Por: el Dr. Elio M. Rivera
Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo y una de las más fascinantes de toda la geografía bíblica. Situada en el valle del Jordán, cerca de la desembocadura del río Jordán en el Mar Muerto, esta ciudad aparece repetidamente en las Escrituras, desde los días de Josué hasta el ministerio de Jesucristo. Su historia abarca miles de años y la convierte en uno de los lugares más importantes para comprender el contexto histórico y geográfico de la Biblia.
La ciudad se encuentra aproximadamente a veinticinco kilómetros al este de Jerusalén y a unos doscientos cincuenta metros por debajo del nivel del mar, lo que la convierte en una de las ciudades más bajas de la Tierra. Gracias a la abundancia de manantiales naturales, especialmente el famoso Manantial de Eliseo, Jericó floreció como un oasis en medio de una región árida y desértica.
La presencia constante de agua permitió el desarrollo de una vegetación abundante. Desde la antigüedad, Jericó fue conocida por sus palmeras datileras, árboles frutales, jardines y balsameras aromáticas. Debido a esta riqueza natural, era frecuentemente llamada “la ciudad de las palmeras” (Deuteronomio 34:3; Jueces 1:16).

Actividad cotidiana en la ciudad de Jericó en los tiempos de Jesucristo
La importancia de Jericó comenzó mucho antes de la llegada de Israel a la Tierra Prometida. Las excavaciones arqueológicas han demostrado que la zona estuvo habitada desde tiempos extremadamente antiguos, convirtiéndola en uno de los asentamientos humanos más antiguos conocidos. Sus restos arqueológicos revelan murallas, torres y estructuras que se remontan a miles de años antes de Cristo.
Sin embargo, para los lectores de la Biblia, Jericó es especialmente conocida por la conquista narrada en el libro de Josué. Después de cruzar el río Jordán, el pueblo de Israel encontró en Jericó la primera gran ciudad fortificada de Canaán. Dios ordenó una estrategia que parecía extraña desde el punto de vista militar: marchar alrededor de la ciudad durante siete días. Finalmente, las murallas cayeron y la ciudad fue tomada (Josué 6:1-20).
Durante siglos, la historia de Jericó quedó asociada a este acontecimiento extraordinario, que marcó el inicio de la conquista de la Tierra Prometida. Las excavaciones arqueológicas realizadas en la región han generado numerosos debates académicos, pero continúan demostrando que Jericó fue una ciudad importante y fortificada durante la antigüedad.
En tiempos de Jesús, Jericó era una ciudad próspera y estratégica. Su ubicación sobre las principales rutas comerciales la convertía en un centro de intercambio económico. Además, debido a su clima cálido durante el invierno, era un lugar atractivo para residencias y palacios. Herodes el Grande construyó allí lujosas propiedades, jardines y centros administrativos.
Jericó también ocupaba una posición clave para los peregrinos que viajaban a Jerusalén. Muchos visitantes procedentes de Galilea y de las regiones al este del Jordán cruzaban por Jericó antes de emprender la difícil subida hacia Jerusalén. Este trayecto era bien conocido por los viajeros de la época.
Precisamente este camino sirve de escenario para una de las parábolas más famosas de Jesús. En la parábola del Buen Samaritano, un hombre descendía de Jerusalén a Jericó cuando fue asaltado por ladrones (Lucas 10:30-37). Quienes escuchaban a Jesús conocían perfectamente aquel camino, famoso por sus curvas, barrancos y zonas peligrosas donde podían ocultarse delincuentes.
Jericó fue también escenario de varios encuentros importantes entre Jesús y diferentes personas. Allí sanó a un mendigo ciego llamado Bartimeo, quien clamaba: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!» (Marcos 10:46-52). A pesar de la multitud, Jesús escuchó su clamor y le devolvió la vista.
Quizás el episodio más conocido relacionado con Jericó es el encuentro entre Jesús y Zaqueo. Este hombre era jefe de los publicanos y muy rico, pero deseaba ver a Jesús. Debido a su baja estatura, se subió a un árbol sicómoro para observar al Maestro cuando pasara por la ciudad. Para sorpresa de todos, Jesús lo llamó por su nombre y decidió hospedarse en su casa (Lucas 19:1-10).
Este encuentro demuestra que Jericó no solo fue una ciudad importante desde el punto de vista histórico y geográfico, sino también un escenario donde la gracia de Dios transformó vidas. Fue allí donde Jesús declaró: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).
La geografía de Jericó ayuda a comprender numerosos relatos bíblicos. Su ubicación en el valle del Jordán, su cercanía al desierto, sus manantiales y su conexión con Jerusalén explican por qué la ciudad aparece con tanta frecuencia tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Hoy en día, quienes visitan Jericó pueden contemplar los restos arqueológicos de antiguas civilizaciones, observar el oasis que continúa alimentando la región y contemplar el cercano Monte de la Tentación, tradicionalmente asociado con la tentación de Jesús en el desierto. Todo ello convierte a Jericó en uno de los lugares más interesantes de la Tierra Santa.
Al estudiar Jericó descubrimos una ciudad que ha sido testigo de algunos de los acontecimientos más significativos de la historia bíblica. Desde la caída de sus murallas en tiempos de Josué hasta la conversión de Zaqueo en tiempos de Jesús, Jericó nos recuerda que Dios ha estado obrando en la historia humana desde tiempos antiguos.
Por esta razón, Jericó ocupa un lugar especial dentro de la geografía bíblica. Es una ciudad donde convergen arqueología, historia y fe, y donde los relatos de las Escrituras cobran vida de una manera extraordinaria.
Disfrute un reel con propósito:
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
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- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
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