07. Los bosques — las grandes comunidades vivientes de la Tierra

Por el Dr. Elio M Rivera

  Un bosque es mucho más que una gran cantidad de árboles. Bajo sus copas existe una enorme comunidad formada por plantas, animales, hongos y microorganismos. Desde las raíces enterradas hasta las hojas más altas, innumerables organismos intercambian agua, nutrientes, gases y materia orgánica.

  Los bosques participan en el ciclo del agua, almacenan grandes cantidades de carbono, protegen el suelo, proporcionan alimento y refugio y modifican las condiciones ambientales de regiones enteras. Algunos son cálidos y húmedos; otros soportan inviernos extremadamente fríos. Existen bosques tropicales, templados y boreales, cada uno con características diferentes.

  Un bosque no es simplemente un conjunto de árboles: es una comunidad donde la vida existe mediante innumerables relaciones.

El bosque, un edificio viviente de varios pisos

  Si observamos un bosque desde abajo, descubrimos que está organizado verticalmente.

  En la parte superior se encuentran las copas de los árboles. Debajo aparecen árboles más pequeños, arbustos, plantas herbáceas, musgos y finalmente el suelo.

  Cada nivel recibe diferentes cantidades de luz, humedad y viento.

  Esto crea numerosos ambientes dentro de un mismo bosque.

El dosel — un techo construido con hojas

  Las copas de los árboles pueden formar una cubierta conocida como dosel.

  Allí se concentra una enorme cantidad de hojas que captan luz solar.

  En algunos bosques tropicales, el dosel constituye prácticamente un mundo propio.

  Aves, insectos, mamíferos, reptiles y plantas pueden pasar gran parte de su vida a decenas de metros sobre el suelo.

La luz es uno de los recursos más importantes

  Las plantas necesitan luz para realizar fotosíntesis.

  Por eso existe una verdadera competencia por alcanzarla.

  Los árboles elevan sus copas.

  Las plantas trepadoras utilizan troncos como soporte.

  Otras especies están preparadas para vivir bajo niveles relativamente bajos de iluminación.

  La arquitectura del bosque está profundamente relacionada con la búsqueda de luz.

Las hojas convierten luz en energía química

  Mediante la fotosíntesis, las plantas utilizan energía luminosa para producir compuestos orgánicos a partir de dióxido de carbono y agua.

  Durante el proceso liberan oxígeno.

  Esa materia orgánica termina alimentando directa o indirectamente a gran parte de los demás organismos del bosque.

  La energía que sostiene una enorme comunidad comenzó llegando desde el Sol.

Los árboles almacenan carbono

  Cuando un árbol crece, parte del carbono procedente del dióxido de carbono atmosférico termina incorporado a troncos, ramas, raíces y hojas.

  Los suelos forestales también pueden almacenar cantidades importantes de carbono.

  Por eso los bosques forman parte fundamental del ciclo global del carbono.

  Cuando grandes extensiones son destruidas o quemadas, parte de ese carbono puede regresar a la atmósfera.

Los bosques participan en el ciclo del agua

  Las raíces absorben agua del suelo.

  Una parte llega hasta las hojas y finalmente regresa a la atmósfera mediante transpiración.

  En grandes regiones forestales, enormes cantidades de vapor de agua pueden ser liberadas diariamente.

  Ese vapor participa en la formación de nubes y precipitaciones.

  El bosque recibe lluvia, pero también puede influir sobre el movimiento del agua en la atmósfera.

Un árbol puede mover una enorme cantidad de agua

  El agua absorbida por las raíces debe viajar contra la gravedad hasta alcanzar hojas situadas muchos metros arriba.

  Este transporte ocurre principalmente a través del xilema.

  La evaporación de agua desde las hojas ayuda a mantener una columna continua de agua dentro de los vasos.

  Un árbol no posee corazón.

  Sin embargo, puede transportar agua desde el suelo hasta alturas extraordinarias.

En los bosques, Las raíces de los arboles hacen mucho más que sujetarlos

  Las raíces proporcionan estabilidad, pero también absorben agua y minerales.

