19. Amó a personas rotas que otros despreciaban    

Por el Dr. Elio M Rivera

Una de las cosas más sorprendentes acerca de Jesucristo no fue solamente Su poder para hacer milagros, sino el tipo de personas con las que decidió caminar. Mientras muchos líderes religiosos buscaban rodearse de personas importantes, respetadas o influyentes, Jesús constantemente se acercaba a personas heridas, rechazadas y despreciadas por la sociedad.

    Eso desconcertaba a muchos. Para algunos era incomprensible que alguien que hablaba de Dios pasara tiempo con cobradores de impuestos, prostitutas, enfermos rechazados, pobres y personas consideradas “pecadoras”. Pero precisamente ahí comenzaba a revelarse algo profundamente diferente acerca de Su corazón.

    Los Evangelios muestran repetidamente que Jesús no evitaba a las personas rotas. Más bien parecía acercarse intencionalmente a ellas. En una ocasión, los líderes religiosos comenzaron a murmurar porque lo vieron compartiendo tiempo con pecadores. Entonces Él respondió: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Lucas 5:31). Aquella frase revelaba algo poderoso: Jesús veía a las personas heridas no como basura humana, sino como personas necesitadas de restauración.

    En otra ocasión, una mujer conocida públicamente por su mala reputación entró en una casa donde Jesús estaba comiendo. Muchos la despreciaban. Algunos probablemente pensaban que no merecía estar ahí. Sin embargo, ella comenzó a llorar a Sus pies y a secarlos con sus cabellos. Mientras otros la juzgaban, Jesús vio algo más profundo que su pasado. Y finalmente le dijo: “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:48).

    Eso revela algo profundamente impactante acerca del corazón de Jesucristo: Él veía personas donde otros solo veían fracasos.

    También ocurrió con los leprosos. En aquellos tiempos, la lepra no solo destruía el cuerpo; destruía la vida social de una persona. Los leprosos eran apartados, rechazados y obligados a vivir lejos de los demás. Muchos evitaban incluso acercarse a ellos. Pero un día un leproso vino a Jesús y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme” (Marcos 1:40). Entonces ocurrió algo impresionante: “Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó” (Marcos 1:41).

    Lo tocó.

    Tal vez hoy esa frase no impacta tanto, pero en aquel tiempo aquello era impensable. Muchos evitaban hasta el contacto más mínimo con un leproso. Sin embargo, Jesús no retrocedió. Eso muestra que Su compasión era más grande que el rechazo social.

    Los Evangelios también muestran cómo trató a Zaqueo, un cobrador de impuestos despreciado por gran parte del pueblo. Cuando Jesús pasó por Jericó, vio a Zaqueo subido en un árbol intentando observarlo entre la multitud. Y delante de todos le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa” (Lucas 19:5). Aquello escandalizó a muchos. La Biblia dice: “Al ver esto, todos murmuraban” (Lucas 19:7).

    Pero Jesús veía algo que otros no podían ver.

    Y quizá esa es una de las cosas más hermosas acerca de Su carácter. Él parecía mirar más allá de la apariencia, más allá de la reputación y más allá del fracaso visible. Mientras el mundo clasificaba personas entre dignos e indignos, Jesucristo se acercaba precisamente a aquellos que sentían que ya no tenían valor.

    Eso no significa que aprobara el pecado o la destrucción de las personas. Más bien significa que veía potencial de restauración donde otros solo veían ruinas humanas. En una ocasión declaró: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

    Y quizá ahí se encuentra una de las razones por las que tantas personas heridas eran atraídas hacia Él. Los quebrantados encontraban misericordia. Los rechazados encontraban dignidad. Los culpables encontraban esperanza. Algo en el corazón de Jesús hacía sentir a las personas que todavía podían ser restauradas.

    Tal vez una de las preguntas más difíciles de ignorar es esta: ¿qué clase de persona se acerca voluntariamente a aquellos que todos desprecian? Porque normalmente los seres humanos buscan rodearse de personas que les den prestigio, reconocimiento o beneficio. Pero Jesucristo parecía sentirse atraído precisamente hacia los más heridos.

    Y quizá eso revela algo profundamente sobrenatural acerca de Su corazón.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.