Por: el Dr. Elio M. Rivera
Mientras Galilea, Samaria y Judea formaban el corazón de la tierra habitada principalmente por los judíos, al este y sureste del Mar de Galilea existía una región muy diferente conocida como la Decápolis. Su nombre proviene de dos palabras griegas que significan “diez ciudades”. Aunque el número exacto de ciudades varió en diferentes períodos, la región estaba compuesta por un grupo de importantes centros urbanos influenciados por la cultura griega y romana.
La Decápolis surgió después de las conquistas de Alejandro Magno en el siglo cuarto antes de Cristo. A medida que la cultura griega se extendió por el Medio Oriente, varias ciudades fueron fundadas o transformadas según los modelos helenísticos. Estas ciudades se caracterizaban por sus teatros, templos, calles pavimentadas, mercados, gimnasios y edificios públicos que reflejaban la influencia de Grecia y posteriormente de Roma.
A diferencia de las regiones predominantemente judías, la población de la Decápolis estaba formada en gran medida por gentiles. Allí predominaban las costumbres griegas, el idioma griego era ampliamente utilizado y la religión incluía la adoración de diversas deidades paganas. Esta diferencia cultural hacía que la Decápolis destacara notablemente dentro del paisaje del Nuevo Testamento.
Las ciudades de la Decápolis se encontraban principalmente al este del río Jordán y del Mar de Galilea, aunque algunas estaban ubicadas más al sur. Entre las más conocidas se encontraban Escitópolis, Gadara, Gerasa, Hipos, Filadelfia y Pela. Muchas de estas ciudades prosperaron gracias al comercio y a su ubicación estratégica sobre importantes rutas que conectaban Arabia, Siria y Palestina.
La presencia de la Decápolis demuestra que el ministerio de Jesús no se desarrolló únicamente entre poblaciones judías. Los Evangelios muestran que, en diversas ocasiones, el Señor cruzó hacia regiones habitadas por gentiles y ministró entre personas que no pertenecían al pueblo de Israel.
Uno de los relatos más conocidos relacionados con la Decápolis es la sanidad del endemoniado gadareno. Después de cruzar el Mar de Galilea, Jesús llegó a la región de los gadarenos, donde liberó a un hombre que había vivido durante años atormentado por espíritus malignos (Marcos 5:1-20; Lucas 8:26-39). El relato refleja claramente el ambiente gentil de la región. Entre otras cosas, se menciona una gran piara de cerdos, animales que normalmente no eran criados por los judíos debido a las leyes ceremoniales.
Después de ser sanado, aquel hombre quiso seguir a Jesús, pero el Señor le dio una misión diferente: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo» (Marcos 5:19). El Evangelio añade que comenzó a publicar el milagro en la Decápolis y que todos se maravillaban (Marcos 5:20). De esta manera, uno de los primeros testigos de Cristo entre los gentiles surgió precisamente de esta región.
La Decápolis también aparece en relación con otros milagros de Jesús. Marcos registra que, al pasar nuevamente por esta zona, el Señor sanó a un hombre sordo y tartamudo (Marcos 7:31-37). Las multitudes quedaron asombradas y exclamaban: «Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar» (Marcos 7:37).
Los Evangelios indican además que personas procedentes de la Decápolis acudían para escuchar a Jesús. Mateo señala que grandes multitudes le seguían desde Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán (Mateo 4:25). Esto demuestra que la fama de Jesús trascendió rápidamente las fronteras culturales y religiosas de su tiempo.
La existencia de la Decápolis dentro de la geografía bíblica nos ayuda a comprender una verdad importante: el mensaje de Jesucristo no estaba destinado únicamente a una región o a un grupo étnico específico. Desde el comienzo de su ministerio, personas de diversos pueblos fueron atraídas por sus enseñanzas, sus milagros y su autoridad.
Cuando observamos las ruinas arqueológicas de ciudades como Gerasa o Gadara, descubrimos impresionantes teatros, calles columnadas y edificios monumentales que reflejan la influencia de la civilización grecorromana. Estos vestigios nos recuerdan que el Evangelio comenzó a extenderse en un mundo multicultural, donde convivían diferentes idiomas, costumbres y creencias.
La Decápolis representa, en muchos sentidos, el encuentro entre dos mundos: el mundo judío donde nació Jesús y el mundo gentil al que eventualmente llegaría el mensaje del Evangelio. Lo que comenzó en las aldeas de Galilea terminaría alcanzando las grandes ciudades del Imperio Romano y, con el paso de los siglos, llegaría hasta los confines de la tierra.
Por esta razón, la Decápolis ocupa un lugar especial dentro de la geografía bíblica. Más que un conjunto de ciudades antiguas, constituye un recordatorio de que el mensaje de Jesucristo fue diseñado para alcanzar a todas las naciones, culturas y pueblos. En sus ciudades gentiles podemos observar uno de los primeros destellos de la expansión universal del Evangelio que transformaría la historia del mundo.
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