  Además interactúan intensamente con organismos del suelo.

  Alrededor de ellas existe una región conocida como rizosfera, donde raíces, bacterias, hongos y sustancias químicas forman una comunidad microscópica extraordinariamente activa.

  Gran parte de la vida del bosque permanece escondida bajo nuestros pies.

Hongos y árboles pueden colaborar

  Muchos árboles establecen asociaciones con hongos llamadas micorrizas.

  Los filamentos del hongo pueden extenderse por el suelo y ayudar a la planta a obtener agua y determinados nutrientes.

  A cambio, el hongo recibe compuestos orgánicos producidos por la planta.

  Dos organismos completamente diferentes pueden beneficiarse mediante una relación estrecha.

¿Los árboles se comunican?

  Esta expresión debe utilizarse con cuidado.

  Los árboles no conversan ni piensan como seres humanos.

  Sin embargo, las plantas pueden producir y responder a señales químicas.

  También pueden existir transferencias de determinadas sustancias mediante asociaciones subterráneas con hongos.

  Los científicos continúan estudiando hasta qué punto estas redes influyen en las relaciones entre plantas.

  Existe comunicación química, pero no debemos convertirla en una conversación humana imaginaria.

El suelo del bosque está lleno de vida

  Una hoja cae.

  Parece que su historia terminó.

  En realidad comienza otra.

  Hongos, bacterias, insectos y otros organismos comienzan a descomponerla.

  Las moléculas que formaban parte de esa hoja regresan progresivamente al suelo y pueden volver a ser utilizadas.

  En el bosque, la muerte de una estructura puede convertirse en materia prima para nueva vida.

Los descomponedores mantienen funcionando el sistema

  Sin organismos descomponedores, troncos, hojas y restos de animales se acumularían continuamente.

  Los hongos y microorganismos degradan gran parte de esta materia.

  Nutrientes como nitrógeno y fósforo vuelven a quedar disponibles.

  La fertilidad del bosque depende en gran medida de organismos que casi nunca vemos.

Un tronco muerto continúa lleno de vida

  Cuando un árbol cae, no deja inmediatamente de ser importante para el bosque.

  Puede proporcionar refugio a insectos, hongos, pequeños mamíferos y otros organismos.

  Retiene humedad.

  Gradualmente se descompone.

  Finalmente muchos de sus componentes regresan al suelo.

  Un árbol caído puede continuar participando en el ecosistema durante años.

Los animales transportan semillas

  Los árboles necesitan que una nueva generación encuentre lugares donde crecer.

  Algunas semillas son transportadas por el viento.

  Otras utilizan animales.

  Un ave puede comer un fruto y depositar posteriormente la semilla lejos del árbol original.

  Mamíferos pueden enterrar semillas y olvidar algunas.

  El comportamiento de un animal puede terminar plantando un árbol.

Algunas semillas poseen alas

  Arces y otros árboles producen semillas con estructuras que les permiten girar mientras caen.

  El aire puede transportarlas lejos del árbol.

  Otras semillas poseen pelos o estructuras ligeras.

  Cada mecanismo responde al mismo problema:

  ¿cómo llevar la siguiente generación hacia un nuevo lugar?

Los insectos también son fundamentales

  Abejas, mariposas, escarabajos, hormigas y miles de otros insectos participan en los bosques.

  Algunos polinizan flores.

  Otros descomponen madera.

  Algunos comen hojas.

  Otros controlan poblaciones de insectos.

  Y muchos sirven de alimento a aves, anfibios y mamíferos.

  Una criatura diminuta puede ocupar un lugar importante dentro de una enorme red.

Depredadores y presas forman parte del equilibrio

  Búhos, serpientes, zorros, felinos y muchos otros depredadores controlan poblaciones de animales.

  Los herbívoros, a su vez, influyen sobre la vegetación.

  Los organismos no existen como piezas aisladas.

  Cambiar demasiado la población de una especie puede producir consecuencias sobre muchas otras.

