegado hasta nuestros días.

  Los escritos de Egeria constituyen uno de los testimonios más valiosos que poseemos acerca de los lugares santos durante los primeros siglos del cristianismo.

  Cuando llegó a Nazaret, encontró que los cristianos locales conservaban cuidadosamente la memoria de los acontecimientos relacionados con Jesús.

  Egeria describe la visita a la cueva asociada con la casa de María y menciona diversos lugares que eran mostrados a los peregrinos como escenarios de la vida del Señor.

  Su relato demuestra que, trescientos años después de los acontecimientos de los Evangelios, los creyentes de la región seguían preservando tradiciones muy antiguas acerca de Nazaret.

  Resulta especialmente interesante recordar que escritores cristianos anteriores, como Hegesipo en el siglo segundo, mencionan que aún se conocían descendientes de la familia de Jesús. Estos familiares fueron conocidos en la Iglesia primitiva como los “desposyni”, es decir, los descendientes del linaje del Señor.

  Aunque Egeria no ofrece una lista detallada de personas que hubiera entrevistado personalmente, sus escritos reflejan una Tierra Santa donde todavía sobrevivían tradiciones transmitidas de generación en generación desde los primeros tiempos del cristianismo.

  Cuando uno contempla este hecho, resulta difícil no pensar en la extraordinaria cercanía histórica que existía entre aquellos peregrinos y los acontecimientos originales.

  La distancia que separaba a Egeria de Jesús era menor que la que hoy nos separa de Cristóbal Colón.

  Además del testimonio histórico, la propia estructura del lugar resulta llamativa.

  La construcción visible actualmente pertenece en gran parte a períodos posteriores. Sin embargo, durante mi visita observé algo que me llamó profundamente la atención.

  Parte de las piedras más antiguas presentan características muy similares a las que pueden verse en diversas construcciones del período herodiano en Jerusalén.

  Quienes han recorrido los túneles del Templo, el Muro Occidental o algunos sectores de las antiguas edificaciones levantadas por Herodes reconocen fácilmente ciertos patrones de cantería característicos de aquella época.

  Las piedras muestran acabados cuidadosamente trabajados y rasgos arquitectónicos que recuerdan el estilo utilizado durante el período en que vivió Jesús.

  Naturalmente, los estudiosos continúan debatiendo diversos aspectos relacionados con la historia exacta del edificio.

  Pero para mí existe una realidad fundamental que permanece inalterable.

  Los Evangelios afirman que la sinagoga existió.

  Y la arqueología ha demostrado que Nazaret era una población judía real durante el siglo primero.

  Las excavaciones han revelado viviendas, tumbas, cisternas y estructuras correspondientes precisamente al período en que Jesús vivió allí.

  Había familias.

  Había agricultores.

  Había artesanos.

  Había una comunidad judía establecida.

  Y donde existía una comunidad judía observante, existía también una sinagoga.

  Cuando uno permanece en aquel lugar e imagina la escena descrita por Lucas, resulta imposible no sentirse conmovido.

  Jesús toma el rollo de Isaías.

  Lee las antiguas palabras del profeta.

  Levanta la vista.

  Y anuncia que las promesas esperadas durante siglos están comenzando a cumplirse.

  No lo hizo en Jerusalén.

  No lo hizo delante de los líderes religiosos.

  Lo hizo en su propia ciudad.

  Delante de las personas que lo habían visto crecer.

  Quizá esa sea la razón por la que la Sinagoga de Nazaret ocupa un lugar tan especial en la historia de los Evangelios.

  Porque fue allí donde Jesús reveló públicamente quién era.

  Y dos mil años después, la Biblia, la historia y las antiguas tradiciones cristianas continúan señalando hacia aquel memorable día en que el Hijo de Dios abrió las Escrituras en la sinagoga de Nazaret.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.