04. Jesús sabía que el hombre se había rebelado contra Dios

Dr. Elio M. Rivera

  Jesucristo no vino a buscar una humanidad que estuviera esperando ansiosamente su llegada.

  No descendió a un mundo rendido ante Dios, dispuesto a obedecerlo y recibirlo.

  La realidad era exactamente la contraria.

El hombre se había rebelado contra Dios.

  Y Cristo lo sabía antes de venir.

  Siglos antes de Belén, las Escrituras ya habían descrito aquella rebelión. El problema del hombre no era solamente que estuviera perdido. Había tomado una decisión: quería seguir su propio camino.

Cada uno escogió su propio camino

  Isaías lo expresó con extraordinaria sencillez:

«Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino» (Isaías 53:6).

  Estas palabras revelan algo profundo acerca del pecado.

  El hombre no solamente se extravió accidentalmente.

  Quiso caminar por su propio camino.

  Desde el Edén encontramos esta actitud. Dios había establecido un límite, pero el hombre decidió traspasarlo. En lugar de someter su voluntad a la voluntad de su Creador, decidió determinar por sí mismo lo que quería hacer.

  Ese principio continuaría repitiéndose a través de la historia:

Dios decía una cosa y el hombre quería otra.

  En el fondo de la rebelión humana se encontraba una declaración silenciosa pero terrible:

«Quiero dirigir mi vida sin Dios».

Jesús sabía que el hombre se había rebelado contra Dios y aun así vino

Las naciones también se rebelaron

  El Salmo 2 amplía todavía más esta escena:

«¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido» (Salmo 2:1-2).

  Y después aparecen estas palabras:

«Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas» (Salmo 2:3).

  Es una imagen impresionante.

  La humanidad percibe la autoridad de Dios como algo de lo cual quiere liberarse.

  No quiere ligaduras.

  No quiere cuerdas.

  No quiere que Dios gobierne sobre ella.

  Quiere independencia.

  Quiere autonomía.

  Quiere decidir por sí misma qué es bueno y qué es malo.

Él sabía a quiénes venía a buscar

  Cristo conocía todo esto antes de venir.

  Sabía que descendería a un mundo donde muchos seres humanos no querían ser gobernados por Dios.

  Sabía que encontraría orgullo.

  Sabía que encontraría resistencia.

  Sabía que encontraría corazones endurecidos.

  Sabía que encontraría una humanidad que había escogido su propio camino.

  Y hay algo todavía más impresionante en el Salmo 2.

  La rebelión no sería solamente contra Dios.

  También sería contra «su ungido».

  Es decir, Cristo sabía que cuando llegara, parte de aquella rebelión terminaría dirigiéndose personalmente contra Él.

Venía sabiendo que sería rechazado

  Esto nos permite contemplar su venida de una manera diferente.

  Jesucristo no descendió del cielo esperando descubrir cómo reaccionaría la humanidad.

  Las Escrituras ya habían descrito el corazón rebelde del hombre.

  Sabía que algunos rechazarían su autoridad.

  Sabía que cuestionarían sus palabras.

  Sabía que se levantarían contra Él.

  Sabía que intentarían deshacerse de Él.

  Y finalmente, aquella rebelión humana llegaría hasta el punto de querer eliminar al mismo Ungido de Dios.

  Sin embargo, vino.

Aquí podemos ver su corazón

  Tal vez nosotros habríamos esperado otra respuesta.

  Si alguien nos rechaza, nos alejamos.

  Si alguien desprecia nuestra autoridad, podemos dejarlo seguir su camino.

  Si alguien se convierte deliberadamente en nuestro adversario, difícilmente correríamos detrás de él para rescatarlo.

  Pero Cristo hizo precisamente eso.

  El hombre decía:

«Quiero mi propio camino».

  Y Cristo decidió entrar en ese mundo para buscarlo.

  El hombre quería alejarse.

  Cristo se acercó.

  El hombre rechazaba su gobierno.

  Cristo vino a ofrecerle reconciliación.

  El hombre se levantaba contra Dios.

  Dios preparaba su rescate.

  Y aquí encontramos nuevamente las palabras de Isaías. Después de declarar que «cada cual se apartó por su camino», el versículo termina de una manera sorprendente:

«Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:6).

  Nosotros escogimos nuestro camino.

  Él escogió venir por nosotros.

  Sabía que la humanidad se había rebelado.

  Sabía que esa rebelión también se levantaría contra Él.

  Sabía que no encontraría un mundo obediente esperándolo.

Lo sabía.

Y aun así vino.

  Eso nos permite ver algo extraordinario en su corazón:

no vino solamente por quienes lo amaban; vino también a buscar a quienes se habían rebelado contra Él.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.