Por el Dr. Elio M. Rivera
Al observar una abeja que se posa sobre una flor, la mayoría de las personas contempla una escena común de la naturaleza. Sin embargo, detrás de ese sencillo acontecimiento ocurre uno de los procesos más importantes para la vida sobre la Tierra. Ese proceso recibe el nombre de polinización.
La polinización consiste en el traslado del polen desde las estructuras reproductoras masculinas de una flor hasta sus estructuras femeninas, permitiendo así la fecundación y la producción de frutos y semillas. Aunque pudiera parecer un proceso simple, constituye uno de los pilares sobre los cuales descansa gran parte de la vida vegetal y, por consecuencia, buena parte de la alimentación de los animales y del ser humano.

La polinización una de las maravillas de la creación de Dios.
La Biblia no utiliza el término polinización, pues pertenece al lenguaje de la botánica moderna. Sin embargo, desde el relato de la creación encontramos un principio fundamental: Dios creó las plantas con la capacidad de reproducirse y perpetuar la vida.
“Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, cuya semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.”
(Génesis 1:11)
Observe que Dios no creó únicamente plantas hermosas. Las creó con la capacidad de producir semillas y de reproducirse según su género. Desde el principio, la reproducción de las plantas formó parte del diseño establecido por el Creador.
Hoy sabemos que, en la mayoría de las plantas con flores, este proceso depende de una extraordinaria red de cooperación entre organismos muy diferentes. Abejas, mariposas, escarabajos, moscas, avispas, colibríes, murciélagos e incluso el viento participan en el transporte del polen, permitiendo que innumerables especies vegetales produzcan frutos y semillas.
Las abejas constituyen probablemente el ejemplo más conocido. Mientras buscan néctar para alimentar a su colonia, diminutos granos de polen quedan adheridos a su cuerpo. Al visitar otra flor de la misma especie, parte de ese polen es depositado sobre ella, haciendo posible la fecundación. Sin proponérselo, estos pequeños insectos realizan un trabajo indispensable para el equilibrio de numerosos ecosistemas.
Lo extraordinario es que este proceso beneficia a ambas partes. La abeja obtiene alimento, mientras la planta logra reproducirse. No se trata de una competencia, sino de una cooperación que permite la continuidad de la vida.
Muchos cultivos de los cuales depende la alimentación humana requieren, en mayor o menor grado, la acción de polinizadores. Frutas, hortalizas, semillas y numerosos productos agrícolas existen gracias a este silencioso trabajo que ocurre diariamente en campos, bosques y jardines de todo el mundo.
El rey David contempló la provisión de Dios en la naturaleza y escribió:
“Tú haces producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra.”
(Salmo 104:14)
David no conocía la fisiología vegetal ni la ecología moderna. Sin embargo, comprendía que la abundancia de alimentos procedía de la provisión del Creador. Hoy sabemos que esa provisión depende, entre muchas otras cosas, de procesos tan extraordinarios como la polinización.
Más adelante añade:
“Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo.”
(Salmo 104:27)
Toda la creación depende, en última instancia, de Dios. La cadena alimentaria no funciona de manera independiente del Creador. Él diseñó un mundo donde innumerables procesos trabajan conjuntamente para sostener la vida.
La polinización constituye un magnífico ejemplo de esa coordinación. Las flores producen néctar para atraer a los polinizadores. Los insectos poseen estructuras especializadas que facilitan el transporte del polen. Muchas flores abren precisamente cuando sus polinizadores están activos. Algunas incluso presentan colores, aromas o formas que atraen únicamente a determinadas especies.
La ciencia continúa descubriendo nuevos ejemplos de esta extraordinaria interacción entre plantas y animales. Existen flores polinizadas exclusivamente por ciertas especies de mariposas, murciélagos o aves. En otros casos, una planta depende casi por completo de un único polinizador para reproducirse.
Desde la perspectiva bíblica, esta armonía no constituye un accidente de la naturaleza. Refleja la sabiduría del Dios que creó todas las cosas.
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
Es importante recordar que la ciencia estudia cuidadosamente los mecanismos de la polinización. Describe la estructura de las flores, analiza el comportamiento de los polinizadores e investiga la ecología de los ecosistemas. Todo ello constituye un valioso conocimiento que nos permite comprender mejor el funcionamiento del mundo natural.
La Biblia responde otra pregunta: ¿quién diseñó un sistema donde plantas, insectos, aves y mamíferos cooperan para sostener la vida? Las Escrituras atribuyen ese extraordinario orden a la sabiduría del Creador.
“Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia.”
(Proverbios 3:19)
Cada flor que produce fruto, cada abeja que visita una planta y cada semilla que da origen a una nueva generación de árboles forman parte de un proceso que ha sostenido la vida durante miles de años. La inmensa mayoría de las personas nunca lo observa, pero sin él gran parte de los ecosistemas terrestres colapsaría.
Quizá esa sea una de las enseñanzas más profundas de este extraordinario fenómeno. Dios no solo creó seres vivos individuales; creó relaciones, dependencias y procesos que funcionan de manera coordinada para conservar la vida. La polinización nos recuerda que la creación forma un todo armonioso, donde incluso los organismos más pequeños desempeñan un papel de enorme importancia.
Así, cada vez que contemplamos una abeja sobre una flor, un árbol cargado de frutos o un campo cubierto de vegetación, estamos observando mucho más que un fenómeno biológico. Estamos contemplando una manifestación silenciosa de la sabiduría del Dios que diseñó un mundo donde la vida continúa multiplicándose generación tras generación.
Refrencias:
Escrituras consultadas
- Génesis 1:11-12
- Salmo 104:14, 24, 27
- Proverbios 3:19
Bibliografía científica
- Campbell Biology.
- Raven Biology of Plants.
- Plant Physiology and Development.
- The Biology of Pollination.
Organizaciones científicas
- Food and Agriculture Organization (FAO). Documentos sobre la importancia de los polinizadores para la producción mundial de alimentos.
- United States Department of Agriculture (USDA). Material educativo sobre polinización y agricultura.
- Smithsonian Institution. Recursos sobre ecología, insectos polinizadores y biodiversidad.
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