Los bosques tropicales — abundancia de vida

  Los bosques tropicales húmedos reciben abundante precipitación y mantienen temperaturas relativamente cálidas.

  Poseen una biodiversidad extraordinaria.

  En una superficie relativamente pequeña pueden encontrarse numerosas especies de árboles, insectos, aves, anfibios y otros organismos.

  Gran parte de esta diversidad todavía continúa siendo estudiada.

Los bosques templados — vivir con estaciones

  En regiones templadas, muchos árboles experimentan grandes cambios durante el año.

  En los bosques caducifolios, las hojas aparecen durante las estaciones favorables y posteriormente caen.

  La pérdida de hojas ayuda a enfrentar períodos fríos o condiciones en las que mantenerlas resultaría costoso.

  El aspecto completo del bosque puede transformarse varias veces durante un año.

Los bosques boreales — sobrevivir al frío

  Más cerca de las regiones polares encontramos enormes extensiones de bosques boreales o taiga.

  Allí predominan muchas coníferas.

  Los inviernos pueden ser largos y extremadamente fríos.

  Sus hojas en forma de aguja, la estructura de los árboles y otras características les permiten funcionar bajo condiciones muy diferentes de las de un bosque tropical.

Los árboles gigantes

  Algunos de los organismos más grandes de la Tierra son árboles.

  Las secuoyas gigantes pueden alcanzar dimensiones extraordinarias.

  Las secuoyas costeras pueden superar los cien metros de altura.

  Pensar que una estructura viviente de semejante tamaño comenzó como una pequeña semilla resulta impresionante.

¿Cómo puede subir el agua más de cien metros?

  En los árboles más altos, el transporte de agua representa un desafío físico extraordinario.

  La cohesión entre moléculas de agua, la adhesión a las paredes del xilema y la transpiración desde las hojas participan en el proceso.

  El agua puede mantenerse formando columnas sometidas a tensión.

  No existe una bomba en la base del árbol.

  La propia física del agua forma parte del sistema.

Los bosques protegen el suelo

  Las raíces ayudan a estabilizarlo.

  Las hojas reducen el impacto directo de la lluvia.

  La materia orgánica aumenta su capacidad para retener agua.

  Cuando un bosque desaparece, determinadas regiones pueden experimentar mayor erosión.

  Conservar árboles también significa conservar suelo.

También influyen en los ríos

  El agua que cae sobre un bosque puede infiltrarse en el suelo, ser absorbida por raíces o desplazarse lentamente hacia arroyos y ríos.

  La vegetación modifica la velocidad con que el agua llega a los cauces.

  Por eso la condición de una cuenca forestal puede afectar la cantidad y calidad del agua río abajo.

  Bosques y ríos están profundamente conectados.

El fuego no siempre significa destrucción definitiva

  Aunque los incendios intensos pueden causar enormes daños, algunos ecosistemas forestales experimentan fuego de manera natural.

  Ciertas plantas poseen características que les permiten sobrevivir o reproducirse después de incendios de determinada intensidad.

  En algunos bosques, el fuego participa en ciclos ecológicos.

  Pero incendios excesivamente frecuentes o severos pueden alterar profundamente el ecosistema.

Los bosques también necesitan perturbaciones

  Una tormenta puede derribar un árbol y abrir un espacio en el dosel.

  De repente llega más luz al suelo.

  Pequeñas plantas comienzan a crecer rápidamente.

  Árboles jóvenes encuentran una oportunidad.

  Lo que parecía únicamente destrucción puede abrir un nuevo espacio para crecimiento.

Un bosque cambia constantemente

  No existe un momento en que todo quede completamente terminado.

  Árboles germinan.

  Otros crecen.

  Algunos mueren.

  Troncos caen.

  Hongos los descomponen.

  Animales transportan semillas.

  Nuevas plantas ocupan espacios.

  El bosque que vemos hoy no será exactamente el mismo dentro de cien años.

