7. La noche en que cayó Nínive

Dr. Elio M Rivera

  Llegó finalmente el año 612 a.C.

  Habían pasado varias décadas desde que Nahúm pronunciara aquellas palabras que muchos consideraban imposibles.

  Sin embargo, algo estaba cambiando.

  El gran imperio asirio comenzaba a mostrar señales de desgaste.

  Las guerras continuas habían debilitado sus recursos.

  Algunas provincias empezaban a rebelarse.

  Los pueblos sometidos esperaban una oportunidad para recuperar su libertad.

  Y, al oriente, una alianza inesperada comenzaba a tomar forma.

  Los medos y los babilonios habían decidido hacer lo impensable.

  Atacar Nínive.

  En el año 614 a.C., los medos conquistaron la ciudad de Asur, uno de los centros religiosos más importantes del imperio. Poco después, el rey medo Ciáxares selló una alianza con Nabopolasar, rey de Babilonia.

  El objetivo era claro.

  Destruir para siempre el imperio que durante siglos había aterrorizado al mundo.

Representación artística de la caída de Nínive

  En la primavera del 612 a.C., una inmensa coalición formada por medos, babilonios y otros pueblos comenzó el avance hacia la capital.

  Pronto aparecieron frente a las enormes murallas de Nínive.

  Los soldados asirios observaron desde las torres.

  No era el primer ejército que llegaba hasta allí.

  Durante generaciones, muchos enemigos habían intentado conquistar la ciudad.

  Todos habían fracasado.

  ¿Por qué esta vez sería diferente?

  Comenzó entonces uno de los asedios más importantes de toda la historia antigua.

  Durante semanas, los atacantes levantaron campamentos alrededor de la ciudad.

  Construyeron terraplenes.

  Prepararon arietes.

  Intentaron abrir brechas.

  Pero las murallas resistían.

  Dentro de Nínive probablemente reinaba la confianza.

  Sus almacenes estaban llenos.

  Sus fortificaciones parecían inexpugnables.

  Los defensores confiaban en que, tarde o temprano, los enemigos se cansarían y abandonarían el sitio.

  No podían imaginar que la naturaleza estaba a punto de convertirse en un aliado inesperado de sus adversarios.

El Rio Tigris

a. El río que cambió la historia

  Nínive dependía del río Tigris y de varios canales que atravesaban la ciudad.

  Aquellas aguas habían sido durante siglos motivo de orgullo.

  Alimentaban jardines.

  Llenaban depósitos.

  Abastecían a miles de habitantes.

  Pero aquel año ocurrió algo extraordinario.

  Fuertes lluvias hicieron crecer el caudal de los ríos.

  Según antiguas tradiciones conservadas por el historiador griego Diodoro Sículo, parte de la muralla fue debilitada cuando una gran inundación afectó las defensas de la ciudad.

  De repente, aquello que había protegido a Nínive durante generaciones comenzó a volverse en su contra.

  Las palabras escritas décadas antes por Nahúm cobraban un significado inquietante.

«Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido.» (Nahúm 2:6).

  ¿Qué quiso decir el profeta?

  Durante mucho tiempo nadie lo supo con certeza.

  Pero cuando el agua debilitó una sección de las fortificaciones y permitió el avance del enemigo, la profecía adquirió una claridad sorprendente.

  La ciudad que se creía invulnerable había quedado expuesta.

b. Las murallas finalmente cedieron

  La brecha no tardó en ser aprovechada.

  Los ejércitos aliados avanzaron.

  El estruendo de los arietes se mezcló con el ruido de las piedras derrumbándose.

  Las órdenes de los oficiales resonaban entre el humo.

  Los arqueros disparaban desde las torres.

  Los defensores intentaban contener la entrada.

  Pero la resistencia comenzaba a romperse.

  Por primera vez en generaciones, soldados enemigos cruzaban las defensas de Nínive.

  El pánico empezó a extenderse por las calles.

  La ciudad que había sembrado terror en el mundo conocía ahora el miedo.

c.   El incendio

  La batalla se trasladó al interior de la capital.

  Los palacios fueron atacados.

  Las edificaciones comenzaron a arder.

  El humo cubrió la ciudad.

  Durante las excavaciones realizadas en el siglo XIX, los arqueólogos encontraron gruesas capas de ceniza y evidencias de un incendio de enormes proporciones en varios edificios principales, confirmando que la destrucción estuvo acompañada por el fuego.

  Nuevamente las palabras de Nahúm parecían describir la escena.

«El fuego te consumirá.» (Nahúm 3:15).

