
Así imagino la cocina de mi morada celestial: amplia, hermosa y llena de vida, un lugar para preparar alimentos, compartir y disfrutar alrededor de la mesa con quienes amo. Es solamente mi imaginación, pero si Jesús habló de sentarnos a la mesa en su Reino, me gusta imaginar que también habrá momentos maravillosos de comida, conversación y convivencia que podremos disfrutar por toda la eternidad.
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