Por el Dr. Elio M Rivera
Hasta este punto, la sola mención del nombre de Ciro ya resulta sorprendente. Sin embargo, la profecía de Isaías va mucho más allá. Dios no se limitó a identificar al hombre que desempeñaría un papel decisivo en la historia; también anunció con notable precisión lo que haría, las circunstancias que rodearían sus victorias y el propósito que tendría dentro del plan divino.
Lo más extraordinario es que estas declaraciones fueron escritas aproximadamente siglo y medio antes de que Ciro naciera. Veamos una por una las principales profecías.
Dios anunció que Ciro conquistaría Babilonia
En el tiempo de Isaías, Babilonia aún no era el gran imperio que llegaría a dominar el mundo bajo Nabucodonosor. Persia tampoco era una potencia internacional. Sin embargo, Dios anunció que levantaría a un hombre llamado Ciro para cumplir Sus propósitos sobre las naciones.
Isaías escribió:
“Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha para sujetar naciones delante de él…”
(Isaías 45:1).
Estas palabras describen a Ciro como el instrumento mediante el cual Dios sometería reinos enteros. Décadas más tarde, eso fue exactamente lo que ocurrió. Después de conquistar Media y Lidia, Ciro dirigió sus ejércitos hacia Babilonia, el imperio más poderoso de la época, y en el año 539 a.C. incorporó aquella inmensa nación al naciente Imperio Persa.
Dios anunció que las puertas serían abiertas delante de él
Isaías continúa con un detalle que llama poderosamente la atención:
“Abriré delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán.”
(Isaías 45:1).
Esta declaración parece extraña a primera vista. ¿Por qué mencionar puertas abiertas en una campaña militar?

Jenofonte, el historiador griego que describió como ocurrió fue tomada Babilonia y que comprueban la profecía Bíblica
Los historiadores antiguos, especialmente Heródoto y Jenofonte, relatan que durante la conquista de Babilonia los persas desviaron las aguas del río Éufrates para entrar por el cauce que atravesaba la ciudad. Aquella noche, varias de las puertas que daban acceso al río no fueron aseguradas correctamente, permitiendo el ingreso del ejército persa. Aunque algunos detalles del relato de Heródoto siguen siendo objeto de debate entre los especialistas, la caída inesperada de Babilonia sin una gran batalla está ampliamente confirmada por las fuentes históricas.
Dios anunció que las aguas serían secadas
Isaías añade otro detalle sorprendente:
“Yo digo al profundo: Sécate, y tus ríos haré secar.”
(Isaías 44:27).
Jeremías escribió algo semejante:
“Sequaré su mar y haré que su corriente quede seca.”
(Jeremías 50:38; véase también Jeremías 51:36).
Décadas después, el río Éufrates desempeñó un papel decisivo en la conquista de Babilonia. Las fuentes históricas describen cómo el nivel de sus aguas fue reducido para permitir el avance del ejército persa por el lecho del río. Lo que parecía una simple descripción poética terminó formando parte de la estrategia militar que abrió el camino hacia la ciudad.
Dios anunció que libertaría al pueblo de Israel
La misión de Ciro no consistía únicamente en conquistar imperios.
Dios también anunció que sería el instrumento para poner fin al cautiverio del pueblo judío.
Isaías escribió:
“Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero.”
(Isaías 44:28).
Más adelante añade:
“Él edificará mi ciudad y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.”
(Isaías 45:13).
Durante casi setenta años, miles de judíos habían permanecido exiliados en Babilonia. Humanamente parecía imposible que recuperaran su libertad. Sin embargo, Dios anunció que un rey extranjero sería quien autorizaría su regreso.
Dios anunció que Jerusalén sería reconstruida
Isaías continúa con otra declaración extraordinaria:
“…que dice de Jerusalén: Será edificada…”
(Isaías 44:28).
Cuando Isaías escribió estas palabras, Jerusalén todavía permanecía en pie. El templo seguía funcionando y nadie imaginaba la devastación que sufriría décadas después bajo Nabucodonosor.
Sin embargo, Dios no solo anunció que la ciudad sería destruida; también declaró que llegaría el día en que volvería a levantarse.
Y el hombre que iniciaría ese proceso sería precisamente Ciro.
Dios anunció que el templo sería reconstruido
La profecía continúa:
“…y al templo: Serán echados tus cimientos.”
(Isaías 44:28).
Décadas más tarde, después de conquistar Babilonia, Ciro emitió un decreto autorizando la reconstrucción del templo de Jerusalén.
El libro de Esdras registra aquel momento histórico:
“Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén…”
(Esdras 1:2–3).
A partir de ese decreto comenzó el regreso de los primeros grupos de exiliados y se colocaron nuevamente los cimientos del Segundo Templo, exactamente como Isaías lo había anunciado muchos años antes.
Dios anunció que Ciro sería Su instrumento, aunque no lo conociera
Quizá una de las afirmaciones más sorprendentes aparece en Isaías 45.
Dios declara:
“Yo te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste… Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste.”
(Isaías 45:4–5).
Estas palabras revelan una profunda verdad teológica.
Ciro no era israelita.
No había crecido adorando al Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
Era un rey persa con su propia formación cultural y religiosa.
Y, sin embargo, Dios decidió utilizarlo para cumplir Sus propósitos.
Esto demuestra que el Señor no está limitado por las fronteras de Israel ni por las decisiones de los hombres. Él puede levantar a quien desea y utilizar incluso a gobernantes que no le conocen para llevar adelante Su plan en la historia.
Al observar todas estas profecías en conjunto, resulta difícil considerarlas simples coincidencias. No estamos ante una única predicción aislada, sino frente a una cadena de anuncios extraordinariamente específicos: un rey identificado por nombre antes de nacer, la conquista de Babilonia, las puertas abiertas, el secamiento de las aguas, la liberación de los cautivos, la reconstrucción de Jerusalén y del templo, y el hecho de que todo ello sería realizado por un hombre que ni siquiera conocía al Dios de Israel.
La pregunta ya no es si la profecía contiene detalles precisos. La verdadera pregunta es cómo pudieron escribirse con tanta anticipación. Esa es precisamente la evidencia que examinaremos al estudiar el cumplimiento histórico de cada una de estas declaraciones
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