3. Betsaida: ¿Realmente existió la ciudad de Pedro, Andrés y Felipe?

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Cuando leemos los Evangelios encontramos una pequeña ciudad que aparece vinculada repetidamente a algunos de los discípulos más cercanos a Jesús. Su nombre era Betsaida. Aunque no es mencionada con la misma frecuencia que Jerusalén o Capernaúm, desempeñó un papel importante en el ministerio de Cristo y en la vida de varios de sus seguidores.

  Según el Evangelio de Juan, Betsaida era la ciudad natal de Pedro, Andrés y Felipe.

  ”Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro” (Juan 1:44).

  Esto significa que tres de los apóstoles más conocidos del Nuevo Testamento crecieron en esta población situada cerca del Mar de Galilea.

  Ruinas de la ciudad de Betsaida.

Los Evangelios también registran que Jesús visitó la ciudad y realizó allí algunos de sus milagros.

  ”Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase” (Marcos 8:22).

  Después de tomar al hombre de la mano y sacarlo fuera de la aldea, Jesús le devolvió la vista.

  Betsaida también aparece relacionada con la alimentación de los cinco mil.

  Según el Evangelio de Lucas, Jesús y sus discípulos se retiraron hacia los alrededores de la ciudad antes de que las multitudes los encontraran.

  ”Mas él se apartó a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida” (Lucas 9:10).

  Sin embargo, uno de los pasajes más solemnes relacionados con esta ciudad aparece en las palabras de juicio pronunciadas por Jesús.

  ”¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido” (Mateo 11:21).

  Aquellas palabras sugieren que Betsaida fue testigo de numerosas obras realizadas por Jesús y, aun así, gran parte de la población permaneció indiferente.

  Pero surge una pregunta natural.

  ¿Existió realmente Betsaida?

 En la fotografía podemos ver las ruinas de lo que un día fue una casa de un habitante de Betsaida.

Durante siglos los peregrinos cristianos conocieron el nombre de la ciudad gracias a los Evangelios, pero su ubicación exacta terminó perdiéndose. A diferencia de Jerusalén o Nazaret, no existía una población moderna que conservara claramente su identidad.

  Con el paso de los siglos, Betsaida desapareció del mapa.

  Los estudiosos sabían que debía encontrarse cerca del extremo norte del Mar de Galilea, pero nadie podía señalar con certeza dónde había estado.

  La búsqueda moderna comenzó durante el siglo diecinueve, cuando exploradores europeos y estadounidenses empezaron a recorrer sistemáticamente Tierra Santa con la Biblia en una mano y los mapas en la otra.

  Uno de los lugares que llamó la atención de los investigadores fue un gran montículo arqueológico conocido como Et-Tell, situado al norte del Mar de Galilea.

  Durante décadas, sin embargo, la identificación permaneció en debate.

  La verdadera investigación científica comenzó en 1987 bajo la dirección del arqueólogo israelí Rami Arav, profesor de la Universidad de Nebraska. Arav inició una serie de excavaciones sistemáticas que continuarían durante muchos años y que terminarían revelando importantes evidencias relacionadas con la antigua ciudad.

  Lo que encontraron fue extraordinario.

  Las excavaciones sacaron a la luz restos de una ciudad habitada durante diversos períodos de la historia bíblica. Aparecieron murallas, viviendas, calles, objetos domésticos y estructuras públicas.

  Entre los descubrimientos más impresionantes se encontraba una antigua puerta de la ciudad perteneciente a la Edad del Hierro, lo que demostraba que el lugar había sido importante mucho antes del tiempo de Jesús.

  Pero para los estudiosos del Nuevo Testamento, la evidencia más importante procedía del período romano.

  Los arqueólogos descubrieron restos de edificaciones, monedas y cerámica correspondientes precisamente a la época en que vivieron Jesús y los apóstoles.

  Además, las fuentes históricas comenzaron a encajar de manera sorprendente.

  El historiador judío Flavius Josephus menciona que el gobernante Herodes Felipe elevó Betsaida al rango de ciudad y la renombró Julias en honor de Julia, hija del emperador Augusto.

  Las evidencias arqueológicas encontradas en Et-Tell mostraban precisamente una población que experimentó crecimiento e influencia durante ese período.

  A medida que avanzaban las excavaciones, muchos investigadores comenzaron a considerar que Et-Tell correspondía efectivamente a la antigua Betsaida.

  Sin embargo, la discusión no terminó allí.

  Algunos arqueólogos señalaron una dificultad aparente. El sitio se encuentra actualmente a cierta distancia de la orilla moderna del Mar de Galilea. ¿Cómo podía una ciudad de pescadores estar tan lejos del agua?

  La respuesta parece encontrarse en los cambios geológicos e hidrológicos ocurridos durante dos mil años. Diversos estudios indican que el curso del río Jordán y las líneas costeras de la región han cambiado significativamente desde el siglo primero.

  Otros investigadores incluso han propuesto sitios alternativos, especialmente un lugar conocido como El-Araj, donde excavaciones recientes también han producido hallazgos interesantes relacionados con el período romano.

  Por esta razón, el debate académico continúa abierto en algunos aspectos.

  Sin embargo, independientemente de cuál ubicación resulte finalmente ser la correcta, las excavaciones han demostrado algo fundamental: la región descrita por los Evangelios contenía poblaciones reales, activas y habitadas precisamente durante el tiempo de Jesús.

  Hoy, cuando los visitantes recorren las ruinas asociadas con Betsaida, pueden contemplar los restos de una ciudad que vio crecer a Pedro, Andrés y Felipe. Pueden caminar por calles donde probablemente transitaron pescadores galileos y reflexionar sobre las palabras pronunciadas por Jesús en aquel lugar hace casi dos mil años.

  Quizá la lección más interesante de Betsaida sea que durante siglos muchos conocieron su nombre únicamente por los Evangelios. Sin embargo, cuando los arqueólogos comenzaron a excavar pacientemente bajo la tierra de Galilea, aparecieron evidencias que devolvieron vida a una ciudad que había permanecido oculta durante generaciones.

  Las piedras volvieron a hablar. Y una vez más, la arqueología mostró que los Evangelios describen un mundo real, poblado por personas reales, en lugares que todavía dejan huellas en la historia.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.