Por el Dr. Elio M Rivera
Si usted hubiera vivido alrededor del año 540 a.C. y hubiera preguntado cuál era la ciudad más poderosa de la Tierra, muy probablemente habría recibido una sola respuesta:

Babilonia, la reina del mundo
Era la capital del Imperio Neobabilónico, la ciudad más rica, más influyente y una de las mejor fortificadas del mundo antiguo. Bajo el reinado de Nabucodonosor II (605–562 a.C.), Babilonia alcanzó un esplendor sin precedentes. Desde allí se gobernaba un imperio que se extendía desde el golfo Pérsico hasta las fronteras de Egipto, dominando buena parte del Cercano Oriente. La propia Biblia presenta a Nabucodonosor como el gobernante al que Dios concedió un dominio extraordinario sobre las naciones (Daniel 2:37–38).
La magnificencia de Babilonia impresionó incluso a los escritores clásicos. El historiador griego Heródoto describió una ciudad rodeada por enormes murallas, atravesada por el río Éufrates y protegida por un complejo sistema defensivo que la convertía en una de las fortalezas más imponentes de su época (Historias, Libro I). Aunque algunas de sus cifras probablemente fueron exageradas —como suele ocurrir en los relatos antiguos—, la arqueología ha confirmado que Babilonia poseía murallas monumentales, grandes puertas fortificadas y una planificación urbana extraordinaria.
Las excavaciones dirigidas por el arqueólogo alemán Robert Koldewey entre 1899 y 1917 sacaron a la luz buena parte de aquella ciudad: la famosa Puerta de Ishtar, la Vía Procesional, los restos del enorme palacio real y las impresionantes fortificaciones construidas por Nabucodonosor. Las inscripciones cuneiformes descubiertas en el lugar muestran que el propio rey se enorgullecía de haber reconstruido Babilonia hasta convertirla en “el asombro de las naciones”.

Los muros de babilonia
La ciudad parecía prácticamente inexpugnable.
Sus murallas exteriores protegían kilómetros de perímetro. El río Éufrates atravesaba la ciudad, garantizando el suministro de agua incluso durante un largo asedio. Había enormes reservas de alimentos y un poderoso ejército dispuesto a defenderla. Desde el punto de vista militar, muy pocos pensaban que Babilonia pudiera ser conquistada.
Además de su poder político y militar, Babilonia era también uno de los grandes centros religiosos del mundo antiguo. El enorme templo de Marduk (Esagila) y el zigurat conocido como Etemenanki, que muchos relacionan con el recuerdo de la Torre de Babel, simbolizaban el orgullo espiritual de la ciudad. Los babilonios confiaban en que sus dioses protegerían su capital de cualquier enemigo.
Humanamente hablando, aquella confianza parecía razonable.
¿Qué ejército podría atravesar semejantes murallas?
¿Qué rey sería capaz de derrotar al imperio más poderoso de su tiempo?
¿Qué nación se atrevería siquiera a desafiar a Babilonia?
Mientras estas preguntas parecían no tener respuesta, la Biblia afirma que Dios ya había revelado el futuro.
Más de un siglo antes de la caída de Babilonia, el profeta Isaías anunció que aquella orgullosa ciudad sería conquistada y, de manera sorprendente, identificó por nombre al gobernante que participaría en esa conquista: Ciro, rey de Persia (Isaías 13:19–22; 44:28; 45:1–4). Décadas después, el profeta Jeremías volvió a anunciar la caída del imperio, describiendo el juicio divino sobre Babilonia y el fin de su grandeza (Jeremías 50–51).
Para quienes escucharon aquellas profecías, semejantes anuncios debieron parecer completamente imposibles. Cuando Isaías escribió, Babilonia aún no era el imperio dominante del mundo; y cuando Jeremías anunció su caída, la ciudad se encontraba precisamente en la cúspide de su poder.
Sin embargo, la historia estaba avanzando silenciosamente hacia una de las noches más trascendentales de la antigüedad.
Mientras el rey Belsasar celebraba un gran banquete dentro de su palacio, convencido de que las murallas de Babilonia eran inexpugnables, el cumplimiento de aquellas antiguas profecías estaba a punto de comenzar (Daniel 5:1–31).
Lo que parecía imposible para los hombres estaba a pocas horas de convertirse en historia.
Referencias bíblicas
- Isaías 13:19–22
- Isaías 44:24–28
- Isaías 45:1–4
- Jeremías 50–51
- Daniel 2:37–38
- Daniel 5:1–31
Referencias históricas y arqueológicas
- Heródoto, Historias, Libro I (descripción de Babilonia).
- Xenofonte, Ciropedia (relato de la conquista de Babilonia por Ciro).
- Crónica de Nabónido (British Museum), fuente babilónica contemporánea sobre la caída de Babilonia en 539 a.C.
- Cilindro de Ciro (British Museum), inscripción persa sobre la conquista de Babilonia y la política de Ciro.
- Robert Koldewey, The Excavations at Babylon (1914), informe de las excavaciones arqueológicas de Babilonia.
- Amélie Kuhrt, The Persian Empire: A Corpus of Sources from the Achaemenid Period, para el contexto histórico del Imperio Persa y la conquista de Babilonia.
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