07. Jesús sabía que sería traicionado y abandonado por los más cercanos

Dr. Elio M. Rivera

  Hay una enorme diferencia entre recibir un golpe de un enemigo y recibirlo de alguien a quien hemos permitido entrar en nuestra vida.

  Un desconocido puede lastimarnos.

  Pero un amigo puede quebrarnos el corazón.

  Jesucristo sabía, antes de venir, que una parte de su sufrimiento no vendría de soldados romanos ni de personas desconocidas.

Vendría de su círculo más cercano.

Sabía que alguien que comería con Él lo traicionaría

  Mucho antes de Belén, encontramos estas palabras:

«Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar» (Salmo 41:9).

  La expresión «el que de mi pan comía» hace que la escena resulte especialmente dolorosa.

  Comer con alguien significa cercanía.

  Imagine invitar durante años a una persona a su mesa.

  Le abre su casa.

  Comparte su comida.

  Lo ayuda.

  Camina con él.

  Le permite formar parte de su vida.

  Y un día descubre que esa misma persona está negociando a sus espaldas para entregarlo a quienes quieren destruirlo.

  Eso se acerca a lo que Cristo sabía que ocurriría.

Jesús sabía quién lo traicionaría e incluso el precio de la traición y aun así vino

  Zacarías dejó escrito otro detalle extraordinario:

«Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata» (Zacarías 11:12).

  Treinta piezas.

  Póngalo en términos sencillos.

  Imagine descubrir que alguien a quien usted ama ha decidido entregarlo.

  Pero después pregunta:

«¿Cuánto recibió por hacerlo?»

  Y entonces escucha una cantidad.

  De pronto comprende algo todavía más doloroso:

alguien le puso precio a su relación con usted.

  Cristo sabía que sería traicionado.

  Y sabía que habría dinero de por medio.

Sabía que los demás también huirían

  Pero Judas no sería el único dolor.

  Zacarías había escrito:

«Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas» (Zacarías 13:7).

  Cuando llegara el momento más difícil, aquellos que habían caminado con Jesús se dispersarían.

  Pensemos en lo que significa.

  Imagine que usted atraviesa el momento más terrible de su vida.

  No necesita dinero.

  No necesita explicaciones.

  Solamente necesita que sus amigos estén allí.

  Entonces mira a su alrededor…

y se han ido.

  Eso también estaba delante de Cristo antes de venir.

Sabía que llegaría aquella noche

  Antes de Belén, Cristo sabía que algún día existiría una noche en Getsemaní.

  Sabía que uno de los suyos llegaría acompañado de quienes venían a arrestarlo.

  Sabía que la traición vendría de alguien que había compartido su mesa.

  Sabía que habría treinta piezas de plata.

  Sabía que los demás se dispersarían.

  Sabía que cuando comenzara el camino hacia la cruz, muchos de aquellos que habían caminado junto a Él ya no estarían a su lado.

  Y esto nos permite comprender algo nuevo acerca de su sacrificio.

  A veces pensamos solamente en el dolor físico de la cruz.

  Pero antes de que un clavo atravesara sus manos, su corazón ya habría experimentado el dolor de la traición y del abandono.

¿Qué nos revela esto acerca de su corazón?

  Si usted supiera que dentro de algunos años una persona a la que hoy va a amar, cuidar y servir terminará traicionándolo, probablemente levantaría una barrera desde el primer día.

  Se protegería.

  No permitiría demasiada cercanía.

  Tal vez pensaría:

«Si sé cómo terminará esta historia, no voy a comenzar esa relación».

  Jesús sabía cómo terminaría.

  Y aun así permitió que Judas caminara con Él.

  Compartió su mesa.

  Le permitió escuchar sus palabras.

  Y continuó amando a sus discípulos aun sabiendo que, llegada la hora, huirían.

  Eso hace que su amor resulte todavía más difícil de comprender.

Conocía de antemano la traición y no dejó de amar.

Conocía de antemano el abandono y no dejó de caminar hacia la cruz.

  Mucho antes de que ocurriera aquella noche, ya estaba escrito.

  Uno lo traicionaría.

  Treinta piezas de plata cambiarían de manos.

  Las ovejas serían dispersadas.

Él lo sabía.

  Y sabiendo que cuando más necesitara compañía muchos lo dejarían solo, decidió venir de todos modos.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.