04. “El Hijo del Hombre”: mucho más que una declaración de humanidad

Por el Dr. Elio M Rivera

  Si alguien preguntara cuál fue el título que Jesús utilizó con mayor frecuencia para referirse a sí mismo en los Evangelios, probablemente muchas personas responderían: “Hijo de Dios”.

  Sin embargo, existe otro título que aparece repetidamente en labios de Jesús y que puede resultar todavía más intrigante:

“El Hijo del Hombre.”

  A primera vista parece una expresión sencilla. Incluso podríamos pensar que Jesús solamente estaba diciendo: “Soy un ser humano.”

  Y ciertamente el título puede subrayar su verdadera humanidad.

  Pero existe un problema.

  Cuando examinamos cómo Jesús utiliza esta expresión, especialmente en algunos de los momentos más importantes de su vida, descubrimos que “Hijo del Hombre” puede llevarnos directamente a una de las visiones más extraordinarias del Antiguo Testamento.

  Una visión en la que aparece un personaje que viene con las nubes del cielo, se presenta delante del Anciano de días y recibe dominio, gloria y un reino que jamás será destruido.

  Estamos hablando de Daniel capítulo 7.

  Y Jesús aplicó esta figura a sí mismo.

Una visión escrita siglos antes de Jesús

  El profeta Daniel describe una visión nocturna:

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre…”
Daniel 7:13, RVR1960

  Detengámonos.

  Daniel no está simplemente observando a un hombre caminando sobre la tierra.

  Este personaje aparece:

“con las nubes del cielo”.

  Después sucede algo todavía más extraordinario:

“…que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.”
Daniel 7:13, RVR1960

  El Anciano de días aparece anteriormente en la visión sentado sobre un trono, rodeado de una escena celestial de majestad y juicio.

  Entonces este personaje semejante a un hijo de hombre es llevado ante Él.

  ¿Y qué recibe?

“Y le fue dado dominio, gloria y reino…”
Daniel 7:14, RVR1960

  Pero no termina ahí:

“…para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran…”
Daniel 7:14, RVR1960

  Y finalmente:

“…su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.”
Daniel 7:14, RVR1960

  Leamos nuevamente las características de este personaje:

Viene con las nubes del cielo.

Se presenta delante del Anciano de días.

Recibe dominio.

Recibe gloria.

Recibe un reino.

Pueblos, naciones y lenguas le sirven.

Su dominio es eterno.

Su reino jamás será destruido.

  Estamos muy lejos de una simple manera de decir:

“Soy humano.”

¿Qué significa que venga “con las nubes”?

  Este detalle merece especial atención.

  Para nosotros las nubes pueden ser solamente un elemento del paisaje.

  Pero dentro del lenguaje del Antiguo Testamento, venir sobre las nubes está asociado repetidamente con Dios.

  Por ejemplo:

“He aquí que Jehová monta sobre una ligera nube…”
Isaías 19:1, RVR1960

  El salmista dice acerca de Dios:

“El que pone las nubes por su carroza…”
Salmo 104:3, RVR1960

  Y Deuteronomio declara:

“No hay como el Dios de Jesurún, quien cabalga sobre los cielos para tu ayuda…”
Deuteronomio 33:26, RVR1960

  Por eso, la imagen de Daniel resulta tan sorprendente.

  Un personaje “como un hijo de hombre” aparece asociado con las nubes del cielo y recibe una autoridad universal y eterna.

  Ahora guardemos esta imagen en nuestra mente.

  Porque siglos después Jesús se encuentra frente al sumo sacerdote.

La noche en que Jesús tuvo que responder quién era

  Estamos ahora en Jerusalén.

  Jesús ha sido arrestado.

  Sus enemigos buscan evidencia para condenarlo.

  Finalmente, el sumo sacerdote le hace una pregunta directa:

“¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?”
Marcos 14:61, RVR1960

  Este es uno de los momentos decisivos de nuestra investigación.

  Jesús está frente a quienes tienen autoridad para acusarlo.

  No está hablando metafóricamente ante una multitud.

  Está siendo interrogado.

  Y responde:

“Yo soy…”
Marcos 14:62, RVR1960

  Pero Jesús no se detiene allí.

  Añade:

“…y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo con las nubes del cielo.”
Marcos 14:62, RVR1960

  Para nosotros quizá sea simplemente una frase religiosa.

  Pero quienes conocían las Escrituras podían reconocer inmediatamente las imágenes.

  Jesús está reuniendo dos grandes pasajes del Antiguo Testamento.

“Sentado a la diestra”: el Salmo 110

  La primera imagen procede del Salmo 110:

“Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra…”
Salmo 110:1, RVR1960

  Jesús habla de estar:

“sentado a la diestra del poder de Dios”.

  La diestra representa una posición de extraordinario honor y autoridad.

  Pero inmediatamente añade una segunda imagen:

“viniendo con las nubes del cielo”.

  Y ahora regresamos exactamente a Daniel:

“He aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre…”
Daniel 7:13, RVR1960

  Jesús está tomando Salmo 110 y Daniel 7 y aplicándolos a sí mismo.

  En otras palabras:

El Hijo del Hombre de Daniel soy yo.

Y entonces ocurrió algo extraordinario

  ¿Cómo reaccionó el sumo sacerdote?

  ¿Dijo:

  “Muy bien, Jesús acaba simplemente de decir que es humano”?

  No.

  Marcos registra:

“Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?”
Marcos 14:63, RVR1960

  Y continúa:

“Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece?”
Marcos 14:64, RVR1960

  La respuesta fue:

“Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte.”
Marcos 14:64, RVR1960

  Detengámonos nuevamente.

  Jesús se identifica con el Hijo del Hombre.

  Habla de sentarse a la diestra del Poder.

