Dr. Elio M Rivera
Durante mucho tiempo muchos hemos imaginado el cielo de una manera muy distinta a como lo presenta la Biblia. Para mí, cuando era niño, el cielo era casi una colección de nubes donde había angelitos semidesnudos, con alas, tocando arpas o lanzando flechas. Parecía un lugar hermoso, pero también un lugar donde aparentemente no sucedía gran cosa. Nada podría estar más lejos de la imagen que encontramos en las Escrituras.
La Biblia presenta el cielo como un reino lleno de vida y actividad. Allí hay un Rey y un trono (Apocalipsis 4:2); hay ángeles que sirven a Dios (Hebreos 1:14); hay adoración (Apocalipsis 5:11–14); hay responsabilidades y servicio (Apocalipsis 22:3); hay una ciudad (Hebreos 12:22); hay comunión, celebración y gobierno. Y la promesa final no es una eternidad de inactividad, sino vivir y reinar con Dios (Apocalipsis 22:5). La vida eterna no será dejar de vivir: será descubrir la vida como Dios siempre quiso que fuera.

En la casa de mi Padre muchas moradas hay
Jesús hizo una promesa extraordinaria antes de partir: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay» (Juan 14:2). En esta serie estudiaremos esas palabras y, después, nos permitiremos imaginar. Las imágenes que veremos no pretenden mostrar cómo será realmente el cielo ni cómo será nuestra morada; son simplemente representaciones nacidas de mi imaginación.
Yo creo firmemente que hay una morada preparada para mí. Sé que cualquier cosa que pueda imaginar quedará pequeña ante lo que recibiremos de nuestro Padre, pero me gusta imaginar, soñar y esperar. Por eso hice esta sección: para recorrer, mediante imágenes, cómo imagino mi futura morada y recordar que lo mejor todavía está por venir.
Y mientras lo hacemos, quizá comprenderemos un poco mejor otra verdad: Jesucristo conocía la realidad celestial antes de venir a nosotros. Contemplar lo que esperamos recibir también puede ayudarnos a dimensionar lo que Él estuvo dispuesto a dejar cuando vino a este mundo para rescatarnos y llevarnos finalmente a la casa del Padre.
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Quiero invitarte a acompañarme en un recorrido completamente imaginario por la morada celestial que sueño algún día recibir. La Biblia no nos dice cómo será nuestra casa, así que estas imágenes no pretenden describir una realidad bíblica; simplemente representan cómo me gusta imaginarla. Sé que cualquier cosa que pueda soñar quedará pequeña ante lo que nuestro Padre ha preparado, pero mientras llega ese día, permíteme abrirte las puertas de mi imaginación y mostrarte cómo sueño que será mi morada eterna.
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Así imagino la recepción de mi morada celestial: un lugar hermoso, cálido y lleno de paz, donde algún día podré recibir a quienes formen parte de aquella vida eterna. Es solamente fruto de mi imaginación; estoy seguro de que la realidad será mucho más hermosa. Pero me gusta imaginar un hogar donde siempre habrá tiempo para recibir, conversar, compartir y disfrutar juntos la eternidad.
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Así imagino la sala de mi morada celestial: amplia, hermosa y acogedora, un lugar para sentarme a conversar, recibir amigos y disfrutar de una comunión que nunca tendrá que terminar porque alguien tenga que marcharse. Es solamente mi imaginación; seguramente la realidad será mucho más hermosa. Pero me gusta soñar cómo será vivir eternamente en la casa de nuestro Padre.
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Así imagino los pasillos de mi morada celestial: amplios, elegantes y llenos de luz, comunicando cada rincón de un hogar preparado para disfrutarse eternamente. Es solamente mi imaginación, pero me gusta pensar que incluso caminar por sus pasillos será parte del placer de estar finalmente en la casa de mi Padre.

Así imagino mi habitación en la morada celestial: un espacio de paz, belleza y tranquilidad, un lugar verdaderamente mío dentro de la casa de mi Padre. Sé que es solamente mi imaginación y que la realidad seguramente superará todo lo que pueda soñar, pero me gusta imaginar ese rincón eterno que Jesús prometió preparar para nosotros.
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Así imagino la habitación para mis invitados en mi morada celestial: hermosa, cómoda y preparada para recibir a quienes amo. Es solamente parte de mi imaginación, pero me gusta pensar que en la eternidad habrá espacio para convivir, conversar y disfrutar juntos, sin prisas, sin despedidas y con toda una eternidad por delante.
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Así imagino la biblioteca de mi morada celestial: un lugar lleno de conocimiento, descubrimiento y aprendizaje, donde tendré toda una eternidad para estudiar y comprender tantas cosas que hoy apenas alcanzo a conocer. Es solamente mi imaginación, pero me emociona pensar que la eternidad no será dejar de aprender, sino tener tiempo infinito para seguir descubriendo las maravillas de Dios y de su creación.
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Así imagino la cocina de mi morada celestial: amplia, hermosa y llena de vida, un lugar para preparar alimentos, compartir y disfrutar alrededor de la mesa con quienes amo. Es solamente mi imaginación, pero si Jesús habló de sentarnos a la mesa en su Reino, me gusta imaginar que también habrá momentos maravillosos de comida, conversación y convivencia que podremos disfrutar por toda la eternidad.
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Así imagino el jardín de mi morada celestial: lleno de vida, flores, árboles, agua y rincones donde disfrutar de la belleza de la creación de Dios. Es solamente mi imaginación, pero me gusta soñar con un jardín donde nunca habrá deterioro ni tristeza, y donde podré caminar tranquilamente, disfrutando de la eternidad en la casa de mi Padre.
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Así imagino la terraza de mi morada celestial: un lugar abierto, tranquilo y con una vista extraordinaria, donde podré sentarme simplemente a contemplar la belleza que Dios ha preparado. Es solo mi imaginación, pero me gusta soñar con ese rincón donde no habrá prisa ni preocupación, porque tendremos toda una eternidad para disfrutar de la casa de nuestro Padre.
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