Por: el Dr. Elio M. Rivera
El Mar de Galilea es uno de los lugares más importantes de toda la geografía bíblica. Ningún otro cuerpo de agua aparece tan estrechamente relacionado con la vida y el ministerio de Jesucristo. En sus orillas se desarrollaron muchos de sus milagros, enseñanzas y encuentros con los discípulos. Sin embargo, a pesar de su nombre, una de las mayores sorpresas para quienes lo visitan por primera vez es descubrir que en realidad no es un mar.
Muchas personas imaginan el Mar de Galilea como una enorme extensión de agua semejante al Mar Mediterráneo o al océano. Sin embargo, cuando llegan al lugar descubren que se trata de un lago de agua dulce. Aunque es el lago más importante de Israel, sus dimensiones son relativamente modestas en comparación con los grandes mares del mundo.
El Mar de Galilea mide aproximadamente veintiún kilómetros de norte a sur y trece kilómetros de este a oeste en su parte más ancha. Su superficie cubre cerca de ciento sesenta y seis kilómetros cuadrados. Aun así, debido a que se encuentra rodeado de montañas y colinas, produce una impresión visual mucho más grande de la que sugieren sus dimensiones.
Este lago posee varios nombres en la Biblia y en la historia. El más conocido es Mar de Galilea, debido a que se encuentra en la región de Galilea. Sin embargo, también recibe el nombre de Lago de Genesaret (Lucas 5:1), derivado de la fértil llanura de Genesaret ubicada en su ribera occidental.
Otro nombre frecuente es Mar de Tiberias (Juan 21:1), utilizado especialmente durante la época romana debido a la ciudad de Tiberias construida por Herodes Antipas en la costa occidental del lago. En el Antiguo Testamento aparece además como el Mar de Cineret o Cinerot (Números 34:11; Josué 12:3), probablemente debido a que su forma recuerda a un antiguo instrumento musical hebreo llamado kinnor o arpa.

El Mar de Galilea forma parte del sistema hidrográfico del Río Jordán. El Jordán entra por el extremo norte del lago y sale nuevamente por el extremo sur antes de continuar su recorrido hacia el Mar Muerto.
Uno de los aspectos más interesantes de este lago es su ubicación geográfica. Su superficie se encuentra aproximadamente doscientos diez metros por debajo del nivel del mar, convirtiéndolo en uno de los lagos de agua dulce más bajos del mundo. Está rodeado por colinas y montañas que alcanzan alturas mucho mayores, creando un escenario natural espectacular.
Esta peculiar geografía ayuda a explicar uno de los fenómenos más mencionados en los Evangelios: las tormentas repentinas. Los vientos fríos que descienden de las alturas pueden encontrarse con el aire cálido del valle, generando fuertes ráfagas y oleaje en cuestión de minutos.
Quienes han navegado por el lago aún hoy describen cambios bruscos en las condiciones climáticas. Este fenómeno ayuda a comprender por qué los discípulos, muchos de ellos pescadores experimentados, llegaron a temer por sus vidas durante algunas tormentas descritas en los Evangelios.
El Mar de Galilea fue el escenario principal del ministerio de Jesús. A lo largo de sus orillas se encontraban importantes poblaciones como Capernaúm, Betsaida, Magdala, Corazín y Tiberias. Desde estas ciudades, Cristo desarrolló gran parte de su obra pública.

Fue junto a este lago donde Jesús llamó a varios de sus primeros discípulos. Pedro, Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores que trabajaban en estas aguas cuando recibieron la invitación: «Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres» (Mateo 4:19).
Numerosos milagros ocurrieron en esta región. Jesús calmó la tempestad mientras navegaba con sus discípulos. Caminó sobre las aguas durante una tormenta. Realizó una pesca milagrosa. Liberó al endemoniado gadareno en la ribera oriental. Alimentó a miles de personas en sus alrededores y enseñó muchas de sus parábolas frente a las multitudes reunidas junto al lago.
Las aguas del Mar de Galilea también fueron testigos de algunos de los momentos más conmovedores de la vida de Cristo. Después de su resurrección, Jesús se apareció a varios de sus discípulos en sus orillas. Allí preparó un desayuno junto al lago y restauró públicamente a Pedro después de sus negaciones, preguntándole tres veces: «¿Me amas?» (Juan 21).
Desde el punto de vista económico, el lago fue una fuente vital para la región. La pesca constituía una industria importante durante la época de Jesús. Diversos descubrimientos arqueológicos han confirmado la existencia de embarcaciones pesqueras y una intensa actividad comercial alrededor del lago.
Uno de los hallazgos más famosos fue una embarcación del siglo primero descubierta en mil novecientos ochenta y seis cerca de Magdala. Conocida popularmente como la “Barca de Jesús”, esta embarcación ofrece una idea muy cercana del tipo de barcos utilizados por los pescadores galileos durante la época del Nuevo Testamento.
Actualmente, el Mar de Galilea continúa siendo una de las principales fuentes de agua dulce de Israel y uno de los destinos más visitados por peregrinos cristianos. Miles de personas recorren cada año sus orillas, navegan por sus aguas y visitan las ciudades donde Jesús enseñó y realizó muchos de sus milagros.
Por esta razón, el Mar de Galilea ocupa un lugar único dentro de la geografía bíblica. Aunque técnicamente no es un mar sino un lago, fue el escenario donde se desarrolló gran parte de la vida pública de Jesucristo. Ningún otro cuerpo de agua está tan estrechamente relacionado con sus enseñanzas, milagros y llamados al discipulado.
Cuando contemplamos las tranquilas aguas del Mar de Galilea, no vemos simplemente un lago rodeado de colinas. Vemos el escenario donde caminaron los apóstoles, donde resonó la voz del Maestro y donde innumerables personas escucharon por primera vez el mensaje del Reino de Dios. Sus aguas reflejan no solamente el cielo de Galilea, sino también algunos de los acontecimientos más trascendentales de toda la historia cristiana.
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