Por el Dr. Elio M. Rivera – Cristopedia
Emaús ocupa un lugar muy especial dentro del Nuevo Testamento. Aunque solamente es mencionado de manera detallada en un capítulo del Evangelio de Lucas, fue allí donde ocurrió una de las apariciones más conmovedoras de Jesucristo después de su resurrección. En el camino hacia esta pequeña aldea, dos discípulos caminaron junto al Señor sin reconocerlo, escucharon una de las más extraordinarias enseñanzas bíblicas acerca del Mesías y finalmente descubrieron quién era cuando partió el pan delante de ellos. Este episodio ha convertido a Emaús en uno de los lugares más recordados de la Tierra Santa.
El nombre Emaús probablemente deriva del hebreo Hammat o del término semítico Hammath, que significa “fuentes termales” o “manantiales de agua caliente”. Este nombre era relativamente común en la antigüedad, por lo que existieron varias poblaciones llamadas Emaús en diferentes regiones de Palestina. Precisamente por ello, la identificación exacta del Emaús mencionado en el Evangelio continúa siendo uno de los debates arqueológicos más interesantes relacionados con la vida de Jesús.
Lucas sitúa el acontecimiento el mismo día de la resurrección. Mientras dos discípulos abandonaban Jerusalén profundamente desanimados, Jesús se acercó y comenzó a caminar con ellos. El evangelista escribe: “Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén” (Lucas 24:13).
La distancia indicada por Lucas ha sido objeto de numerosos estudios. Sesenta estadios equivalen aproximadamente a once kilómetros. Esta precisión resulta importante porque permite descartar algunos lugares propuestos en épocas posteriores que se encuentran mucho más lejos de Jerusalén. Sin embargo, algunos manuscritos antiguos del Evangelio de Lucas mencionan ciento sesenta estadios, es decir, cerca de treinta kilómetros. Esta diferencia ha dado origen a diversas teorías sobre la ubicación exacta de Emaús.

Representación artística de los caminantes de Emaús y Jesucristo.
Mientras caminaban, los discípulos conversaban acerca de la muerte de Jesús y de los rumores sobre la tumba vacía. Entonces el Señor comenzó a explicarles las Escrituras. Lucas resume aquel extraordinario estudio bíblico con estas palabras: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27). Ningún otro sermón de Jesús ha despertado tanta curiosidad entre los estudiosos de la Biblia como éste, pues debió recorrer todas las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento.
Al llegar a Emaús, los discípulos insistieron para que el viajero permaneciera con ellos, pues el día estaba terminando. Durante la cena ocurrió el momento decisivo. Lucas relata: “Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista” (Lucas 24:30-31). Inmediatamente comprendieron que habían caminado junto al Cristo resucitado.
Conmovidos por la experiencia, regresaron aquella misma noche a Jerusalén para anunciar a los demás discípulos lo sucedido. Mientras relataban el encuentro, Jesús volvió a aparecer entre todos ellos, confirmando definitivamente la realidad de su resurrección (Lucas 24:33-36).
¿Dónde se encontraba exactamente Emaús? Esta pregunta ha ocupado a arqueólogos, historiadores y biblistas durante siglos. Actualmente existen tres principales candidatos.
El primero es Emaús Nicópolis, situado aproximadamente a treinta kilómetros al oeste de Jerusalén. Este lugar fue identificado por Eusebio de Cesarea y por Jerónimo durante el siglo IV. Allí se conservan importantes restos romanos y bizantinos, además de una antigua basílica construida para conmemorar la aparición de Jesús. Durante muchos siglos fue considerado el sitio tradicional de Emaús. Sin embargo, presenta una dificultad importante: la distancia hasta Jerusalén es considerablemente mayor que los sesenta estadios mencionados por Lucas, aunque algunos estudiosos consideran que podría corresponder a la variante de ciento sesenta estadios presente en ciertos manuscritos antiguos.
