Por el Dr. Elio M. Rivera
Cuando pensamos en la vida de Jesucristo, solemos recordar lugares como Belén, donde nació; Nazaret, donde creció; o Jerusalén, donde fue crucificado y resucitó. Sin embargo, existe otra ciudad que desempeñó un papel fundamental en su ministerio y que aparece una y otra vez en las páginas de los Evangelios: Capernaúm.
Después de iniciar su ministerio público, Jesús dejó Nazaret y se estableció en esta pequeña ciudad situada a orillas del Mar de Galilea.
”Y dejando Nazaret, vino y habitó en Capernaúm, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí” (Mateo 4:13).
Desde allí comenzó una etapa extraordinaria de su ministerio. En sus calles enseñó a las multitudes. En sus alrededores llamó a varios de sus discípulos. Allí realizó milagros que se difundieron por toda Galilea. De hecho, los Evangelios mencionan Capernaúm más que cualquier otra ciudad relacionada con el ministerio de Jesús.
Fue en Capernaúm donde sanó al siervo del centurión romano.
”Y Jesús le dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:13).
Fue allí donde sanó a la suegra de Pedro.
”Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó” (Mateo 8:14-15).
Fue también en la sinagoga de Capernaúm donde enseñó con una autoridad que asombraba a quienes lo escuchaban.
”Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22).
En esta ciudad ocurrió la liberación de un hombre poseído por un espíritu inmundo.
”Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces” (Marcos 1:23).
Fue también en Capernaúm donde cuatro hombres descendieron a un paralítico a través del techo para que Jesús lo sanara.
”Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro” (Marcos 2:3).
Y fue en esta misma ciudad donde Jesús pronunció uno de los discursos más profundos registrados en los Evangelios, conocido como el discurso del Pan de Vida.
”Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaúm” (Juan 6:59).
Al leer estos relatos surge una pregunta natural.
¿Realmente existió Capernaúm?
Después de todo, han pasado casi dos mil años desde que ocurrieron estos acontecimientos. Las ciudades pueden desaparecer. Los edificios pueden derrumbarse. Las guerras pueden borrar poblaciones enteras. ¿Qué evidencia tenemos de que la ciudad mencionada tantas veces por los Evangelios fue un lugar real?
La pregunta es importante porque el cristianismo no se presenta como una filosofía abstracta ni como una colección de mitos. Los Evangelios describen acontecimientos que supuestamente ocurrieron en lugares específicos, entre personas reales y dentro de un contexto histórico determinado.
Si Capernaúm fue verdaderamente el centro del ministerio de Jesús, deberíamos esperar encontrar alguna evidencia de su existencia.
Y eso es precisamente lo que ocurrió.
Durante siglos, la antigua ciudad permaneció abandonada. El tiempo cubrió sus calles y edificios. Generaciones enteras pasaron sin saber con certeza dónde se encontraba la población que había servido como base para el ministerio de Jesús.
Sin embargo, a partir del siglo diecinueve, exploradores y arqueólogos comenzaron a estudiar unas ruinas situadas junto al Mar de Galilea. Poco a poco, las excavaciones revelaron los restos de una ciudad del siglo primero perfectamente compatible con las descripciones de los Evangelios.
Aparecieron viviendas, calles, estructuras públicas y una antigua sinagoga. Más sorprendente aún, los arqueólogos descubrieron una vivienda que desde tiempos muy tempranos fue venerada por los cristianos como la casa del apóstol Pedro.
De pronto, las páginas de los Evangelios parecían cobrar vida. La ciudad donde Jesús había enseñado, sanado enfermos y llamado discípulos no pertenecía únicamente al texto bíblico. Había dejado huellas reales en la historia.
Pero esto nos lleva a nuevas preguntas.
¿Quién descubrió Capernaúm? ¿Cuándo comenzaron las excavaciones? ¿Qué encontraron exactamente los arqueólogos? ¿Existe realmente evidencia de la casa de Pedro? ¿Y qué sabemos acerca de la sinagoga donde Jesús enseñó?
En el próximo capítulo seguiremos las huellas de los investigadores que redescubrieron una de las ciudades más importantes del Nuevo Testamento y examinaremos la evidencia arqueológica que ha convertido a Capernaúm en uno de los lugares bíblicos mejor documentados de toda Tierra Santa.
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