Por el Dr. Elio M Rivera
Uno de los aspectos más interesantes de la caída de Babilonia es que no depende únicamente del relato bíblico. Diversos documentos antiguos y varios historiadores registraron estos acontecimientos desde perspectivas diferentes. Algunos fueron escritos por los propios babilonios; otros proceden de historiadores griegos o judíos que conservaron información muy valiosa.
Cuando se comparan estas fuentes con las profecías de Isaías, Jeremías y Daniel, el resultado es sorprendente.

Pocas piezas arqueológicas son tan importantes para comprender el fin del Imperio Babilónico como el Cilindro de Ciro.
Descubierto en 1879 durante las excavaciones de Babilonia y conservado actualmente en el Museo Británico, este cilindro de arcilla contiene una inscripción oficial del rey persa Ciro después de la conquista de la ciudad.
En él, Ciro afirma que entró en Babilonia pacíficamente y que fue recibido con alegría por sus habitantes. También declara que permitió el regreso de diversos pueblos deportados por los babilonios y ordenó restaurar sus templos.
Uno de sus pasajes dice:
“Entré en Babilonia en paz… Todo el pueblo de Babilonia me recibió con alegría.”
Naturalmente, este documento es propaganda real. Como ocurría con la mayoría de las inscripciones antiguas, presenta los acontecimientos desde el punto de vista del vencedor. Sin embargo, confirma varios hechos fundamentales: Ciro conquistó Babilonia, tomó posesión del imperio y adoptó una política favorable hacia los pueblos cautivos, lo que armoniza con el decreto que permitió el regreso de los judíos a Jerusalén (Esdras 1:1–4).

Tabletillas con escritura cuneiforme
La Crónica de Nabónido
Si el Cilindro de Ciro presenta la versión persa, la Crónica de Nabónido ofrece el testimonio babilónico.
Esta tablilla cuneiforme, también conservada en el Museo Británico, forma parte de las llamadas Crónicas Babilónicas, redactadas por escribas oficiales casi contemporáneos a los hechos.
Su importancia es enorme porque registra la conquista de Babilonia desde el lado de los vencidos.
Entre otras cosas informa que:
- el ejército de Ciro derrotó a las fuerzas babilónicas;
- la ciudad fue tomada en el mes de Tishri (octubre de 539 a.C.);
- la entrada de Ciro ocurrió poco después;
- prácticamente no hubo una gran batalla dentro de Babilonia.
Uno de sus pasajes más conocidos dice:
“En el mes de Tashritu… Ciro entró en Babilonia. Hubo paz en la ciudad.”
Es un texto breve, pero extraordinariamente importante porque confirma la fecha histórica de la caída de Babilonia.
El historiador griego Heródoto, conocido como “el padre de la historia”, escribió aproximadamente un siglo después de los acontecimientos.
En el Libro I de sus Historias ofrece una detallada descripción de Babilonia.
Habla de:
- sus enormes murallas;
- el río Éufrates atravesando la ciudad;
- sus puertas;
- su impresionante tamaño.
También narra la estrategia utilizada por Ciro.
Según Heródoto, los persas desviaron parte del río Éufrates hacia un canal previamente preparado. Cuando el nivel del agua descendió, los soldados avanzaron por el lecho del río e ingresaron a la ciudad.
Aunque algunos detalles de Heródoto son discutidos por los historiadores modernos, su relato coincide sorprendentemente con las profecías de Isaías y Jeremías acerca del secamiento de las aguas y la entrada del conquistador.
Jenofonte
Otro historiador griego que aporta información valiosa es Jenofonte, autor de la Ciropedia.
Su obra tiene un carácter más biográfico y literario que estrictamente histórico, pero conserva tradiciones antiguas sobre la vida de Ciro.
Jenofonte también describe cómo el ejército persa aprovechó el descenso del nivel del río para penetrar en la ciudad durante la noche.
Añade un detalle interesante.
Mientras gran parte de la población celebraba una festividad, los soldados persas avanzaban silenciosamente por el cauce del Éufrates.
Aunque algunos aspectos de su relato difieren del de Heródoto, ambos coinciden en el elemento esencial: el río desempeñó un papel decisivo en la conquista.
Beroso
Un testimonio especialmente valioso proviene de Beroso, sacerdote babilonio que vivió durante el período helenístico, aproximadamente en el siglo III a.C.
Escribió una obra titulada Babyloniaca, hoy perdida, pero ampliamente citada por autores posteriores como Josefo, Eusebio y Sincelo.
Beroso conservó tradiciones babilónicas acerca de:
- Nabopolasar;
- Nabucodonosor;
- Nabónido;
- la caída del imperio.
Aunque solo conocemos fragmentos de su obra, constituyen una fuente importante porque proceden de un autor profundamente familiarizado con la historia y la cultura de Babilonia.
Finalmente encontramos el testimonio del historiador judío Flavio Josefo, quien escribió en el siglo I d.C.
En sus obras Antigüedades de los judíos y Contra Apión, Josefo cita a Beroso y otros autores antiguos para demostrar que los acontecimientos narrados en la Biblia eran conocidos también fuera del pueblo judío.
Al hablar de Nabucodonosor y de la caída de Babilonia, Josefo utiliza documentos y tradiciones históricas que hoy constituyen una valiosa fuente de información para los investigadores.
Especialmente interesante es que Josefo preservó varios fragmentos de Beroso que, de otro modo, se habrían perdido para siempre.
Una convergencia extraordinaria
Cada una de estas fuentes posee sus propias características.
La Biblia interpreta los acontecimientos desde la perspectiva de la acción de Dios en la historia.
El Cilindro de Ciro presenta la versión oficial del vencedor.
La Crónica de Nabónido registra los hechos desde la administración babilónica.
Heródoto y Jenofonte narran la conquista desde la tradición griega.
Beroso conserva la memoria histórica de los propios babilonios.
Josefo reúne y preserva gran parte de ese conocimiento para las generaciones posteriores.
Ninguna de estas fuentes fue escrita para demostrar el cumplimiento de las profecías de Isaías, Jeremías o Daniel. Sin embargo, cuando se comparan cuidadosamente, todas contribuyen a reconstruir el mismo acontecimiento histórico: la caída de Babilonia en el año 539 a.C.
Es precisamente esa convergencia entre la evidencia bíblica, los documentos contemporáneos, la arqueología y los historiadores antiguos lo que convierte la caída de Babilonia en uno de los casos mejor documentados de cumplimiento profético de toda la Biblia.
La arqueología
- Robert Koldewey.
- La Puerta de Ishtar.
- La Vía Procesional.
- Los cimientos del palacio.
- El zigurat.
- Los cilindros de Nabucodonosor.
El Museo de Pérgamo
La reconstrucción de la Puerta de Ishtar.
El Museo Británico
El Cilindro de Ciro.
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