El segundo candidato es El-Qubeibeh, situado aproximadamente a once kilómetros al noroeste de Jerusalén. Esta ubicación coincide casi exactamente con los sesenta estadios descritos por Lucas. Durante la Edad Media, los franciscanos adoptaron este lugar como el Emaús evangélico y construyeron allí una iglesia sobre restos de edificaciones antiguas. Hoy continúa siendo uno de los sitios de peregrinación más visitados relacionados con este episodio.
Un tercer candidato es Abu Ghosh, ubicado a unos trece kilómetros de Jerusalén. Desde la época de las Cruzadas algunos peregrinos identificaron este lugar con Emaús debido a su proximidad con la ciudad y a la existencia de una antigua iglesia bizantina. Sin embargo, la mayoría de los especialistas considera que la evidencia arqueológica es menos sólida que en los otros dos sitios.
Desde el punto de vista arqueológico, ninguno de estos lugares puede identificarse con absoluta certeza como el Emaús mencionado por Lucas. No se ha encontrado ninguna inscripción del siglo primero que permita resolver definitivamente el problema. Sin embargo, las excavaciones realizadas en los tres sitios han descubierto restos de poblaciones habitadas durante la época de Jesús, lo que demuestra que todas ellas existían en el siglo primero.
Las investigaciones en Emaús Nicópolis han sacado a la luz restos de una ciudad romana, una basílica bizantina, calles pavimentadas, baños, viviendas y numerosas monedas pertenecientes al período del Nuevo Testamento. Por su parte, las excavaciones en El-Qubeibeh han descubierto restos de una pequeña aldea, una iglesia cruzada y estructuras pertenecientes a los períodos romano y bizantino. Aunque estos hallazgos no resuelven el debate, confirman que ambas localidades poseen una larga historia.
Más allá de la discusión arqueológica, el mensaje espiritual de Emaús permanece inalterable. Allí Jesús enseñó que toda la Escritura apunta hacia Él. Los discípulos comprendieron que el sufrimiento, la muerte y la resurrección del Mesías no fueron un accidente, sino el cumplimiento del plan eterno de Dios anunciado por Moisés y los profetas.
La experiencia de aquellos dos discípulos también nos recuerda que muchas veces Cristo camina a nuestro lado aun cuando no somos capaces de reconocer su presencia. Solamente cuando comprendieron las Escrituras y compartieron el pan sus ojos fueron abiertos. Por eso Emaús representa el camino donde la tristeza se transformó en esperanza, la duda en certeza y la derrota aparente en la proclamación gozosa de la resurrección.
Hoy, miles de peregrinos recorren alguno de los antiguos caminos que parten de Jerusalén hacia los distintos lugares identificados como Emaús. Aunque los arqueólogos todavía debaten cuál fue exactamente la aldea mencionada por Lucas, el acontecimiento que allí ocurrió sigue siendo uno de los testimonios más hermosos del Cristo resucitado. En aquel camino no solamente cambió la vida de dos discípulos; comenzó también a fortalecerse la fe que impulsaría el nacimiento y la expansión de la Iglesia cristiana.
Fuentes de información
- La Santa Biblia, especialmente Lucas 24:13-35.
- Eusebio de Cesarea, Onomasticon.
- Jerónimo, comentarios sobre los lugares santos de Palestina.
- Orígenes, referencias geográficas sobre Judea.
- Bellarmino Bagatti, estudios arqueológicos sobre Emaús y la región de Jerusalén.
- Jerome Murphy-O’Connor, The Holy Land: An Oxford Archaeological Guide.
- Bargil Pixner, Paths of the Messiah and Sites of the Early Church from Galilee to Jerusalem.
- Avraham Negev y Shimon Gibson (eds.), Archaeological Encyclopedia of the Holy Land.
- Publicaciones del Studium Biblicum Franciscanum y de la Custodia Franciscana de Tierra Santa sobre Emaús Nicópolis, El-Qubeibeh y Abu Ghosh.
- Estudios modernos sobre la geografía histórica del Nuevo Testamento y las antiguas rutas entre Jerusalén y la llanura de Judea.
