1. María: La madre de Jesucristo

Por el Dr. Elio M. Rivera – Cristopedia

    María es una de las mujeres más conocidas e influyentes de toda la historia. Su nombre aparece en los Evangelios como la joven judía escogida por Dios para ser la madre de Jesucristo. Aunque la Biblia habla relativamente poco acerca de su vida, los datos que proporciona son suficientes para presentarnos a una mujer de profunda fe, humildad y obediencia. Su papel dentro de la historia de la salvación fue extraordinario, pues Dios la eligió para traer al mundo al Mesías prometido, el Salvador anunciado por los profetas durante siglos.

    El nombre María proviene del hebreo Miryam y era uno de los nombres femeninos más comunes entre los judíos del siglo primero. Los Evangelios la presentan como una joven de Nazaret, una pequeña aldea ubicada en la región de Galilea. Nazaret era una población modesta y poco conocida en aquella época, razón por la cual Natanael llegó a preguntar: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46). Sin embargo, fue precisamente en aquel lugar donde Dios escogió a la mujer que desempeñaría uno de los papeles más importantes de la historia bíblica.

    Cuando comienza el relato de los Evangelios, María estaba comprometida en matrimonio con José, descendiente de la casa de David. Durante ese período recibió la visita del ángel Gabriel, quien le anunció una noticia que cambiaría para siempre el curso de la historia. Lucas registra las palabras del mensajero celestial: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lucas 1:28). El ángel le explicó que concebiría un hijo por obra del Espíritu Santo y que aquel niño sería llamado Hijo de Dios (Lucas 1:35).

    La reacción inicial de María fue de asombro. Como cualquier joven de su tiempo, comprendía perfectamente que aquello era imposible desde una perspectiva humana. Sin embargo, después de escuchar la explicación del ángel respondió con una de las declaraciones más hermosas de fe registradas en las Escrituras: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). Estas palabras revelan la esencia de su carácter. María no entendía todos los detalles del plan divino, pero estaba dispuesta a confiar en Dios y obedecer su voluntad.

    Poco después visitó a su parienta Elisabet, quien también había recibido una intervención milagrosa de Dios al concebir a Juan el Bautista en su vejez. Cuando María llegó a su casa, Elisabet exclamó: “Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” (Lucas 1:42). En respuesta, María pronunció un hermoso cántico conocido tradicionalmente como el Magníficat. Allí declaró: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47). Estas palabras son especialmente importantes porque muestran que María reconocía su necesidad de salvación y dependía de Dios como cualquier otro creyente.

    Meses después, María y José viajaron a Belén debido al decreto de empadronamiento emitido por el emperador Augusto. Allí nació Jesús, cumpliéndose la profecía anunciada siglos antes por el profeta Miqueas (Miqueas 5:2). Lucas relata que María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el mesón (Lucas 2:7). Aquella noche se convirtió en uno de los acontecimientos más trascendentales de toda la historia humana.

    Los Evangelios muestran que María estuvo presente durante los acontecimientos más importantes de la infancia de Jesús. Participó en su presentación en el Templo, donde el anciano Simeón pronunció una profecía que marcaría profundamente su vida. Después de bendecir al niño, Simeón le dijo: “Y una espada traspasará tu misma alma” (Lucas 2:35). Estas palabras anticipaban el sufrimiento que experimentaría años más tarde al contemplar el rechazo y la crucifixión de su hijo.

    Tras la visita de los magos, María acompañó a José y al niño Jesús en la huida a Egipto para escapar de la persecución del rey Herodes (Mateo 2:13-15). Más tarde regresó a Nazaret, donde Jesús pasó la mayor parte de su infancia y juventud. Durante aquellos años, María desempeñó el papel de madre, educadora y cuidadora del hogar. Lucas resume este período diciendo que Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres (Lucas 2:52).

    La siguiente aparición importante de María ocurre en las bodas de Caná de Galilea. Cuando se terminó el vino durante la celebración, ella acudió a Jesús buscando ayuda. Aunque el Señor le respondió que aún no había llegado su hora, María instruyó a los sirvientes diciendo: “Haced todo lo que os dijere” (Juan 2:5). Estas palabras constituyen una de las enseñanzas más valiosas asociadas con su vida, pues reflejan una confianza absoluta en la autoridad de Cristo. Poco después Jesús realizó allí su primer milagro público al convertir el agua en vino (Juan 2:1-11).

    A medida que avanzó el ministerio público de Jesús, María aparece ocasionalmente en los relatos evangélicos. En una ocasión, mientras Jesús enseñaba a las multitudes, alguien exclamó: “Bienaventurado el vientre que te trajo” (Lucas 11:27). El Señor respondió: “Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28). Lejos de disminuir el valor de María, estas palabras enfatizan que la verdadera bendición proviene de la obediencia a Dios, una cualidad que ella misma había demostrado desde el principio.

    Uno de los momentos más conmovedores de toda la historia bíblica ocurre durante la crucifixión. Mientras muchos discípulos habían huido, María permaneció cerca de la cruz junto con otras mujeres fieles. Juan registra que Jesús, viendo a su madre y al discípulo amado, dijo: “Mujer, he ahí tu hijo”; y luego a Juan: “He ahí tu madre” (Juan 19:26-27). Incluso en medio de su sufrimiento, Jesús se preocupó por el bienestar de su madre.

    Después de la resurrección y ascensión de Cristo, María aparece nuevamente entre los discípulos reunidos en Jerusalén. Hechos 1:14 menciona que perseveraban unánimes en oración “con las mujeres, y con María la madre de Jesús”. Esta es la última referencia directa que el Nuevo Testamento hace sobre ella. Después de este momento desaparece del relato bíblico.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.