La Biblia habla frecuentemente de árboles y bosques

  El salmista escribió:

“Alégrense los cielos, y gócese la tierra… Regocíjense todos los árboles del bosque.”
(Salmo 96:11-12)

  Los árboles aparecen repetidamente en las Escrituras como imágenes de vida, estabilidad, crecimiento y abundancia.

  No resulta difícil comprender por qué.

  Un árbol puede permanecer durante generaciones, producir alimento, proporcionar sombra y sostener comunidades enteras de organismos.

El primer relato bíblico presenta una tierra llena de vegetación

  Génesis declara:

“Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto.”
(Génesis 1:12)

  Desde sus primeras páginas, la Biblia presenta las plantas como parte fundamental de una tierra preparada para sostener vida.

  Los bosques constituyen una de las expresiones más extraordinarias de esa abundancia vegetal.

Los árboles también aparecen como símbolo de estabilidad

  El primer Salmo compara al hombre que encuentra su deleite en Dios con:

“Árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo.”
(Salmo 1:3)

  La imagen funciona porque conocemos lo que representa un árbol bien establecido.

  Raíces profundas.

  Agua disponible.

  Crecimiento.

  Fruto.

  Permanencia.

Una comunidad donde nada funciona completamente solo

  Un árbol necesita luz.

  Necesita agua.

  Necesita minerales.

  Sus raíces pueden asociarse con hongos.

  Sus flores pueden depender de animales.

  Sus semillas pueden ser transportadas por aves.

  Sus hojas caídas alimentan microorganismos.

  Los nutrientes regresan al suelo.

  Y una nueva generación comienza.

  El bosque funciona mediante relaciones.

Las grandes comunidades vivientes de la Tierra

  La Biblia no pretende explicar fotosíntesis, micorrizas, ciclos biogeoquímicos o ecología forestal mediante lenguaje científico. Estas preguntas corresponden a la botánica, fisiología vegetal y ecología.

  Sin embargo, estudiar un bosque revela una extraordinaria red de procesos relacionados.

  Las raíces obtienen agua. Los troncos la transportan. Las hojas capturan luz. Los animales dispersan semillas. Los hongos colaboran con raíces y descomponen materia. Los microorganismos reciclan nutrientes. La vegetación protege el suelo y enormes cantidades de agua regresan a la atmósfera mediante transpiración.

  Desde la perspectiva bíblica, comprender estas relaciones aumenta nuestra admiración. Los bosques nos recuerdan que la sabiduría del Creador puede contemplarse no solamente en cada árbol, sino también en la manera en que miles de organismos diferentes comparten un mismo espacio y forman una gigantesca comunidad viviente.

Referencias

Escrituras consultadas

  • Génesis 1:11-12.
  • Salmo 1:1-3.
  • Salmo 96:11-12.
  • Salmo 104:16-17.
  • Salmo 148:7-9.
  • Isaías 55:12-13.

Bibliografía científica

  • Chapin, F. S., Matson, P. A. & Vitousek, P. M. Principles of Terrestrial Ecosystem Ecology. Springer.
  • Raven, P. H., Evert, R. F. & Eichhorn, S. E. Biology of Plants. W. H. Freeman.
  • Smith, T. M. & Smith, R. L. Elements of Ecology. Pearson.
  • Bonan, G. B. Ecological Climatology. Cambridge University Press.

Temas científicos consultados

  • Fotosíntesis.
  • Ciclo del carbono.
  • Ciclo del agua.
  • Transpiración.
  • Transporte por xilema.
  • Micorrizas.
  • Descomposición y reciclaje de nutrientes.
  • Dispersión de semillas.
  • Bosques tropicales, templados y boreales.
  • Ecología forestal.

Organizaciones científicas

  • Food and Agriculture Organization of the United Nations — bosques y recursos forestales.
  • United States Forest Service — ecología y conservación forestal.
  • Smithsonian Tropical Research Institute — investigación de bosques tropicales.
  • NASA Earth Science — bosques, ciclo del carbono y observación de la Tierra.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.