  Y también:

«¡Saquead plata! ¡Saquead oro! Sus riquezas no tienen fin.» (Nahúm 2:9).

  Durante siglos, los reyes de Asiria habían llenado sus palacios con el botín obtenido en decenas de campañas militares.

  Ahora esos tesoros cambiaban de dueño.

  El imperio que había saqueado a tantas naciones estaba siendo saqueado.

d. El último rey

  Las fuentes antiguas no coinciden completamente acerca del destino final del último rey de Nínive.

  La Crónica Babilónica registra la caída de la ciudad, pero no describe con detalle sus últimos momentos.

  Por su parte, Diodoro Sículo, preservando una tradición mucho más antigua, relata que cuando el rey comprendió que la ciudad estaba perdida reunió a los miembros de su familia y a sus riquezas dentro del palacio real.

  Entonces ordenó prender fuego al edificio.

  Prefirió morir entre las llamas antes que caer prisionero de sus enemigos.

  Aunque algunos detalles son discutidos por los historiadores modernos, existe un amplio consenso en que la monarquía asiria quedó destruida con la caída de Nínive y que el poder del imperio jamás volvió a recuperarse.

e.    Los vencedores entran en la ciudad

  Cuando terminó el combate, los estandartes de Asiria ya no ondeaban sobre las murallas.

  En su lugar aparecieron las banderas de los medos y los babilonios.

  Las calles estaban cubiertas de escombros.

  Los palacios eran ruinas humeantes.

  Los templos habían sido saqueados.

  Los depósitos estaban vacíos.

  La ciudad que había gobernado el mundo durante generaciones había dejado de existir como capital de un imperio.

  La Crónica Babilónica, escrita muy poco tiempo después de los acontecimientos, resume la conquista con la sobriedad característica de los documentos oficiales. Informa que, tras varios meses de asedio, las fuerzas de Babilonia y Media tomaron la ciudad en el año 612 a.C., la saquearon y la convirtieron en un montón de ruinas.

  Lo más impresionante no fue simplemente la derrota militar.

  Otras ciudades habían sido conquistadas antes.

  Lo extraordinario fue que Nínive nunca volvió a recuperar su antiguo esplendor.

  El imperio más poderoso de la Tierra había desaparecido.

  Y mientras los vencedores recorrían las calles cubiertas de humo, quizá ninguno de ellos imaginaba que, décadas antes de aquella noche, un profeta de Judá ya había descrito el destino de la ciudad.

  Lo que para los hombres fue una victoria militar, para Nahúm había sido el cumplimiento de una palabra pronunciada por Dios mucho tiempo antes.

¿Dónde puede verificarse esta historia?

FuenteFecha aproximada¿Qué confirma?
Biblia (Nahúm y Sofonías)ca. 660–620 a.C.La profecía de la caída de Nínive.
Crónica Babilónica (ABC 3)Poco después de 612 a.C.El sitio y la conquista de Nínive por medos y babilonios.
Diodoro Sículo (Biblioteca Histórica)Siglo I a.C.Tradiciones antiguas sobre la caída de la ciudad y la inundación.
Jenofonte (Anábasis)ca. 401 a.C.Describe las ruinas de la antigua Nínive.
Austen H. Layard1846–1851 d.C.Descubrimiento de los palacios y evidencias de destrucción.
Hormuzd Rassam1852–1854 d.C.Descubrimiento de la biblioteca de Asurbanipal y nuevas inscripciones.
Museo BritánicoActualidadConserva la Crónica Babilónica, relieves, esculturas e inscripciones procedentes de Nínive.

a.   Una coincidencia… o algo más

  Vista desde la perspectiva del siglo XXI, la caída de Nínive puede parecer un hecho histórico más. Sin embargo, para quienes vivían cuando Nahúm escribió su profecía, era prácticamente imposible imaginar ese desenlace. Nínive era la ciudad más poderosa del mundo, protegida por enormes murallas, un ejército invencible y una riqueza incomparable.

  Sin embargo, décadas antes de su destrucción, el profeta anunció que la ciudad sería saqueada, incendiada, atravesada por las aguas, abandonada y que jamás volvería a recuperar su antiguo esplendor.

  Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

  No estamos hablando de una predicción vaga como “algún día caerá un imperio”. Estamos hablando de una ciudad específica, un imperio específico y una serie de acontecimientos concretos que la historia terminó registrando con notable precisión.

  La pregunta entonces ya no es si Nínive cayó. Eso nadie lo discute.

  La verdadera pregunta es:

¿Cómo pudo Nahúm conocer con tanta anticipación lo que ocurriría décadas después?

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.