2. ¿Cómo podemos conocer el amor de Cristo esta época?

Por: Dr. Elio M Rivera

Existe una declaración del apóstol Pablo que, a primera vista, parece una contradicción. En la oración que estudiaremos a lo largo de esta serie, Pablo pide que los creyentes lleguen a “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento”.

  

La pregunta surge de inmediato: ¿Cómo podemos conocer algo que excede nuestro conocimiento?

  ¿Cómo puede una persona comprender algo que, por definición, es más grande que su capacidad de comprender?

  La respuesta nos lleva al corazón mismo de esta oración.

  Pablo está hablando de dos clases diferentes de conocimiento.

  Existe un conocimiento que entra por la mente, a través de la información, el estudio y el aprendizaje. Pero también existe un conocimiento que llega al corazón por medio de la revelación del Espíritu Santo.

  El primero puede adquirirse leyendo libros. El segundo sólo puede recibirse cuando Dios decide abrir nuestros ojos espirituales.

  Por esta razón Pablo no pide simplemente que los creyentes aprendan más acerca de Cristo. Él ora para que experimenten el amor de Cristo.

  Y existe una enorme diferencia entre saber algo y experimentarlo.

  Por ejemplo, una persona puede estudiar durante años acerca del océano. Puede conocer sus dimensiones, sus corrientes y sus profundidades. Sin embargo, es muy diferente pararse frente a él y contemplar personalmente su inmensidad.

  De la misma manera, alguien puede conocer muchas doctrinas acerca de Jesucristo y aun así no haber sido profundamente impactado por Su amor.

  La tragedia de nuestros tiempos es que muchos creyentes conocen información acerca de Cristo, pero pocos han sido cautivados por la revelación de Su corazón.

  Cuando observamos los Evangelios encontramos un amor difícil de describir.

  Vemos a Jesucristo tocando leprosos cuando nadie quería acercarse a ellos.

  Lo vemos defendiendo a una mujer sorprendida en adulterio cuando todos querían condenarla.

  Lo vemos llorando frente a la tumba de un amigo.

  Lo vemos alimentando multitudes hambrientas.

  Lo vemos lavando los pies de sus discípulos.

  Y finalmente lo vemos entregando Su vida en una cruz por personas que no lo merecían.

  Cada una de estas escenas nos revela una pequeña parte de Su amor.

  Sin embargo, ninguna de ellas logra describirlo completamente.

  Por eso Pablo afirma que el amor de Cristo excede todo conocimiento.

  El amor de Cristo es más grande que nuestras palabras.

  Más grande que nuestras definiciones.

  Más grande que nuestros sermones.

  Más grande que nuestros libros.

  Más grande que nuestra capacidad intelectual.

  Mientras más conocemos a Cristo, más descubrimos que todavía queda muchísimo por conocer.

  Durante años he estudiado la vida y la obra del Señor Jesucristo. He leído los Evangelios una y otra vez. He investigado Su contexto histórico, cultural y espiritual. He dedicado miles de horas a reflexionar acerca de Su carácter y de Su corazón.

  Y puedo afirmar con toda sinceridad que mientras más lo estudio, más me doy cuenta de cuánto me falta por conocer.

  Lo que antes pensaba que era un océano, ahora me parece apenas una gota de agua comparada con la inmensidad de Su persona.

  Precisamente por eso esta oración sigue siendo tan importante para mí.

  Porque comprendí hace muchos años que no necesito solamente más información acerca de Cristo.

  Necesito una revelación continua de Cristo.

  Necesito que el Espíritu Santo siga quitando velos de mis ojos para mostrarme nuevas dimensiones de Su amor.

  De hecho, estoy convencido de que una de las razones por las cuales muchos creyentes pierden la pasión por Dios es porque dejaron de descubrir cosas nuevas acerca de Jesucristo.

  La pasión siempre acompaña al descubrimiento.

  Cuando una persona recibe una nueva revelación del carácter del Señor, algo vuelve a encenderse dentro de ella.

  La adoración cobra vida.

  La oración cobra vida.

  La lectura bíblica cobra vida.

  El servicio cobra vida.

  Todo cambia porque la persona ya no está reaccionando a una obligación religiosa, sino a una revelación del amor de Cristo.

  Ahora bien, es importante entender que Dios no nos revela Su amor para satisfacer nuestra curiosidad espiritual.

  Nos lo revela para transformarnos.

  Cada vez que comprendemos un poco más Su amor, algo dentro de nosotros cambia.

  Nos volvemos más humildes.

  Más agradecidos.

  Más misericordiosos.

  Más pacientes.

  Más parecidos a Cristo.

  Por eso Pablo no termina la oración diciendo simplemente que conozcamos el amor de Cristo.

  Él añade una frase extraordinaria: “para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”.

  Esto significa que la revelación del amor de Cristo tiene un propósito mayor.

  Dios desea llenar nuestra vida con Su presencia.

  Desea transformar nuestro carácter.

  Desea gobernar nuestros pensamientos.

  Desea sanar nuestras heridas.

  Desea formar a Cristo en nosotros.

  Y todo este proceso comienza cuando empezamos a comprender cuánto nos ama.

  Quizá muchos creyentes han pasado años tratando de cambiar por medio de esfuerzos humanos.

  Han intentado ser mejores personas a través de disciplina, voluntad o determinación.

  Pero la verdadera transformación ocurre cuando somos confrontados con el amor de Cristo.

  Nadie permanece igual después de contemplar sinceramente Su amor.

  Por eso considero que esta petición de Pablo es una de las más importantes de toda la Biblia.

  No está pidiendo riquezas.

  No está pidiendo fama.

  No está pidiendo reconocimiento.

  Está pidiendo que conozcamos el amor de Cristo.

  Porque entendió que quien recibe una revelación de ese amor jamás vuelve a ser la misma persona.

Conclusión

  El amor de Cristo puede estudiarse, pero nunca agotarse.

  Puede describirse, pero nunca explicarse completamente.

  Puede experimentarse, pero jamás medirse en su totalidad.

  Por eso Pablo declara que excede todo conocimiento.

  Y precisamente porque excede nuestro conocimiento, debemos seguir buscándolo cada día.

  La buena noticia es que Dios desea responder esta oración.

  Él quiere revelar más profundamente a Su Hijo.

  Quiere abrir nuestros ojos.

  Quiere mostrarnos nuevas dimensiones de Su amor.

  Y en la medida que esa revelación crezca, nuestra vida será transformada hasta ser llenos de toda la plenitud de Dios.

  La pregunta no es si existe más de Cristo por conocer.

  La verdadera pregunta es: ¿Estamos dispuestos a seguir buscándolo?

Disfrute un reel con propósito

Explore el Museo la vida y obra de Jesucristo

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.