Por el Dr. Elio M. Rivera
Entre los lugares más conocidos de Nazaret se encuentra el llamado Pozo de María. Durante siglos, peregrinos cristianos han visitado este sitio convencidos de que está relacionado con la vida cotidiana de María y la familia de Jesús.
A diferencia de otros lugares de Tierra Santa asociados con milagros o acontecimientos espectaculares, el Pozo de María está vinculado a algo mucho más sencillo: el abastecimiento diario de agua para la población de Nazaret.
Pero surge una pregunta interesante.
¿Por qué se relaciona este lugar con María?
¿Existe alguna evidencia histórica que respalde esta tradición?
La historia comienza muchos siglos atrás.

Así luce actualmente el pozo de María
Los Evangelios no mencionan específicamente un pozo utilizado por María. Sin embargo, desde los primeros siglos del cristianismo comenzó a desarrollarse una tradición que asociaba una fuente de agua de Nazaret con la madre de Jesús.
Una de las razones es muy sencilla.
Nazaret era una pequeña aldea galilea y dependía de una fuente permanente de agua para sobrevivir.
Las mujeres acudían diariamente a recoger agua para sus hogares, tal como ocurría en prácticamente todas las poblaciones del antiguo Oriente Medio.
Por ello, era natural que los cristianos comenzaran a preguntarse dónde habría obtenido agua la familia de Jesús durante los años que vivió en Nazaret.
Los testimonios históricos más antiguos aparecen durante el período bizantino.
Ya en los siglos cuarto y quinto, peregrinos cristianos mencionaban una fuente de agua asociada con la historia de María.
Entre ellos destaca la famosa peregrina Egeria, quien visitó Tierra Santa hacia finales del siglo cuarto.
Sus escritos muestran que Nazaret ya era un importante destino de peregrinación y que diversas tradiciones relacionadas con la infancia de Jesús eran conocidas por los cristianos locales.
Con el paso del tiempo, la tradición se fortaleció especialmente dentro de las iglesias orientales.
De hecho, la Iglesia Ortodoxa desarrolló una tradición particular según la cual el ángel Gabriel habría aparecido inicialmente a María cerca de una fuente de agua antes de la Anunciación relatada por Lucas.
Por esta razón, siglos más tarde se construyó la actual Iglesia Ortodoxa Griega de San Gabriel junto al manantial.
El agua que alimentaba el famoso Pozo de María procedía precisamente de esta fuente natural.
Durante siglos constituyó uno de los principales suministros de agua para Nazaret.
Aquí es donde la arqueología comienza a desempeñar un papel importante.
A diferencia de algunos lugares cuya ubicación depende únicamente de tradiciones religiosas, el sistema hidráulico de Nazaret puede estudiarse arqueológicamente.
Las investigaciones han demostrado que el manantial asociado al Pozo de María fue una fuente real y activa que abasteció a la ciudad durante largos períodos de su historia.
Los arqueólogos han identificado canales, depósitos y sistemas de conducción de agua utilizados por generaciones de habitantes de Nazaret.
Las excavaciones realizadas en distintos sectores de la ciudad también han confirmado que Nazaret estaba habitada durante el siglo primero.
Han aparecido viviendas, cisternas, tumbas, silos y otras estructuras pertenecientes precisamente al período en que vivieron María y Jesús.
Todo ello demuestra que la comunidad necesitaba una fuente permanente de abastecimiento.
Y la principal candidata es precisamente el manantial asociado con el Pozo de María.
Durante el período otomano y hasta principios del siglo veinte, el lugar continuó siendo una importante fuente de agua para la población local.
Viajeros europeos que visitaron Nazaret durante los siglos dieciocho y diecinueve describieron largas filas de mujeres que acudían diariamente a llenar sus cántaros.
Algunos incluso comentaron que la escena probablemente era muy parecida a la que habría existido durante los tiempos bíblicos.
El pozo que observan hoy los visitantes no es una estructura intacta del siglo primero.
Ha sido reconstruido y modificado en diversas ocasiones.
Sin embargo, el manantial que le dio origen posee una historia mucho más antigua.
Precisamente por ello el lugar ha conservado su importancia durante tantos siglos.
Los arqueólogos no pueden demostrar que María sacara agua exactamente de este mismo pozo.
Tampoco existe una inscripción antigua que identifique el lugar de manera definitiva.
Pero sí pueden afirmar algo importante.
La fuente existía.
Nazaret dependía de ella.
Y la población del siglo primero necesitaba acudir regularmente a este sistema de abastecimiento.
Por esa razón, numerosos historiadores consideran perfectamente posible que María, José y Jesús conocieran este lugar.
Quizá la importancia del Pozo de María no radica en la posibilidad de identificar una piedra específica o una estructura exacta.
Su importancia reside en que nos conecta con la vida cotidiana de Nazaret.
La arqueología ha demostrado que detrás de los Evangelios existía una comunidad real, con necesidades reales y rutinas reales.
Las personas necesitaban agua.
Necesitaban alimentos.
Necesitaban trabajar para sostener a sus familias.
Y el manantial de Nazaret formaba parte esencial de esa realidad.
Hoy miles de visitantes se detienen junto al Pozo de María para recordar aquellos años silenciosos de la vida de Jesús.
No contemplan simplemente una tradición antigua.
Contemplan uno de los pocos lugares de Nazaret donde todavía puede percibirse algo del ambiente cotidiano que rodeó a la Sagrada Familia.
Y una vez más, la historia y la arqueología nos permiten acercarnos al escenario real donde transcurrieron los años ocultos de Jesús de Nazaret.
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