Por el Dr. Elio M Rivera
Cuando Nahúm comenzó a anunciar el juicio de Dios, Nínive todavía parecía invencible.
Sus murallas seguían siendo imponentes.
Su ejército dominaba el Cercano Oriente.
Sus reyes gobernaban sobre millones de personas.
Desde un punto de vista humano, pensar en la destrucción de aquella ciudad era simplemente absurdo.
Sin embargo, Nahúm no anunció una simple derrota militar.
Describió con sorprendente precisión la manera en que Nínive desaparecería.
Décadas más tarde, Sofonías confirmó el mismo anuncio.
Veamos algunas de las profecías más notables.

a. Nínive sería completamente destruida
«Jehová dará fin completo; no tomará venganza dos veces de sus enemigos.» (Nahúm 1:9).
No se trataba únicamente de un cambio de gobierno.
Dios anunció el fin del imperio.
b. Sus puertas serían abiertas durante el ataque
«Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido.» (Nahúm 2:6).
Esta profecía resultó extraordinaria.
Nadie entendía cómo una ciudad protegida por enormes murallas podía ser tomada precisamente por “las puertas de los ríos”. El significado de estas palabras se comprendería plenamente el día de su caída.
c. La ciudad sería consumida por el fuego
«El fuego te consumirá.» (Nahúm 3:15).
Aunque Nínive estaba construida en gran parte con piedra y ladrillo, Dios anunció que un gran incendio acompañaría su destrucción.
d. Sus riquezas serían saqueadas
«¡Saquead plata! ¡Saquead oro! Sus riquezas no tienen fin.» (Nahúm 2:9).
La ciudad que había acumulado durante siglos el botín de decenas de naciones sería, a su vez, saqueada.
e. Quedaría vacía y desolada
«Vacía, agotada y desolada está.» (Nahúm 2:10).
No solo perdería el poder.
Quedaría abandonada.
f. Nunca volvería a recuperar su grandeza
«No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable.» (Nahúm 3:19).
Muchos imperios fueron derrotados y luego resurgieron.
Dios declaró que ese no sería el caso de Nínive.
Su caída sería irreversible.
g. La ciudad quedaría desierta
Décadas después, Sofonías confirmó la misma sentencia.
«Extenderá su mano contra el norte, y destruirá a Asiria, y convertirá a Nínive en una desolación, en tierra seca como un desierto.» (Sofonías 2:13).
El profeta añade una imagen impresionante.
«Dormirán en medio de ella los rebaños… El pelícano y el erizo dormirán en sus capiteles.» (Sofonías 2:14).
La ciudad más orgullosa del mundo sería tan abandonada que los animales salvajes ocuparían los lugares donde antes caminaban reyes, generales y embajadores.
Al leer estas profecías es fácil olvidar un detalle fundamental.
Nada de esto había ocurrido todavía.
Nínive seguía siendo la capital del mayor imperio del planeta.
Sus ejércitos continuaban conquistando naciones.
Sus murallas permanecían en pie.
Sus tesoros llenaban los palacios.
Desde cualquier perspectiva humana, aquellas palabras parecían imposibles.
Pero la historia estaba a punto de demostrar que Dios no había hablado en vano.
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