Por el Dr. Elio M. Rivera
Durante muchos años leí Mateo, Marcos, Lucas y Juan sin detenerme a pensar en algo que ahora me parece fascinante. Siempre escuché que eran “los Evangelios”. Era una expresión tan común dentro del cristianismo que jamás me pregunté de dónde provenía ese nombre ni si sus autores habrían pensado en sus escritos de esa manera. Para mí, como para millones de personas, simplemente eran una parte natural de la Biblia. Sin embargo, mientras investigaba más profundamente la vida de Jesucristo para Cristopedia, descubrí algo que despertó nuevamente mi curiosidad y renovó mi interés por estos documentos antiguos: los escritos que conocemos como Evangelios también pueden entenderse como biografías de Jesús.
Un descubrimiento que cambió mi manera de leer
Debo confesar que aquel descubrimiento produjo un efecto inesperado en mí. Había leído estos libros durante décadas. Los había estudiado como pastor, maestro y estudiante de las Escrituras. Sin embargo, cuando comprendí que estaba frente a relatos biográficos acerca de una persona real que caminó por las calles de Galilea y Judea hace dos mil años, mi perspectiva cambió por completo. Ya no estaba leyendo únicamente textos religiosos. Estaba acercándome a los testimonios más antiguos y confiables que poseemos acerca de Jesucristo. Aquella idea despertó en mí un deseo renovado de abrir nuevamente sus páginas, pero esta vez con una pregunta diferente en mente: ¿cómo era realmente el hombre del que estaban hablando?

Cuando alguien toma en sus manos la biografía de un personaje histórico importante, normalmente no busca solamente fechas, datos o acontecimientos. Busca conocer a la persona. Quiere descubrir cómo pensaba, qué lo motivaba, cómo reaccionaba ante las dificultades, cuáles eran sus convicciones y qué impacto tuvo sobre quienes lo rodeaban. Eso mismo comenzó a ocurrirme con Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Empecé a leerlos con el deseo de acercarme a la persona de Jesucristo, de observar sus acciones, escuchar sus palabras y descubrir el carácter que impresionó tan profundamente a quienes convivieron con Él.
Una palabra más antigua que los propios libros
Curiosamente, la palabra “evangelio” no nació como el nombre de un libro. Proviene del término griego euangelion, que significa “buena noticia” o “buenas nuevas”. Los primeros cristianos utilizaban esta palabra para describir el mensaje acerca de Jesucristo: su vida, su muerte, su resurrección y la esperanza que Él ofrecía al mundo. Cuando hablaban del evangelio, no estaban pensando en un documento escrito, sino en una noticia que consideraban tan extraordinaria que debía ser compartida con todas las personas.
Con el paso de los años, los relatos escritos acerca de Jesús comenzaron a circular entre las iglesias. Aquellos documentos preservaban la historia del Maestro y permitían que nuevas generaciones conocieran lo que había dicho y hecho. Poco a poco, la comunidad cristiana empezó a identificar esos escritos como el registro de la Buena Noticia. Así surgieron expresiones como “El Evangelio según Mateo”, “El Evangelio según Marcos”, “El Evangelio según Lucas” y “El Evangelio según Juan”. Es interesante notar que originalmente la idea no era que existieran cuatro evangelios diferentes, sino un solo Evangelio acerca de Jesucristo contado desde cuatro perspectivas distintas.
Mucho más que documentos religiosos
Con frecuencia olvidamos que estos escritos fueron redactados por personas reales para lectores reales. Mateo no sabía que dos mil años después millones de personas estudiarían sus palabras. Marcos no imaginaba que su relato sería traducido a cientos de idiomas. Lucas probablemente nunca pensó que historiadores, arqueólogos y especialistas analizarían cuidadosamente su investigación. Juan tampoco pudo prever que su testimonio llegaría a ser uno de los textos más leídos e influyentes de toda la historia humana. Sin embargo, todos compartían una misma convicción: la historia de Jesús debía ser preservada.
Precisamente por esa razón considero que los Evangelios representan la forma más segura de acercarnos a Jesucristo. A lo largo de los siglos se han escrito miles de libros acerca de Él. Existen comentarios, sermones, estudios académicos, novelas, películas y documentales. Muchos de ellos contienen observaciones valiosas, pero todos fueron escritos después. Los Evangelios, en cambio, nos acercan mucho más a la fuente original. Son los documentos que la iglesia primitiva conservó porque reconoció en ellos el testimonio más cercano a la vida y al ministerio de Cristo.
Cuatro autores, un mismo Jesús
Algo que descubriremos a lo largo de esta serie es que cada autor observó aspectos distintos de la misma persona. Es como contemplar una gran montaña desde varios puntos de observación. La montaña es la misma, pero cada perspectiva permite apreciar detalles diferentes. Mateo enfatiza ciertos rasgos de Jesús. Marcos destaca otros. Lucas aporta información que los demás no registraron. Juan nos ofrece una mirada particularmente profunda de la relación entre Cristo y sus discípulos. Ninguno contradice a los otros; más bien se complementan para ofrecernos una imagen mucho más completa.
Por esta razón nace esta subserie dentro de nuestro recorrido titulado ¿Podemos llegar a conocer a Jesucristo como los discípulos del siglo primero? En los próximos capítulos no solamente estudiaremos los relatos acerca de Jesús. También intentaremos acercarnos a quienes los escribieron. Descubriremos quiénes eran, qué experiencias tuvieron con Cristo, qué los motivó a preservar su historia y qué aspectos de su vida consideraron más importantes. Será como sentarnos frente a Mateo, Marcos, Lucas y Juan para preguntarles directamente qué fue lo que vieron en aquel hombre que transformó sus vidas para siempre.
Una invitación a leer con nuevos ojos
Mi deseo al comenzar esta serie es invitarle a abrir nuevamente los Evangelios con una perspectiva diferente. No los vea únicamente como libros religiosos. No los considere simplemente una parte familiar de la Biblia. Intente acercarse a ellos como lo haría con las biografías de los personajes más importantes de la historia. Lea cada página con el deseo de conocer a la persona que aparece en ellas. Observe cómo habla Jesús, cómo responde a las personas, cómo trata a los marginados, cómo enfrenta la oposición y cómo revela su carácter en las situaciones más diversas.
Si nuestro objetivo es conocer a Jesucristo, difícilmente encontraremos un mejor lugar para comenzar. Después de dos mil años, los Evangelios siguen siendo las ventanas más amplias, más cercanas y más confiables que poseemos para acercarnos al Jesús histórico. Y quizá, al igual que me ocurrió a mí, usted descubra que detrás de estos antiguos relatos existe mucho más que información. Existe la oportunidad de encontrarse con la persona que cambió el curso de la historia humana.
Disfrute un reel con propósito:
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
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