  Declara que vendrá con las nubes del cielo.

  Y el sumo sacerdote rasga sus vestiduras y exclama:

“Habéis oído la blasfemia.”

  Evidentemente, para quienes lo estaban juzgando, Jesús acababa de realizar una afirmación muchísimo más seria que:

“Yo soy un ser humano.”

El acusado anuncia que un día ellos lo verán como juez

  Hay algo todavía más impresionante en esta escena.

  Pensemos en la situación.

  Jesús está detenido.

  Está siendo interrogado.

  Humanamente hablando, ellos tienen poder sobre Él.

  Ellos están juzgando a Jesús.

  Pero la respuesta de Jesús prácticamente invierte la escena.

  Les dice:

“Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios…”

  El hombre que está siendo juzgado anuncia que un día aparecerá investido de autoridad celestial.

  El acusado habla como quien finalmente tendrá autoridad sobre sus acusadores.

  Eso cambia completamente la escena.

Jesús ya había hablado del Hijo del Hombre como juez

  Y no era la primera vez.

  En Mateo encontramos estas palabras:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria.”
Mateo 25:31, RVR1960

  Después:

“Y serán reunidas delante de él todas las naciones…”
Mateo 25:32, RVR1960

  Observe nuevamente:

Viene en gloria.

Los ángeles lo acompañan.

Se sienta en un trono.

Todas las naciones comparecen delante de Él.

Él ejecuta juicio.

  No estamos frente a la descripción de un simple maestro religioso.

“El Hijo del Hombre tiene potestad para perdonar pecados”

  Existe todavía otra utilización sorprendente del título.

  Cuando unos hombres llevan un paralítico ante Jesús, Él primero le dice:

“Hijo, tus pecados te son perdonados.”
Marcos 2:5, RVR1960

  Los escribas reaccionan inmediatamente:

“¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”
Marcos 2:7, RVR1960

  Jesús entonces sana al paralítico para demostrar algo:

“Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…”
Marcos 2:10, RVR1960

  Otra vez aparece el título.

El Hijo del Hombre.

  Y ahora ese Hijo del Hombre reclama autoridad para perdonar pecados.

El Hijo del Hombre también es Señor del sábado

  En otra controversia Jesús declara:

“Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.”
Marcos 2:28, RVR1960

  El sábado no era una institución cualquiera.

  Formaba parte de la Ley dada por Dios a Israel.

  Y Jesús declara que:

“El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.”

  Una vez más, el título aparece acompañado de una afirmación extraordinaria de autoridad.

Pero existe una paradoja fascinante

  Aquí debemos evitar cometer un error.

  Jesús no utilizó “Hijo del Hombre” solamente para hablar de gloria, autoridad y juicio.

  También lo utilizó para anunciar su sufrimiento y su muerte.

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
Marcos 10:45, RVR1960

  Esto hace que el título sea todavía más extraordinario.

  El mismo Hijo del Hombre que:

recibe un reino eterno,

viene con las nubes,

perdona pecados,

es Señor del sábado,

juzgará a las naciones

  es también aquel que:

sirve, sufre y entrega su vida.

  Gloria y humillación aparecen reunidas en la misma persona.

Regresemos nuevamente al siglo I

  Intentemos escucharlo como si nunca hubiéramos oído hablar de Jesús.

  Un hombre de Nazaret aparece delante de nosotros.

  Y comienza a llamarse:

“El Hijo del Hombre.”

  Después afirma:

El Hijo del Hombre puede perdonar pecados.

  El Hijo del Hombre es Señor del sábado.

  El Hijo del Hombre vendrá en gloria.

  El Hijo del Hombre se sentará en su trono.

  Todas las naciones comparecerán delante de Él.

  Y finalmente, frente al sumo sacerdote, declara:

“Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo con las nubes del cielo.”

  El sumo sacerdote rasga entonces sus vestiduras.

“Habéis oído la blasfemia.”

  Ahora podemos comprender por qué la expresión “Hijo del Hombre” no debe ser pasada por alto.

¿Quién creía Jesús que era?

  Nuestra investigación comienza a acumular afirmaciones extraordinarias.

  Primero escuchamos:

“Antes que Abraham fuese, YO SOY.”

  Después:

“Yo y el Padre uno somos.”

  Y ahora descubrimos que Jesús se identifica con aquel Hijo del Hombre de Daniel que viene con las nubes del cielo y recibe dominio, gloria y un reino eterno.

  Todavía no estamos pidiendo al lector que crea.

  Estamos haciendo algo anterior a la fe:

estamos escuchando.

  Queremos saber qué afirmó realmente Jesús acerca de sí mismo.

  Y cuanto más avanzamos, más difícil resulta sostener que Jesús se presentó simplemente como un buen maestro que vino a enseñarnos a ser mejores personas.

  Sus palabras son demasiado grandes para eso.

  La pregunta vuelve a aparecer:

¿Quién era este hombre?

  ¿Estaba equivocado acerca de sí mismo?

  ¿Fueron posteriormente exageradas sus afirmaciones?

  ¿O aquel hombre de Nazaret tenía realmente derecho a hablar de esta manera?

  Todavía no respondamos.

  Porque Jesús está a punto de hacer algo todavía más desconcertante:

atribuirse autoridad para hacer aquello que sus propios adversarios afirmaban que solamente Dios podía hacer: perdonar pecados.

Referencias bíblicas

  • Deuteronomio 33:26.
  • Salmo 104:3.
  • Salmo 110:1.
  • Daniel 7:9-14.
  • Isaías 19:1.
  • Marcos 2:1-12.
  • Marcos 2:23-28.
  • Marcos 8:31.
  • Marcos 10:45.
  • Marcos 13:26.
  • Marcos 14:61-64.
  • Mateo 25:31-46.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.