04. Los obreros que esperaban en la plaza para ser contratados

Dr. Elio M Rivera

Séforis — El mundo que pudo conocer Jesús

  Hay una parábola de Jesucristo que parece transportarnos directamente al mercado laboral de una ciudad antigua.

  No comienza con una ceremonia religiosa ni con una discusión entre maestros de la Ley.

  Comienza con hombres que necesitan trabajar.

  «Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña» (Mateo 20:1, RVR1960).

  Jesús describió una costumbre conocida en el mundo antiguo: hombres que se reunían en lugares públicos esperando que alguien los contratara por una jornada.

  No todos tenían un empleo permanente.

  Algunos dependían de encontrar trabajo cada mañana.

  Y cuando nadie los contrataba, podían regresar a sus hogares sin haber ganado nada.

Una plaza donde se buscaba trabajo

  En una ciudad como Séforis, donde se desarrollaban construcciones y actividades comerciales, era necesario conseguir trabajadores para distintas tareas.

  Un propietario podía necesitar hombres para transportar materiales.

  Un constructor podía buscar ayudantes para levantar muros.

  Un agricultor podía contratar jornaleros para trabajar sus campos.

  Los trabajadores eventuales dependían de que alguien necesitara sus servicios.

  Podemos imaginar a varios hombres reunidos desde temprano en un lugar concurrido, atentos a la llegada de posibles empleadores.

  Algunos llevaban herramientas.

  Otros solamente podían ofrecer la fuerza de sus brazos.

  Todos esperaban escuchar que alguien necesitaba trabajadores.

  Esta reconstrucción no procede de un registro específico de contrataciones en Séforis, sino de las prácticas laborales que conocemos por las fuentes antiguas, incluida la propia parábola de Jesús.

«¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?»

  Jesús continuó su relato:

  «Y saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados» (Mateo 20:3, RVR1960).

  El propietario volvió a buscar trabajadores a diferentes horas.

  Algunos fueron contratados temprano.

  Otros tuvieron que esperar.

  Finalmente, casi al terminar la jornada, encontró a hombres que todavía permanecían allí.

  «Les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado» (Mateo 20:6–7, RVR1960).

  La respuesta es extraordinariamente reveladora.

  «Porque nadie nos ha contratado».

  No estaban necesariamente allí porque rechazaran el trabajo.

  Estaban esperando una oportunidad que no había llegado.

  Para un jornalero, aquella situación podía significar un día sin ingresos.

  Y detrás de cada trabajador podía existir una familia que necesitaba alimentos.

  Jesús describió con notable naturalidad una realidad económica que afectaba a los hombres más vulnerables de aquella sociedad.

¿Dónde pudo conocer Jesús aquellas escenas?

  Nazaret era una pequeña aldea, rodeada de tierras agrícolas y comunidades rurales.

  Séforis, en cambio, era un centro urbano cercano, con actividad administrativa, comercial y constructiva.

  Aunque existían otras poblaciones en Galilea, Séforis era el centro urbano importante más próximo a Nazaret durante los años de formación de Jesús.

  Si José y Jesús buscaron trabajo fuera de su aldea, aquella ciudad habría sido una opción natural.

  Y si acudían allí como artesanos, pudieron conocer de cerca las circunstancias de otros trabajadores.

  Hombres que conseguían empleo.

  Hombres que esperaban durante horas.

  Hombres que dependían de un patrón.

  Hombres que regresaban a casa después de una jornada agotadora.

  No sería necesario imaginar a Jesús como propietario de una viña para comprender su conocimiento de estas situaciones.

  Bastaría considerar su propia experiencia dentro del mundo del trabajo.

  ¿Pudo haber observado en Séforis a hombres esperando ser contratados, semejantes a los que posteriormente describió en su parábola?

  Es una posibilidad especialmente interesante.

El salario de una jornada

  Jesús añadió otro detalle:

  «Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña» (Mateo 20:2, RVR1960).

  El denario era una moneda romana que podía utilizarse como referencia para el salario diario de un trabajador.

  El relato también muestra que los acuerdos laborales podían establecerse por jornada.

  El propietario contrataba.

  El trabajador aceptaba.

  Y al finalizar el día esperaba recibir su pago.

  La parábola continúa con una escena relacionada con la entrega de los salarios:

  «Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros» (Mateo 20:8, RVR1960).

  Jesús estaba utilizando elementos reconocibles de la vida laboral: contratación, jornadas, salarios, administradores y trabajadores.

  Aunque la parábola tiene un propósito espiritual, el escenario humano que presenta es concreto.

  Y resulta especialmente significativo que Jesús conociera personalmente un oficio manual.

Una ciudad que hace pensar en el carpintero de Nazaret

  No podemos afirmar que la parábola de los obreros de la viña nació de una escena observada por Jesús en Séforis.

  La contratación de jornaleros también era habitual en ambientes agrícolas, y la parábola describe precisamente el trabajo en una viña.

  Sin embargo, la cercanía de Séforis introduce una posibilidad que merece considerarse.

  Jesús vivía cerca de una ciudad donde se necesitaban trabajadores.

  Conocía un oficio.

  Y posteriormente utilizó ejemplos que reflejaban las preocupaciones de quienes dependían de conseguir empleo.

  La parábola no demuestra que Jesús trabajara en Séforis, pero encaja de manera natural con el mundo laboral que pudo haber conocido allí.

  Cuando imaginamos a los jornaleros esperando en una plaza, no estamos contemplando solamente una ilustración religiosa.

  Estamos acercándonos a la vida de los trabajadores de Galilea.

  Y entre aquellos trabajadores hubo uno que, años después, sería conocido por las multitudes como Maestro.

  Jesús de Nazaret, el carpintero que conoció el trabajo humano y utilizó sus realidades cotidianas para enseñar acerca del reino de Dios.

Y el verbo se hizo carne y habito entre nosotros (Juan 1: 14)

Y el verbo se hizo carne y también tuvo que esperar para que alguien lo contratara.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.