Por el Dr. Elio M Rivera
A lo largo de este recorrido hemos visto distintas maneras de acercarnos al conocimiento de Jesucristo. La Biblia ocupa el lugar principal. La historia nos ayuda a comprender mejor el mundo en el que vivió. Las profecías nos permiten observar cómo su llegada fue anunciada siglos antes de su nacimiento. Sin embargo, existe otra experiencia que considero profundamente valiosa para quienes tienen la oportunidad de vivirla: visitar los lugares donde Jesús caminó, enseñó y desarrolló su ministerio.
Debo aclarar algo desde el principio. No es necesario viajar a Israel para conocer a Cristo. Millones de creyentes alrededor del mundo han llegado a amar profundamente al Señor sin haber visitado jamás Tierra Santa. La fe no depende de un viaje. Tampoco depende de estar físicamente en determinados lugares. Sin embargo, personalmente creo que una de las maneras más impactantes de acercarnos al mundo de Jesús consiste precisamente en visitar los escenarios donde ocurrieron los acontecimientos narrados en los Evangelios.
He tenido el privilegio de viajar a Israel en varias ocasiones. Y puedo decir con toda sinceridad que cada visita ha dejado una huella profunda en mi vida. Cada vez que regreso siento que entiendo un poco mejor ciertos aspectos de los Evangelios que antes solamente conocía de manera intelectual.
Cuando uno contempla el Mar de Galilea, algo cambia. Durante años había leído acerca de las tormentas que enfrentaron los discípulos, de las enseñanzas pronunciadas junto a sus orillas y de los milagros realizados en aquella región. Pero estar allí personalmente es diferente. De pronto el lago deja de ser una fotografía en un libro. Se convierte en un lugar real. Uno puede imaginar las barcas de los pescadores, las multitudes reunidas en sus orillas y a Jesús caminando por aquellos mismos lugares.
Algo semejante ocurre en Cafarnaúm. Caminar entre sus ruinas produce una sensación difícil de describir. Allí enseñó Jesús. Allí realizó milagros. Allí llamó a varios de sus discípulos. Allí pasó buena parte de su ministerio público. Mientras uno recorre aquellas piedras antiguas, los relatos de los Evangelios comienzan a sentirse mucho más cercanos.
Jerusalén produce un impacto diferente. Recorrer sus calles, observar el Monte de los Olivos, contemplar los alrededores del antiguo Templo y caminar por los lugares asociados con los últimos días de la vida de Jesús provoca una profunda reflexión. Muchas veces había leído esos pasajes. Sin embargo, recorrer físicamente aquellas distancias me permitió apreciar mejor lo que significaba moverse continuamente entre esos lugares.
También hay detalles que solamente se comprenden cuando uno experimenta el entorno. El calor intenso de ciertas regiones, el viento del desierto, los cambios bruscos de temperatura, las colinas, los caminos pedregosos y las largas caminatas ayudan a entender mejor el esfuerzo físico que implicaba la vida cotidiana en tiempos de Jesús.
Recuerdo que una de las cosas que más me impresionó fue comenzar a visualizar las distancias que recorría. Muchas veces leemos los Evangelios sin detenernos a pensar cuánto caminaba realmente. Pero cuando uno observa el terreno y las distancias, comienza a valorar de una manera diferente la intensidad de su ministerio. Los viajes dejan de ser simples líneas en un mapa y se convierten en jornadas reales realizadas bajo el sol, el polvo y las condiciones propias de aquella tierra.
En Nazaret experimenté algo que nunca había considerado seriamente. Al contemplar los paisajes, las colinas y los valles de la región, comencé a comprender mejor muchas de las ilustraciones utilizadas por Jesús. Las aves, los sembradores, los campos, las viñas, los olivos y los pastores no eran simplemente recursos didácticos. Eran parte de la vida que observaba todos los días. De alguna manera, aquellos escenarios me ayudaron a acercarme un poco más a la forma en que veía el mundo.
En Judea aprendí algo diferente. Mientras recorría algunos de los lugares relacionados con los acontecimientos finales de su ministerio, me impresionó profundamente la determinación con la que avanzó hacia Jerusalén. Los Evangelios dejan claro que Jesús sabía lo que le esperaba. Sabía que enfrentaría rechazo, sufrimiento y muerte. Sin embargo, continuó avanzando. Ver aquellos lugares me ayudó a apreciar más profundamente la decisión que tomó y el amor que demostró.
Y quizás allí encontré una de las lecciones más importantes de todas. Durante años había estudiado las afirmaciones de Jesús acerca de sí mismo. Había leído que decía venir del Padre, que afirmaba ser el Mesías y que hablaba con autoridad divina. Pero al observar la sencillez de los lugares donde vivió y desarrolló gran parte de su ministerio, comencé a valorar de una manera nueva su humildad.
Pensar que alguien que afirmó ser quien Él decía ser eligió caminar por aquellos caminos, convivir con pescadores, atender a los enfermos, sentarse con personas comunes y vivir lejos de los centros de poder me permitió apreciar aspectos de su carácter que antes no veía con la misma claridad. Aquello despertó en mí un deseo aún mayor de conocerlo.
Por eso creo que visitar Tierra Santa puede convertirse en una experiencia extraordinaria para quienes tienen la oportunidad de hacerlo. No porque esos lugares posean algún poder especial. No porque sustituyan la fe. No porque sean indispensables para la vida cristiana. Sino porque ayudan a conectar nuestro corazón y nuestra imaginación con el mundo real donde Jesús vivió, enseñó, sufrió y transformó la historia.
Sin embargo, por valiosa que sea esta experiencia, todavía existe una manera más profunda de acercarnos a Cristo. Después de todo, no todos pueden viajar a Israel. No todos pueden recorrer Galilea o subir el Monte de los Olivos. Pero Dios no dejó el conocimiento de su Hijo reservado para quienes pueden tomar un avión y cruzar el mundo.
A lo largo de la historia, millones de personas han afirmado haber conocido a Cristo de maneras mucho más personales e íntimas. A través de la oración. A través de encuentros espirituales profundos. A través de respuestas inesperadas. A través de experiencias que transformaron sus vidas para siempre.
Y precisamente de esas huellas espirituales hablaremos en el siguiente serie.
Disfrute un reel con propósito:
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
Descubra el museo la vida y obra de Jesucristo:
