5.El tiempo señalado para el Mesías

Por el: Dr. Elio M Rivera.

Las profecías que debían cumplirse dentro de un momento exacto de la historia

En los capítulos anteriores vimos que el Antiguo Testamento dejó una enorme cantidad de señales acerca del Mesías prometido. Algunas hablaban de Su nacimiento, otras de Su linaje, Su sufrimiento, Su misión y hasta detalles relacionados con Su muerte. Pero existe un aspecto de las profecías mesiánicas que resulta todavía más impresionante: muchas de ellas no solamente describían cómo sería el Mesías… también indicaban el período exacto de la historia en que debía aparecer.

    Eso cambia completamente la discusión.

    Porque aquí ya no estamos hablando solamente de lugares, símbolos o características generales. Estamos hablando de profecías relacionadas con tiempo. Con ventanas históricas específicas. Con condiciones que solamente podían cumplirse dentro de determinados momentos de la historia humana.

    Y eso hace que el tema resulte profundamente fascinante.

    Por ejemplo, las Escrituras enseñaban que el Mesías vendría del linaje del rey David. Dios había prometido: “Levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey” (Jeremías 23:5). El problema es que para demostrar legítimamente descendencia davídica debían existir genealogías oficiales conservadas entre el pueblo judío.

    Y aquí aparece algo importante históricamente.

    Las genealogías judías estaban estrechamente ligadas al sistema del templo y a los registros nacionales de Israel. Sin embargo, en el año 70 d.C., Jerusalén fue destruida por Roma y el templo quedó reducido a ruinas. Con aquella destrucción, enormes cantidades de registros genealógicos desaparecieron. Eso significa que, después de la destrucción del templo, demostrar oficialmente una descendencia davídica se volvió prácticamente imposible.

    En otras palabras: si el Mesías debía venir del linaje de David y probarlo legítimamente, entonces debía aparecer antes de la destrucción del segundo templo.

    Y Jesús apareció precisamente en ese período de la historia.

    Los Evangelios incluso presentan genealogías detalladas relacionadas con Su descendencia. Mateo abre su Evangelio diciendo: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Lucas también registra otra genealogía extensa relacionada con Su linaje (Lucas 3:23-38). Para los primeros judíos, aquello no era un detalle menor. Era parte esencial de la identidad mesiánica.

    Pero probablemente la profecía relacionada con tiempo más impactante de todas aparece en el libro de Daniel.

    En Daniel 9:24-26 encontramos la famosa profecía de las setenta semanas. Allí se anuncia un período profético relacionado con la restauración de Jerusalén y la futura manifestación del Mesías. El texto declara: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas” (Daniel 9:25).

    Durante siglos, estudiosos judíos y cristianos han analizado esta profecía debido a la precisión temporal que contiene. Aunque existen diferentes interpretaciones sobre ciertos detalles, muchos consideran que el período señalado por Daniel apunta precisamente al tiempo histórico en que apareció Jesucristo.

    Lo impactante es que Daniel escribió estas palabras siglos antes del nacimiento de Jesús.

    Pero la profecía va todavía más lejos. Daniel no solamente habla del momento en que aparecería el Mesías. También anuncia que al Mesías se le quitaría la vida. Daniel 9:26 declara: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí”. Para muchísimos estudiosos, este pasaje resulta extraordinario porque conecta la manifestación del Mesías con Su muerte dentro de un marco profético específico. Algunos investigadores incluso consideran que, interpretando correctamente el calendario profético bíblico y el decreto para restaurar Jerusalén, la profecía apunta de manera sorprendente al período exacto en que Jesucristo fue crucificado.

    Eso significa que, según esta interpretación, Daniel no solamente predijo que el Mesías vendría antes de la destrucción del templo. También anticipó que moriría dentro de ese mismo período histórico. Y nuevamente, Jesús de Nazaret encaja precisamente dentro de esa ventana profética.

    Y todavía más impresionante resulta el siguiente detalle: Daniel también menciona que después de la manifestación del Mesías, Jerusalén y el santuario serían destruidos (Daniel 9:26). Nuevamente aparece la misma idea: el Mesías debía venir antes de la destrucción del segundo templo.

    Y eso fue exactamente lo que ocurrió históricamente.

    Existe además otra profecía menos conocida pero profundamente interesante. El profeta Hageo declaró respecto al segundo templo: “Y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa” (Hageo 2:7). Muchos intérpretes entendieron que el Mesías mismo visitaría aquel templo. Pero el segundo templo fue destruido en el año 70 d.C. Eso implicaría nuevamente que el Mesías debía manifestarse antes de esa destrucción.

    Malaquías también escribió: “Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis” (Malaquías 3:1). Otra vez aparece el mismo patrón profético: el Mesías relacionado directamente con un templo que todavía estaba en pie.

    Cuando todas estas piezas comienzan a unirse, la discusión se vuelve extraordinariamente seria. Porque ya no se trata solamente de alguien que naciera en Belén o perteneciera al linaje de David. Las profecías parecían señalar una ventana específica dentro de la historia humana. Una especie de tiempo señalado.

    Y Jesús de Nazaret apareció exactamente dentro de ese período.

    Por supuesto, cada persona es libre de sacar sus propias conclusiones. Algunos consideran que todo esto son coincidencias históricas extraordinarias. Otros creen que las profecías fueron reinterpretadas posteriormente por los seguidores de Jesús. Pero millones de personas a lo largo de la historia han llegado a otra conclusión mucho más profunda: que Dios estaba preparando el escenario durante siglos para señalar claramente la llegada del Mesías prometido.

    Y quizá eso explica por qué, en los días de Jesús, tantos hombres y mujeres vivían esperando intensamente la aparición del Cristo prometido. Sentían que el tiempo señalado se estaba acercando.

    Porque según las Escrituras, la llegada del Mesías no ocurriría en cualquier momento de la historia.

    Existía un tiempo señalado para Él.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.