5. Cómo es que la historia nos acerca a conocer más a Jesucristo

La historia y Jesucristo

Por el Dr. Elio M Rivera

  Durante gran parte de mi vida he escuchado a personas decir que la fe y la historia pertenecen a mundos completamente diferentes. Algunos consideran que la investigación histórica no tiene nada que aportar al conocimiento de Jesucristo. Sin embargo, mientras más he estudiado el contexto en el que vivió el Señor, más convencido estoy de que la historia puede convertirse en una valiosa aliada para comprender mejor los relatos de los Evangelios.

  De hecho, puedo decir algo muy personal. Hubo un momento en mi vida en que mi interés por Jesús creció de manera extraordinaria cuando comprendí que no estaba estudiando simplemente a un personaje religioso, ni a una figura legendaria creada por la imaginación de sus seguidores. Comencé a descubrir que Jesús era un personaje histórico real.

  Recuerdo la impresión que me causó encontrar referencias acerca de Él fuera de la Biblia. Historiadores, cronistas y escritores antiguos mencionaban a Cristo, a sus seguidores o los acontecimientos relacionados con su vida. De pronto entendí que no estaba tratando con un mito, ni con una leyenda que apareció siglos después de los hechos. Estaba investigando a una persona que caminó sobre esta tierra en un momento específico de la historia humana.

  Aquello despertó enormemente mi curiosidad.

  Mientras más aprendía acerca de las evidencias históricas relacionadas con Jesús, más deseaba conocerlo. No porque la historia sustituyera la fe, sino porque me ayudaba a comprender que los Evangelios estaban describiendo acontecimientos que ocurrieron en lugares reales, entre personas reales y dentro de circunstancias históricas reales.

  Por cierto, en Cristopedia hemos dedicado toda una serie al análisis de las fuentes históricas que mencionan a Jesucristo fuera de la Biblia. Allí examinamos con mucho más detalle los testimonios de historiadores, escritores y documentos antiguos relacionados con su existencia. No repetiremos aquí todo ese material, pero sí vale la pena mencionar que para muchas personas estas evidencias constituyen una puerta de entrada sumamente importante hacia el estudio de la persona de Cristo.

  Es importante aclarar algo desde el principio. La investigación histórica no puede producir fe. Ningún descubrimiento arqueológico puede obligar a una persona a creer. La fe involucra elementos que van mucho más allá de los datos, los documentos o las evidencias materiales. Sin embargo, la historia sí puede ayudarnos a comprender mejor el escenario en el que ocurrieron los acontecimientos narrados en el Nuevo Testamento.

  Pensemos por un momento en lo siguiente. Cada vez que leemos acerca de Nazaret, Capernaúm, Jerusalén, el Mar de Galilea, el Templo o la Fortaleza Antonia, estamos leyendo acerca de lugares reales que existieron dentro de un contexto histórico específico. Los Evangelios no presentan a Jesús moviéndose en un mundo imaginario ni en una especie de escenario mitológico. Lo muestran caminando entre ciudades reales, hablando con gobernantes reales y enfrentando circunstancias históricas perfectamente identificables.

  Durante siglos, arqueólogos, historiadores y estudiosos han excavado ciudades antiguas, descubierto inscripciones, estudiado monedas, examinado manuscritos y reconstruido aspectos importantes de la vida cotidiana en Palestina durante el primer siglo. Gracias a estas investigaciones hoy conocemos mucho mejor cómo funcionaba el Templo de Jerusalén, cómo era la organización política bajo el Imperio Romano, cuáles eran las principales corrientes religiosas judías y cómo vivían las personas comunes de aquella época.

  Sabemos quién fue Poncio Pilato. Conocemos la existencia histórica de Herodes el Grande y de varios de sus descendientes. Hemos encontrado restos arqueológicos de ciudades mencionadas en los Evangelios. Conocemos detalles de las prácticas religiosas judías, de los sistemas de impuestos, de las monedas utilizadas en tiempos de Jesús y de muchas otras circunstancias que ayudan a iluminar los relatos bíblicos.

  Y aquí encontramos algo que considero especialmente importante. La historia no solamente confirma detalles del mundo donde vivió Jesús; también nos ayuda a comprender aspectos de su vida que muchas veces pasan desapercibidos cuando leemos los Evangelios sin conocer su contexto.

  Por ejemplo, cuando descubrimos cómo funcionaban las bodas judías del primer siglo, comprendemos mucho mejor algunas de sus parábolas. Cuando entendemos la importancia que tenía el Templo para el pueblo judío, las acciones de Jesús dentro de sus atrios adquieren una profundidad completamente distinta. Cuando estudiamos las tensiones entre judíos y romanos, ciertos enfrentamientos cobran un significado mucho más claro. Cuando conocemos la estructura social de la época, entendemos mejor por qué algunas personas reaccionaban de determinada manera ante sus enseñanzas.

  En cierto sentido, la historia funciona como una lámpara que ilumina el escenario donde ocurrieron los acontecimientos. No cambia las palabras de Jesús, pero nos ayuda a escucharlas con mayor claridad. No altera los Evangelios, pero nos permite apreciar detalles que de otro modo podrían pasar inadvertidos.

  Mientras más comprendemos el mundo en el que Jesús vivió, más cerca nos sentimos de la realidad que experimentaron sus primeros discípulos. Las ciudades dejan de ser simples nombres en un mapa. Los personajes dejan de ser figuras abstractas. Los acontecimientos comienzan a adquirir profundidad, color y contexto.

  Por esa razón considero que la investigación histórica es una de las huellas que Dios ha permitido conservar para acercarnos a Cristo. No reemplaza las Escrituras. No ocupa el lugar de la fe. No sustituye la obra del Espíritu Santo. Pero sí puede ayudarnos a contemplar con mayor claridad al hombre que caminó por los caminos polvorientos de Galilea, enseñó a las multitudes, desafió a los líderes religiosos y cambió el curso de la historia humana.

  Y quizás ese sea uno de los regalos más valiosos que la historia puede ofrecernos: ayudarnos a comprender que Jesús no pertenece solamente al mundo de la fe. También pertenece al mundo de la historia. Vivió entre hombres y mujeres reales. Caminó por ciudades reales. Habló en momentos específicos de la historia. Y precisamente por eso continúa despertando preguntas, interés y fascinación dos mil años después de su paso por esta tierra.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.