5. Una noche que cambió la historia

Por el Dr. Elio M Rivera

Habían transcurrido aproximadamente ciento cincuenta años desde que Isaías escribió el nombre de Ciro. Durante ese tiempo, el escenario político del mundo había cambiado por completo. Asiria había desaparecido. Babilonia había alcanzado la cima de su poder bajo Nabucodonosor II y luego había comenzado un lento declive bajo sus sucesores. Mientras tanto, un nuevo imperio había surgido en el oriente. Su líder era precisamente el hombre cuyo nombre Dios había anunciado muchos años antes.

Era el año 539 a.C.

Frente a las inmensas murallas de Babilonia se encontraba el ejército persa dirigido por Ciro el Grande. La ciudad era considerada prácticamente inexpugnable. Sus enormes murallas, sus puertas fortificadas y el río Éufrates que atravesaba su interior hacían pensar que ningún ejército podría conquistarla por la fuerza. Además, sus almacenes estaban repletos de alimentos suficientes para resistir un largo asedio. Desde el punto de vista humano, Babilonia parecía invencible.

Pero Ciro comprendió que la fuerza no sería suficiente.

Necesitaba una estrategia.

Según relatan Heródoto y Jenofonte, los ingenieros persas comenzaron a desviar las aguas del río Éufrates hacia canales y depósitos cercanos. Poco a poco, el nivel del agua descendió hasta permitir que los soldados avanzaran por el lecho del río que atravesaba la ciudad. Aunque algunos detalles de estos relatos son discutidos por los historiadores modernos, la participación del Éufrates en la caída de Babilonia coincide notablemente con las antiguas profecías de Isaías y Jeremías acerca del secamiento de sus aguas.

Mientras todo esto ocurría fuera de las murallas, dentro de la ciudad se vivía una escena completamente distinta.

El rey Belsasar

El rey Belsasar celebraba un gran banquete para sus nobles. Confiado en las poderosas defensas de Babilonia, convirtió aquella noche en una fiesta. Como acto de desafío, ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor había tomado del templo de Jerusalén. Con ellos bebieron vino mientras rendían homenaje a los dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra.

Fue entonces cuando ocurrió uno de los episodios más impactantes de toda la Biblia.

Una mano apareció repentinamente y comenzó a escribir sobre el muro del palacio.

El salón quedó en silencio.

El rostro del rey cambió de color.

Sus piernas comenzaron a temblar.

Ninguno de los sabios de Babilonia pudo interpretar aquellas palabras.

Finalmente llamaron al anciano profeta Daniel, quien durante décadas había servido en la corte de los reyes babilónicos.

Daniel leyó el misterioso mensaje:

“Mene, Mene, Tekel, Uparsin.”

Luego explicó su significado.

Dios había contado los días del reino de Babilonia y había llegado a su fin.

El rey había sido pesado en la balanza y hallado falto.

El reino sería entregado a los medos y a los persas.

Mientras Daniel pronunciaba aquellas palabras, el ejército de Ciro avanzaba silenciosamente por el cauce del Éufrates.

Las puertas que daban acceso desde el río no impidieron su entrada.

Los soldados persas penetraron en la ciudad casi sin resistencia y avanzaron rápidamente hacia el centro de Babilonia.

Aquella misma noche, Belsasar murió.

El imperio que había gobernado el mundo durante décadas desapareció en cuestión de horas.

El libro de Daniel resume aquel momento con una sencillez impresionante:

“La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Darío de Media tomó el reino…”
(Daniel 5:30–31).

Daniel afirma que, después de la muerte de Belsasar, “Darío el Medo tomó el reino” (Daniel 5:31). Los documentos históricos, por su parte, muestran que la conquista de Babilonia fue realizada por el Imperio Persa bajo el mando de Ciro el Grande. Muchos estudiosos piensan que “Darío el Medo” pudo haber sido el gobernador o comandante que asumió el control inmediato de la ciudad en nombre de Ciro, posiblemente identificado con Gobrias (Ugbaru), aunque esta identificación no puede demostrarse con certeza. Lo que sí está firmemente establecido por la Biblia y por la historia es que la caída de Babilonia ocurrió bajo el dominio de Ciro, cumpliendo las profecías anunciadas por Isaías.

Las crónicas de Nabonido

La Crónica de Nabónido, uno de los documentos históricos más importantes sobre la caída de Babilonia, confirma que la ciudad fue tomada por el ejército de Ciro y que la conquista ocurrió con muy poca resistencia. Poco después, el propio Ciro hizo su entrada oficial en la ciudad como nuevo soberano del imperio.

Aquella noche no solo cambió el destino de Babilonia.

También marcó el cumplimiento de una cadena extraordinaria de profecías anunciadas décadas e incluso siglos antes. Isaías había mencionado el nombre del conquistador. Había hablado de puertas abiertas y de aguas secadas. Jeremías había anunciado la caída de Babilonia. Daniel había interpretado el juicio divino pocas horas antes de que ocurriera.

Lo que para los habitantes de Babilonia fue una noche inesperada, para Dios era el cumplimiento exacto de un plan anunciado mucho tiempo atrás.

Desde ese momento, el nombre de Ciro quedó escrito para siempre en la historia. Pero, mucho antes de quedar registrado en los libros de los historiadores, ya había sido escrito en las páginas de la Palabra de Dios.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.