2. Dios anuncia el juicio contra Tiro

Por el Dr. Elio M Rivera

En la época del profeta Ezequiel, nadie habría imaginado la caída de Tiro.

Su riqueza era inmensa. Sus barcos dominaban el Mediterráneo. Sus murallas parecían inexpugnables y su ubicación insular la convertía en una de las fortalezas más seguras del mundo antiguo. Desde una perspectiva humana, Tiro representaba estabilidad, poder y prosperidad.

Sin embargo, precisamente cuando la ciudad se encontraba en el apogeo de su grandeza, Dios pronunció un juicio que debió parecer imposible.

El profeta Ezequiel pronunciando el juicio de Dios contra la ciudad de Tiro

La profecía quedó registrada en Ezequiel 26, alrededor del año 587 o 586 a.C., poco después de la caída de Jerusalén.

El motivo del juicio no fue únicamente la riqueza de Tiro.

Ezequiel explica que la ciudad se alegró cuando Jerusalén fue destruida, creyendo que la desaparición de su rival comercial aumentaría todavía más su prosperidad.

El Señor declaró:

“Por cuanto dijo Tiro sobre Jerusalén: ¡Ea, bien! quebrantada está la que era puerta de las naciones; a mí se volvió; yo seré llena, y ella desierta.”
(Ezequiel 26:2).

La alegría de Tiro ante la desgracia de Jerusalén reflejaba una actitud de orgullo y ambición que Dios condenó.

Entonces comenzó una de las profecías más detalladas de todo el Antiguo Testamento.

El Señor anunció:

“He aquí yo estoy contra ti, oh Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas.”
(Ezequiel 26:3).

Esta primera declaración merece especial atención.

La profecía no habla de un solo conquistador.

Habla de muchas naciones, comparándolas con las olas del mar que llegan una tras otra contra la costa.

Ese detalle será fundamental para comprender el cumplimiento histórico de la profecía.

A continuación, Dios identifica al primer instrumento de ese juicio.

Declara que Nabucodonosor, rey de Babilonia, vendrá contra Tiro con un poderoso ejército, caballos, carros y numerosas tropas.

La ciudad sufriría un largo asedio.

Sus murallas serían atacadas y sus torres derribadas.

Sin embargo, la profecía continúa con afirmaciones todavía más sorprendentes.

Dios anuncia que las piedras, la madera y aun el polvo de la ciudad serían arrojados al mar.

“Pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas.”
(Ezequiel 26:12).

Pocas descripciones proféticas son tan específicas.

No basta con decir que la ciudad sería conquistada.

Se describe incluso el destino de sus materiales de construcción.

Después añade otra imagen igualmente llamativa.

“Y te pondré como una peña lisa; tendedero de redes serás.”
(Ezequiel 26:14).

La ciudad orgullosa, llena de comerciantes y palacios, terminaría convertida en un lugar donde los pescadores extenderían sus redes para secarlas al sol.

Finalmente, el Señor declara:

“Nunca más serás edificada.”

Esta afirmación requiere una explicación cuidadosa.

El texto no significa que jamás volvería a existir población alguna en la zona de Tiro. De hecho, la ciudad ha continuado habitada hasta nuestros días. Lo que la profecía anuncia es el fin de la gran Tiro, la poderosa ciudad-estado fenicia que dominaba el comercio del Mediterráneo y cuya gloria nunca volvería a ser restaurada.

Esta precisión es importante porque evita interpretar el pasaje más allá de lo que el propio texto afirma y armoniza mejor con el desarrollo histórico.

Al leer toda la profecía en conjunto, se observa una secuencia sorprendentemente específica.

Primero, Dios anuncia que muchas naciones vendrán contra Tiro.

Después identifica a Nabucodonosor como el primer conquistador.

Más adelante describe acciones que van mucho más allá de un simple asedio: las piedras de la ciudad serán lanzadas al mar, la antigua Tiro quedará reducida a una roca desnuda y perderá para siempre la posición privilegiada que había ocupado entre las naciones.

En tiempos de Ezequiel, semejante anuncio debía parecer imposible.

¿Cómo podía una ciudad insular, protegida por enormes murallas y por una de las flotas más poderosas del Mediterráneo, terminar de esa manera?

La respuesta comenzó a escribirse pocos años después, cuando el ejército de Babilonia apareció frente a sus murallas.

Pero, como veremos en el siguiente apartado, Nabucodonosor solo iniciaría un proceso que otros conquistadores continuarían siglos más tarde, exactamente como lo había anticipado la profecía.

Referencias

Fuentes bíblicas

  • Ezequiel 26:1–21.
  • Ezequiel 27:1–36.
  • Isaías 23:1–18.

Fuentes históricas

  • Josefo, Contra Apión, Libro I.
  • Josefo, Antigüedades de los judíos, Libro X.
  • Heródoto, Historias, Libro II.

Bibliografía moderna

  • Daniel I. Block, The Book of Ezekiel, Chapters 25–48.
  • Iain M. Duguid, Ezekiel (NIV Application Commentary).
  • John B. Taylor, Ezekiel.

K. A. Kitchen, On the Reliability of the Old Testament

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.