Hippos: La ciudad sobre el monte que iluminaba el Mar de Galilea
Por el Dr. Elio M. Rivera
A orillas orientales del Mar de Galilea se levantan las impresionantes ruinas de una antigua ciudad conocida como Hippos, llamada también Sussita en hebreo. Construida sobre una elevada meseta de aproximadamente trescientos cincuenta metros sobre el nivel del lago, esta ciudad dominaba visualmente gran parte de la región donde Jesucristo desarrolló su ministerio. Aún hoy, quienes visitan sus ruinas pueden comprender por qué fue considerada una de las ciudades más estratégicas de toda la Decápolis.
La historia de Hippos se remonta al período helenístico, varios siglos antes del nacimiento de Cristo. Fue fundada probablemente durante el siglo segundo antes de Cristo, cuando la influencia griega se extendió por toda la región tras las conquistas de Alejandro Magno. Más tarde pasó a formar parte de la Decápolis, una federación de ciudades grecorromanas que disfrutaban de cierto grado de autonomía bajo la protección de Roma.
Durante la época de Jesús, Hippos era una ciudad predominantemente gentil. Mientras la mayoría de las poblaciones situadas al oeste del Mar de Galilea eran judías, Hippos representaba la cultura grecorromana, con templos paganos, calles pavimentadas, edificios públicos, teatros y monumentos construidos según los modelos arquitectónicos del mundo romano.

Ruinas de Hippos (Sussita), una de las ciudades de la Decápolis. La imagen muestra una antigua calle que atraviesa los restos arqueológicos de esta ciudad grecorromana construida sobre una elevada meseta que domina el Mar de Galilea. A ambos lados del camino pueden observarse muros derrumbados, bloques de basalto negro y vestigios de edificios que alguna vez formaron parte de una próspera ciudad.
Aunque los Evangelios nunca mencionan directamente el nombre de Hippos, sí describen diversas visitas de Jesús a la región de la Decápolis.
”Y volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis” (Marcos 7:31).
Esta referencia demuestra que Jesús recorrió territorios donde la influencia de ciudades como Hippos era evidente.
Uno de los aspectos más fascinantes de esta ciudad es su posible relación con una de las enseñanzas más conocidas de Cristo.
”Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14).
Diversos investigadores han sugerido que cuando Jesús pronunció estas palabras durante el Sermón del Monte, una ciudad como Hippos pudo haber servido como ilustración visual. Desde muchas zonas del norte del Mar de Galilea, la ciudad era claramente visible sobre las alturas. Durante la noche, sus lámparas y antorchas podían verse desde largas distancias. Aunque no existe una prueba definitiva de que Jesús estuviera señalando específicamente a Hippos, la imagen de una ciudad elevada dominando el horizonte encaja perfectamente con la comparación utilizada por el Maestro.
La ubicación exacta de Hippos nunca se perdió completamente. Los viajeros y exploradores del siglo diecinueve identificaron las ruinas visibles sobre la colina conocida como Sussita. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas sistemáticas comenzaron mucho más tarde.
Los primeros estudios importantes se realizaron después de la creación del Estado de Israel, pero las investigaciones modernas tomaron impulso especialmente a partir de la década de mil novecientos cincuenta. Posteriormente, arqueólogos israelíes y equipos internacionales llevaron a cabo extensas campañas de excavación que continúan hasta nuestros días.
Los descubrimientos han sido extraordinarios. Los arqueólogos han sacado a la luz calles romanas pavimentadas, iglesias bizantinas, sistemas de abastecimiento de agua, baños públicos, murallas defensivas, foros, templos y numerosas viviendas. También se han encontrado inscripciones griegas, monedas y objetos que permiten reconstruir la vida cotidiana de la ciudad durante varios siglos.
Entre los hallazgos más impresionantes destacan las columnas monumentales que aún permanecen en pie y los restos de una gran avenida principal que atravesaba la ciudad. Estas estructuras permiten imaginar el esplendor que Hippos alcanzó durante el período romano y bizantino.
Sin embargo, la prosperidad de la ciudad no duró para siempre.
En el año setecientos cuarenta y nueve después de Cristo, un poderoso terremoto sacudió gran parte de la región. El desastre destruyó numerosas ciudades del valle del Jordán y del Mar de Galilea. Hippos fue una de las más afectadas. Gran parte de sus edificios colapsaron y la ciudad fue abandonada poco tiempo después. A diferencia de Jerusalén o Nazaret, nunca volvió a ser reconstruida.
Durante más de mil años las ruinas permanecieron prácticamente olvidadas sobre la montaña, hasta que los arqueólogos comenzaron a estudiarlas cuidadosamente.
Hoy, quienes recorren Hippos pueden caminar por las mismas calles que vieron comerciantes, soldados romanos y habitantes de la Decápolis durante el tiempo de Jesús. Desde sus alturas todavía se contempla el Mar de Galilea y gran parte de las regiones donde el Señor enseñó, predicó y realizó milagros.
Quizá por eso Hippos sigue cautivando a tantos visitantes. Sus piedras no solamente cuentan la historia de una ciudad antigua. También ayudan a comprender el escenario real donde se desarrollaron algunas de las enseñanzas más memorables de Jesucristo. Desde aquella montaña, una ciudad podía verse a kilómetros de distancia. Y precisamente por eso las palabras del Maestro continúan resonando con fuerza: “Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.”
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